Opinión

24 de Marzo - 23 de Marzo de 2019 - Nota vista 765 veces

Ayer, hoy y siempre

Ayer, un 24 de marzo del año 1976, comenzó lo que se llamó “Proceso de Reorganización Nacional”, cuando en realidad debió llamarse “proceso de persecución, tortura, desaparición y muerte de personas. Una barbarie que legalmente se la llamó “crímenes de lesa humanidad”.

No hace falta agregar más del miedo y el terror que se adueñó de nuestro país, que pretendió matar también la esperanza de un pueblo, en su deseo de ser libre, de vivir con justicia y bienestar para todos los argentinos por igual.

Una palabra, “desaparecidos”, comenzó a ser cada vez más usada para mencionar a los hombres y mujeres en su mayoría jóvenes, que por el solo hecho de pensar en una patria más justa, más humana, donde todos tuviésemos los mismos derechos, eran llevados a lugares, de donde nunca más volvían, sin saber sus familiares, especialmente sus madres, que los buscaban sin descanso y arriesgando incluso sus vidas, llevando sobre sus cabezas, para distinguirse, un pañuelo blanco, que se transformó en símbolo de lucha por la vida, por la libertad. Esto reconocido en todo el mundo.

Fueron las Madres de Plaza de Mayo, las que lo llevaban con dignidad, coraje y Amor, por sus hijos, y por todos los hijos. Aprendieron de ellos a amar a la Patria y a su pueblo. Hace algunos días una de ellas, Maschio, fue a reencontrarse con su hijo desaparecido por años, allá en el cielo y seguramente fueron recibidos los dos por el Señor de la Vida diciéndoles al abrazarlos “Vengan benditos de mi Padre, porque tuve hambre y sed de justicia y ustedes la saciaron”.

Hoy, siguen existiendo los desaparecidos, los que aún no fueron encontrados. Pero también están los que esta economía liberal e inhumana, va creando. Son aquellos que van quedando a un costado del camino, marginados, excluidos del peregrinar de la vida. Eso recuerda aquella cita bíblica donde, “un hombre, tirado al costado del camino ve pasar mucha gente y a Jesús, entre ellos y desesperado le grita “señor ten piedad de mí”. Él no podía llegar por sus propios medios, y los que iban detrás, miraban para otro lado, no les importaba su destino, y seguían caminando sin compasión alguna de aquel hombre”. Los que gobiernan solo para unos pocos, comienzan a convencernos del “sálvese quien pueda”, “si está así por algo será”. Los desaparecidos de hoy son los bebés, los niños desnutridos, los enfermos graves, que no pueden acceder a los medicamentos que necesitan, los que pierden su trabajo y ya no pueden ser los padres que llevaban la comida a su hogar, donde los hijos esperan, alrededor de una mesa vacía. Y la angustia y desesperación los hunde en la impotencia.

Siempre habrá desaparecidos, si no surgen líderes comprometidos con su pueblo, que lo amen, que trabajen por él, y no como muchos de hoy que negocian primero “conservar sus privilegios” y si les conviene, olvidan a los trabajadores, olvidan a los humildes, convirtiendo en un slogan vacío, aquel con el que abren o cierran sus actos públicos “queremos Pan, Paz y Trabajo”.

Con dirigentes sociales, políticos, sindicalistas, con periodistas, que solo piensan en su interés personal, siempre seguirán existiendo “desaparecidos” en nuestra sociedad.

También es importante que como pueblo, nos unamos para defender la igualdad de derechos, la inclusión social, es decir unirnos para defender la Vida. Dios nos ilumine y que nunca debamos recibir aquel reproche bíblico que atraviesa los siglos “¿Dónde está tu hermano? ¿Qué hiciste de él, que su voz llega hasta Mi desde la tierra pidiendo justicia?”

Unámonos, para que nunca más, se repita esta historia, que nos duele y nos compromete.

Pablo Sánchez

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