Opinión

Ser humanos - 9 de Marzo de 2019 - Nota vista 464 veces

EL PROPÓSITO DE LA EDUCACIÓN…

Un sabio maestro llamado Lin estaba acostado en su lecho de muerte, rodeado por sus discípulos. Lloraba desconsoladamente y nadie lograba confortarlo.

Uno de sus alumnos le preguntó:

– Maestro, ¿Por qué está llorando? ¡Si usted es casi tan inteligente como el patriarca Abraham y tan bondadoso como el mismo Buda!

Al escuchar esto, el anciano Lin respondió:

– Cuando parta de este mundo a comparecer ante el Tribunal Celestial nadie me cuestionará por qué no fui inteligente como Abraham o bondadoso como Buda. Por el contrario, la pregunta que me harán será: – Lin, ¿por qué no fuiste como Lin? ¿Por qué no ejerciste tu potencial? ¿Por qué no seguiste la trayectoria que era la tuya propia y personal?

Recuerda que si no vives tu propia vida estarás viviendo la de otro. Sé tú mismo, los demás puestos ya están ocupados.

COMIENZO DE CLASES…

Estamos transitando el mes de marzo, el comienzo de otro año lectivo, donde las familias y las escuelas se movilizan para arrancar una nueva etapa.

Ahora bien, considero importante reflexionar sobre el propósito de la Educación en nuestros días. Plutarco decía: “La Educación es el encendido de una llama, no el llenado de una vasija”, remarcando la misión de todo docente y del sistema educativo en general.

Todo niño/a, cuando nace, trae talentos en su interior, dones únicos y originales que facilitarán el desarrollo de su misión (o trabajo) en esta tierra, solo ese camino lo hará feliz y pleno. Entonces, el propósito fundamental de la educación tanto familiar como escolar, es ayudar al niño/a a conectarse con su Ser, a despertar esos talentos, a encender esa llama para potenciar e irradiar su propia luz.

La esencia de todo aprendizaje debería estar en activar la inteligencia del corazón de cada niño/a, de cada joven, para que pueda diseñar su camino, su propio proyecto de vida alineado a esos talentos y ponerlo al servicio de los demás. Para tal propósito, como maestros y profesores, es esencial impulsar el auto-conocimiento, la curiosidad, la creatividad, la compasión como puntos claves para despertar esa llama interior que late en potencia.

NUEVOS DESAFÍOS

Hoy podemos observar que la manera en la que se enseña, muchas veces, no motiva a los estudiantes, haciendo del “aprender” un proceso aburrido, repetitivo, fastidioso y hasta rutinario. Un sistema donde, incluso, se pone restricciones, condiciones, marcado por premios y castigos al cumplir o no los objetivos impuestos, reinando el miedo y la presión, limitando y frenando la expansión de la luz interior; quedando demostrado, además, que todo aquello que se aprende de esta forma termina por olvidarse fácilmente.

Se habla de un sistema deshumanizado, educando más a robots que a niños luminosos, tendiente a homogeneizar, a construir niños idénticos, con conocimientos iguales, buscando estandarizar, calificar y comparar, en vez de impulsar el talento individual de cada uno y su originalidad. Un sistema donde prima la competencia y no los valores humanos.

Los niños no son depósitos de información teórica, ocupando un rol pasivo en la educación, recibiendo solo lo que el maestro le da. El nuevo paradigma propone un rol más activo del estudiante, pasar de la acumulación de conocimientos teóricos al desarrollo de competencias y habilidades para aplicarlos en la vida cotidiana. Una competencia es un “saber hacer, saber resolver, saber crear”, con conciencia y responsabilidad, por eso fomenta el auto-aprendizaje, donde el alumno va incorporando conocimientos en base a su propia iniciativa y experiencia.

Queremos niños, niñas y jóvenes auténticos, originales, críticos, seguros de sí mismos, que tengan preparación, autoestima, creatividad para resolver situaciones, autonomía para tomar las propias decisiones, y, sobre todo, que se sientan plenos, saludables y felices con capacidad de vivir en comunidad, siendo ciudadanos completos, respetuosos, libres y útiles para los demás.

Los maestros y profesores, junto a una familia atenta y cariñosa, son los custodios y guías de esa llama interior… y quienes tienen la responsabilidad de educar y ayudar a encenderla.

LIBERAR EL POTENCIAL

Así como nos cuenta la historia de hoy, al final de nuestras vidas… nos preguntarán, usando nuestros propios nombres:

– Lin… ¿por qué no fuiste como Lin? ¿Por qué no ejerciste tu potencial? ¿Por qué no seguiste la trayectoria que era la tuya propia y personal?

El fin último es alcanzar la mejor versión de uno mismo, la autorrealización personal, despertar la pasión y liberar ese poder interior, capaz de transformar la vida personal y todo nuestro mundo. Si nos desconectamos de nosotros mismos y seguimos el camino marcado por otros, seguramente la sensación de fracaso e insatisfacción volverán grises nuestros días.

Como dice Jorge Bucay, la felicidad es la sensación de serenidad al tener la certeza de ir por el camino correcto, es decir, elegido por cada uno, alineado a los propios valores, talentos y sueños. Ese es el rol fundamental de la educación hoy en día, ayudar a cada estudiante a descubrir su propio camino, y acompañarlo en esa aventura.

 “La Educación es el encendido de una llama, no el llenado de una vasija”.



María Inés Francisconi

Desarrollo humano

Abogada mediadora

Coach Ontológico

Contacto: Ine.francisconi@gmail.com

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