Opinión

233 años de su nacimiento - 13 de Marzo de 2019 - Nota vista 793 veces

FRANCISCO RAMÍREZ “EL SUPREMO ENTRERRIANO”

En los primeros años de nuestra emancipación de España y al calor de la lucha por la independencia,  comienzan a surgir en el territorio del Río de la Plata,  jefes y caudillos locales, que levantan la bandera del “federalismo”.

Por lo general, se trataba de gente de fortuna. Ganaderos o fuertes terratenientes. Estos eran los jefes de las milicias que, en buena parte, formaban sus peones.

  “El caudillo, -dice la historiadora entrerriana Beatriz Bosch- no emana de la masa, es buscado por ella en una capa social superior, pues unas veces procede del grupo ciudadano director -Artigas- otras de linajudos señores del lugar -Güemes- o bien se trata de un rico hacendado -Bernabé  Aráoz”.

Tal el caso de Córdoba, con los hermanos Reynafé, de origen irlandés -su verdadero apellido era “Queenfaith” y ellos lo castellanizaron.Eran importantes terratenientes de la zona de Tulumba. Similar origen de ganadero y comerciante tuvo el otro caudillo cordobés, Juan Bautista Bustos.

El santafesino Francisco Antonio Candiottti llamado “el príncipe de los gauchos” es también otro gran terrateniente que surge como caudillo en ese período que va del 10 al 20. Es elegido Gobernador de Santa Fe en 1815. Después de él viene Mariano Vera, también gran estanciero, hasta afianzarse en el poder Estanislao López,  a quien llamarían “El Patriarca de la Federación”. Este último era de origen modesto, aunque, con la concentración del poder llegaría también a ser rico estanciero. Al morir tenía una estancia en Colastiné, otra en “El puesto de Resquín”, además de una chacra en Vera y quintas y huertas de su propiedad, rodeando Santa Fe.

 

SEMBLANZA DEL CAUDILLO 

El “Supremo Entrerriano” Francisco Ramírez a su vez, tampoco tenía origen popular. Nacido en Arroyo de la China, cerca de Concepción del Uruguay el 13 de marzo de 1786, según Martiniano Leguizamón, reconocía noble prosapia. Por parte de su padre, un comerciante paraguayo, descendía del marqués de Salinas Juan Ramírez de Velasco . Y, por su madre -Tadea Jordán- del Virrey Vértiz. Su familia había recibido en “merced real” setenta leguas en Entre Ríos: es decir, aproximadamente trescientos cincuenta kilómetros cuadrados. 

O, más o menos 30.000 hectáreas.

En relación a “Pancho” Ramírez, el folklore y la leyenda han construido una imagen que poco o nada tiene que ver con la realidad histórica. 

Por empezar, a Francisco Ramírez, nunca se lo conoció por “Pancho”. En ningún documento, ni oficial ni privado se lo llama así. 

No se sabe cómo era físicamente. No hay ningún retrato directo de él. El que conocemos se pintó muchos años después de muerto, tomando rasgos del rostro de una hermana. Leopoldo Lugones en sus “Romances del Río Seco” habla de sus ojos “del color de la bandera”. Es decir, celestes. En el poema “La Cabeza de Ramírez” de “sus ojos glaucos”. 

De allí se deduce que Ramírez sería rubio, de tez blanca y ojos celestes. Sin embargo, el viajero irlandés William Yates, que lo conoció personalmente,  lo describe como “...de estatura baja, tez muy oscura y aspecto desagradable”.

 

 ORÍGENES Y LUCHAS

En cuanto a su trayectoria histórica,  se lo menciona como un adherente entusiasta al movimiento emancipador iniciado en Buenos Aires, en Mayo de 1810. 

Las memorias del General Rondeau lo ubican hacia 1811, siendo muy joven, haciendo de “chasque” de los primeros ejércitos patriotas en territorio entrerriano y oriental.

En esa lucha fue tomado prisionero por las tropas del Virrey Elío y encarcelado en Montevideo. 

Sin embargo, según la historiadora entrerriana Beatriz Bosch, entre 1811 a 1814 Ramírez habría militado en las fuerzas realistas: 

 “Junto a su padrastro y hermanos figura en las ‘listas de pago’ del ejército español que depende del Virrey de Montevideo”.

                                                                                                                                                                     Convengamos que el apellido “Ramírez” es muy común y bien puede tratarse de un homónimo. Lo cierto es que, derrotados los realistas, Ramírez vuelve a Entre Ríos. Y figura formando parte del Cabildo de Concepción del Uruguay. Un cabildo que, por entonces,  responde a los porteños. 

 

CON EL “PROTECTOR DE LOS PUEBLOS LIBRES”

Pero, posteriormente, enfrenta y derrota al caudillo Hereñú, -por entonces, hombre fuerte de Entre Ríos- y se pone a las órdenes de José Gervasio Artigas.  

El jefe  oriental levanta la bandera de la Patria Grande, con organización federal, sistema republicano.  A esos efectos, reúne, bajo su bandera, en 1815, un Congreso de los Pueblos en Concepción del Uruguay, donde participan diputados de la Banda Oriental, Entre Ríos, Corrientes, Santa Fe y los pueblos de las Misiones.

Este Congreso, proclama la Independencia de España casi un año antes que el Congreso de Tucumán.

Pero además ha declarado Artigas el libre comercio de los puertos del litoral, sin sujetarse a la aduana de Buenos Aires, medida que favorece a los comerciantes y ganaderos entrerrianos.

