Opinión

23 de Marzo de 2019 - Nota vista 2964 veces

El último duelo en Concordia

Hubo una época en la que el honor constituía el atributo personal más preciado, a despecho de cualquier bien material. De ahí que cuando esta cualidad moral se veía menoscabada o mancillada, la única manera de reparar las ofensas, o sea de lavar el honor, consistía en retar a duelo.

La historia nos indica que estas cuestiones honoríficas al principio privativas de la nobleza, consistían en peculiares combates, originalmente con espadas y con posterioridad también con pistolas.

Tuvieron su origen en las primitivas justas o torneos medievales. En España fueron reglamentados mediante la LEY REAL SOBRE LOS DUELOS.

Esta norma establecía, junto a otros detalles, que cada contendiente debía designar un padrino que lo representara en las exigencias de retractación (habitualmente inútiles), luego participara en el arreglo de las formalidades del duelo, y posteriormente también oficiara como testigo de que todo se realizaba según las pautas de dicha ley.

Esa cruenta tradición europea fue evolucionando a partir del siglo XV, y como no podía ser de otra manera, en nuestro país se la continuó aplicando intensivamente, aunque ya sin el requisito de que los contendientes pertenecieran a la nobleza, sino simplemente de que se considerasen caballeros.

Y todo siguió así hasta que al promediar el siglo XIX, las nuevas ideas sobre las relaciones humanas comenzaron a traducirse en la censura por parte de algunos sectores de la sociedad y de sus instituciones.

Dicen los que conocen de leyes, que el primer atisbo de ponerles costo aparece en el Código Penal del 1º de febrero de 1887.

No obstante, a despecho del rechazo mayoritario y de las imposiciones legales, algunos duelos se siguieron realizando.

Y curiosamente no en las sombras, sino con amplia difusión a través de la prensa, plenamente consciente del interés que los entretelones de esas anomalías seguían concitando en algunos sectores de la sociedad.

Tal es el caso del duelo que mantuvieran en aquella época Hipólito Yrigoyen y Lisandro de la Torre, así como de otros más.

No obstante ello, el inicio del siglo XX parece haberse constituido en un punto de inflexión que señalaba el comienzo de una declinación del promedio de esos enfrentamientos.

Eso se desprende de la evidente caída del promedio de noticias con casos de esa naturaleza difundidas por la prensa, pese a que la falta de estadísticas no permite corroborarlo con números.

Aunque algunos afirman que ha sido cierta norma sancionada en 1936, la que realmente les puso punto final.

Hoy día es imposible identificar qué fue lo que más influyó. Pero el caso es que esos anacrónicos enfrentamientos devenidos del medioevo, ya habían ingresado a su pendiente final y comenzaban a ser cada vez más esporádicos. Es así que cuando promediaba la primera mitad del siglo, ya habían prácticamente desaparecido de las páginas de la prensa.

LO INSÓLITO

Empero, cuando ya esa cruenta tradición aparentaba haber ingresado al arcón de los recuerdos, en nuestro remoto villorio acaeció un hecho que hoy puede resultarnos increíble.

Es el que extrajéramos de las páginas de EL LITORAL del 24 de diciembre de 1948 y procedemos a consignar textualmente. Dice así:

«El Jefe de la Oficina de Inspección de Higiene de la Municipalidad, Dr. REYNALDO OLIVA, encomendó a los tenientes primeros VICTORIO MAZAROL y HORACIO NOVERASCO, que solicitaran una retractación al director de LA VOZ DEL NORTE, Don EDUARDO MOULIÁ, por publicaciones aparecidas en su diario que consideraba ofensivas, o bien que le exigieran una reparación por las armas.

«Como el señor MOULIÁ se negara a dar ninguna satisfacción, quedó planteada una cuestión caballeresca, designando sus padrinos el director de LA VOZ DEL NORTE a los doctores LUIS MARÍA JAUREGUIBERRY y JUAN MC LOUGHLIN.

«El lance caballeresco tuvo lugar esta mañana, a las cinco, en un terreno de las inmediaciones de CAMBÁ PASO, efectuándose a pistola, con cambio de un tiro a veinte pasos de distancia.

«Los disparos se hicieron sin consecuencias para los duelistas. «Estuvieron presentes, además de los padrinos, los médicos NÉSTOR PIAGGIO y JUAN F. GIORGIO y los coroneles AUDELINO BERGALLO y PABLO HARRAND.

La nota culmina consignando: «Los señores REYNALDO OLIVA y EDUARDO MOULIÁ no se reconciliaron».

En cambio nada dice, respecto a si los involucrados merecieron alguna sanción judicial.

Pedro Garayalde

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