Opinión

6 de Marzo de 2019 - Nota vista 643 veces

EL GRANADERO ISABELINO CORONEL

Soy nacido en 1955, en un pueblo llamado «San Luis del Palmar» de la provincia de Corrientes, pero mi vida transcurre  hasta los 20 años en la provincia del Chaco: en la pequeña ciudad Machagai, a unos 120 kms. de la ciudad de Resistencia.

No tengo familiar militar, solo un primo, hijo de la hermana mayor de mi papá, que había cumplido con el Servicio Militar en el RGC «Gral. SAN MARTÍN» en 1956 (cuando yo tenía apenas 1 año), me acuerdo que teníamos una fotografía en blanco y negro, dando vueltas por la casa, donde lo veíamos a mi primo, montado a caballo con su uniforme de Granadero, a veces a modo de broma le decía a mi mamá: «Yo también voy a ser Granadero», a lo que mi mamá me decía: «Todavía no digas nada, te falta mucho para eso».

La incorporación al servicio militar fue a fines de febrero de 1976. La anécdota es la siguiente: «Mi futuro fue ser Granadero». Pasaron uno o dos meses que mis compañeros de clase habían recibido la carta de presentación para la incorporación, Y A MI NADA. Me estaba poniendo nervioso esa situación, por lo que decidí ir al distrito militar y averiguar qué había pasado. Me acuerdo muy bien del Suboficial que me atendió, amable y atento a todas mis preguntas. «Señor, vengo a averiguar por la carta de presentación para la incorporación, quería saber si me han enviado o pasó algo porque no la recibí»... «La carta fue enviada» me contestó, «la vas a recibir esta semana o la que viene, no te preocupes». Vi una fila de ciudadanos frente a una puerta y otro grupo en la sombra de un árbol, se me ocurre preguntarle al Suboficial: «¿Señor ya están incorporando?. Me contesta: «Si; esa gente hoy sale para Buenos Aires, van a ser incorporados al Regimiento de Granaderos», cuando me dijo eso creo que mi semblante habría cambiado, porque el Suboficial me preguntó enseguida: «¿Por qué, pasa algo? le respondí, «Pasa que siempre quise ser Granadero, le prometí a mi Mamá que yo iba a ser Granadero, y veo que no voy a poder”. El Suboficial me quedó mirando un instante y luego me preguntó: «¿Vos estás en condiciones de incorporarte hoy y viajar con ellos? «Si», le dije, «Claro que si»,  «Bueno esperame un minuto, que averiguo porque creo que hay vacantes». Cuando regresa me dice: «Dame tu documento, te voy a hacer la ficha y luego te ponés en aquella fila que vas a ser incorporado para Granadero». Me dieron una bolsista de ración fría para el viaje. Por la tarde, embarcamos por ferrocarril a Buenos Aires. Con el calor a pleno, el polvo que dejaba la lenta marcha de los vagones, quedaban atrás, los recuerdos, los proyectos en mi escuela técnica de ser Maestro Mayor de Obra algún día, y mi familia que no sabía dónde estaba y cuando volvería a casa.

Estoy seguro que mi vida como Granadero, comenzó justo ese día. Al llegar al RGC, nos avisan que nos van a aplicar una vacuna en la espalda y también, que tuviéramos a mano la dirección postal de nuestro domicilio, porque el Jefe va a enviar una correspondencia avisando la incorporación nuestra, al Regimiento. Cuando entregué los datos que nos pedían, le dije al Granadero que nos atendía, que en mi casa no sabían nada de mí, le expliqué la situación que había sucedido y que ya habían pasado tres días, me dijo que daría la novedad y probablemente enviarían un telegrama. Luego me enteré que, mi familia había recibido un telegrama, donde el Jefe de Granaderos le informaba y los felicitaba porque yo estaba incorporado al Regimiento Escolta Presidencial. Nunca pensé que estaría incorporado al Regimiento durante 37 años, que escoltaría a varios de nuestros Presidentes y Mandatarios extranjeros, al PAPA, a los Reyes de España y cientos de Embajadores.

Por otro lado, haber tenido la oportunidad de conocer la gran mayoría de los países de América del Sur,  EEUU y gran parte de Europa, haber participado en misiones de paz con Naciones Unidas en la ex Yugoslavia, participado en una visita oficial al Regimiento de la Escolta Real y al Palacio Real de los Reyes del Reino Unido de Gran Bretaña, finalmente el broche de oro, haber custodiado la casa donde vivió los últimos años nuestro Prócer máximo, el GENERAL SAN MARTÍN.

Pero lo más brillante de mi vida como Granadero, lo llevo muy presente todos los días: la amistad y los Amigos que conocí, que me acompañaron siempre y que a pesar del tiempo transcurrido lo conservo.

Testimonio: Suboficial Mayor Pedro Isabelino Coronel – Granadero Clase 1955

Texto: Pedro Alberto Urueña – Granadero Clase 1958.


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