                                                                                                                                                                       Es que, en realidad, como lo dice el historiador Liborio Justo: “las provincias del litoral se hallaban en una situación muy particular frente a las contingencias de la lucha por la independencia, que se agudizaban a consecuencia de la guerra entablada entre los dos puertos, Buenos Aires y Montevideo. Debían defenderse de la capital y a la vez recelaban de Montevideo, ya que ambas formaban el posible “hinterland” que ambas se disputaban. Aunque también abiertos los ríos a la libre navegación, podrían llegar a ser casi tan independientes como aquellos”.

                                                                                                                                                                            El gobierno porteño, que había formado un Ejecutivo unipersonal llamado Directorio, ejercido entonces por Juan Martín de Pueyrredón y más adelante por el general Rondeau, está embarcado en gestiones para instalar un rey en el Río de la Plata. E intenta destruir por todos los medios el obstáculo representado por José Gervasio Artigas y sus ideas federalistas y republicanas. Que han ganado influencia en todo el Litoral, llegando incluso a Córdoba. Para eso, no dudan los dirigentes porteños en pactar con el Imperio de Portugal, cuyas tropas, desde Brasil invaden la Banda Oriental. Ante ello, el general Artigas ordena a sus lugartenientes Francisco Ramírez, de Entre Ríos y Estanislao López, de Santa Fe que ataquen y sometan al gobierno porteño y obliguen a este a ayudarlo a luchar contra el invasor portugués.

LA “BATALLA DEL MINUTO”

Cumpliendo tales directivas, López y Ramírez avanzan sobre Buenos Aires. En un movimiento fulminante rodean y derrotan totalmente en un combate relámpago, -batalla de Cepeda- al ejército porteño dirigido por el general Rondeau.

Los jefes federales, entran triunfantes en Buenos Aires y atan sus caballos en la Pirámide de Mayo. Pero, inexplicablemente, en lugar de asumir directamente el gobierno y establecer aunque fuera provisorio, un poder nacional, pactan con la dirigencia porteña. En forma especial con Manuel de Sarratea, el peor enemigo de Artigas, cuando este debió refugiarse, años antes, en el campamento del Ayuí. Se firma el “Tratado del Pilar”, por el cual se reconoce a Buenos Aires el manejo exclusivo de las rentas del puerto y la Aduana. Es decir: los recursos económicos y financieros con los cuales la dirigencia porteña domina y somete las provincias. Para peor, una cláusula secreta, determina una suerte de “neutralidad”en la lucha contra los portugueses, en la cual se abandona a su suerte a Artigas.

Al santafesino Estanislao López le entregan 25.000 cabezas de ganado que reúne el estanciero Juan Manuel de Rosas.

Y a Ramírez, dinero, armas y “asesores” militares, como el coronel Lucio N. Mansilla.  

Así logran que el entrerriano Francisco Ramírez se vuelva contra su jefe y protector. 

Artigas, momentáneamente derrotado por la enorme fuerza militar de los portugueses, intenta refugiarse en Entre Ríos.

 

Ramírez, en vez de brindarle asilo  lo declara enemigo y lo ataca.

 

Lo derrota en sucesivas batallas,  y  lo corre hasta el Paraguay, donde Artigas, en su definitivo ocaso político, debe refugiarse hasta el fin de sus dias.

Francisco Ramírez confiesa que se siente “abochornado” por el papel cumplido. Retorna a Entre Ríos, no sin antes anular la autonomía de Corrientes, de donde -según el historiador Vicente Fidel López- se llevó cerca de setenta mil cabezas de ganado, joyas y hasta las campanas de las iglesias.

 

Después, proclamó en Gualeguay, la “República de Entre Ríos”, -de la cual fue nombrado “Jefe Supremo”- formada por esta provincia, Corrientes y las Misiones, sustrayendo estos territorios de la lucha nacional contra los enemigos externos, tanto españoles como portugueses.

Tuvo iniciativas progresistas en materia de educación y en el fomento de la agricultura y la industria.

                                                                                                    Pero el breve tiempo en que gobernó no permitieron que las llevara a la práctica.

 

Los porteños, a quienes el “Tratado del Pilar”, los dejara dueños de cuantiosos recursos, una vez que lograron, a través de Ramírez la destrucción de Artigas, se volvieron contra él.

 

Utilizaron para esto al exsocio y aliado del entrerriano, Estanislao López de Santa Fe,  arreglado con los porteños, en base a veinticinco mil cabezas de ganado y otras prebendas. 

 

Unida a las tropas de Buenos Aires, López atacó a Ramírez, corriéndolo hasta cerca de Córdoba, donde, con lujo de crueldad y saña, lo asesinaron, le cortaron la cabeza y la exhibieron en una pajarera en el Cabildo de Santa Fe.

                                                                                                           La leyenda romántica según la cual Francisco Ramírez fue alcanzado y muerto, por sus perseguidores al intentar salvar a su mujer “la Delfina”, fue desmentida años después por el anciano general de raza india don Anacleto Medina en sus conocidas “Memorias”, dictadas a uno de sus secretarios.

En definitiva, la derrota del ideal Artiguista de una República Federal, fuerte y autónoma, basada en los principios republicanos, según el modelo de Norteamérica, fue consecuencia de los gruesos errores y  luchas estériles de los caudillos,  que engañados o no, resultaron instrumento de las intrigas porteñas y no estuvieron a la altura de la circunstancia histórica. 

La dispersión feudal que se fue dando a partir de 1820 y retrasó la formación del Estado nacional hasta la década de 1850, nada tuvo que ver con un auténtico principio federal.

 

BERNARDO I. SALDUNA  


 Asociación Concordiense “Justo José de Urquiza” 


Concordia (E.R.) 


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