Carnaval

2 de Marzo de 2019 - Nota vista 2549 veces

El hombre que nunca faltó al corso desde 1913: Bonfiglio

¿No faltó a ningún corso Concordiense? ¿Nunca estuvo enfermo?

—Enfermo sólo estuve cuando no había corsos.

Las palabras pertenecen a quién si no, a Don Atanasio Bonfiglio. Con sus 82 años nuevamente estuvo hamacando un estándarte en nuestros corsos, como lo ha venido haciendo —sin inasistencia alguna desde 1913. No tenía aún 17 años cuando por primera vez unió su alegría a los carnavales” de Concordia.

Y de ahí: “seguimos nomás”, dice, riendo como lo hace a menudo él su risa acompañada por la de su esposa, Nicanora Leguizamón, sus hijos, nietos y bisnietos. Todos viven en su derredor en el Barrio Nébel, donde se afincó don Bonfiglio de mozo, hace unos años ya.

“Recordando los carnavales de 1913” decía el sencillo estandarte que este año lució don Bonfiglio con orgullo en los corsos de la Avenida Monseñor Tavella. Nos cuenta: la fiesta estuvo espléndida con una concurrencia sumamente numerosa.

Desde temprano —revelan las hijas— el sol aún bien afuera, don Bonfiglio había estado pronto y ansioso ya de concurrir al corso. Y ellas que pensaban ir, desistieron, pensando en la distancia.

Sin embargo, nada detenía al tradicional animador del carnaval local. Recorrió el trayecto del corso y luego ya en las primeras horas del lunes, emprendió a pie el regreso a su casa sencilla, bajo la sombra de paraísos, ubicada cerca del camino a la playa Nébel.

Don Bonfiglio nació en Paysandú el 2 de mayo día de San Atanasio, cuyo nombre lleva desde 1896. A los 8 años vino con sus padres y sus numerosos hermanos a la Argentina. Se crió en la zona que llama “Los Bretes del Chuí” en proximidades del actual Hotel San Carlos.

No sabe leer ni escribir. En aquellos tiempos, dice, qué íbamos a pensar en escuelas.

Con doña Nicanora (se casó con ella en segundas nupcias; había enviudado anteriormente) se radicó en el barrio Nébel cerca de donde viven actualmente. A pocas cuadras estaba el saladero de los Nébel, donde trabajaba, cargando las tinas, nos dijo.

Cuando dejó de funcionar el saladero, trabajó en lo que es el Frigorífico Yuquerí. Sería alrededor de 1932 y estuvo allí hasta según cree, el año 1946. Trabajaba en Subproductos, v con la sierra.

Entre risas —ahora sí puede reírse— recuerda cómo un día en que apurado cortaba un caracú, se rebanó la yema del pulgar derecho; que fue a quedar pegada contra una pared.

Don Bonfiglio trata de rememorar detalles de los antiguos carnavales, un predilecto. Llevó el estandarte de Los Belotaris durante 33 años. Luego de Los Marinos y de La Juventud Unida. (Hijos y nietos van cantando nombres para refrescar su memoria).

Con los Salamines —que califica como el mejor conjunto que hubo— desfiló un año, no recuerda en qué fecha. En 1937 don Pedro Castillo fundó Los Dandy, conjunto que, murió en 1971 y en todo ese tiempo Bonfiglio estuvo con ellos. Últimamente, también acompañó a una comparsa en una gira a San Salvador y Colón.

Finalmente, con Los Nenes del Nébel (se ríe por lo de “Nenes”) animó el último carnaval, arrancando el aplauso cariñoso y merecido del público, por su ejemplo de entusiasmo e inquebrantable amor por las carnestolendas.

Asegura que nunca faltó a un corso, cuando los hubo. Los mejores fueron los de la calle Entre Ríos, cuando se iba por un lado y volvía por el otro. Pero todos fueron buenos: los de Carriego, Estrada, Monseñor Tavella...

—Adonde había corso, allí íbamos nosotros dice Bonfiglio.

—Nuestra hija Amelia, nació un día de Carnaval, pero ni entonces faltó, interrumpe su señora, quien paradójicamente no es muy amante de concurrir a los corsos.

A veces iban ella y los cinco hijos del matrimonio (otros cuatro hijos murieron) y entonces, cuenta ahora Don Bonfiglio, les pasaba el estandarte bien cerquita sobre, sus cabezas. Y lo imaginamos haciéndolo, con los ojos entrecerrados en, ese gesto de ... día que mostraba ahora al recordar esos tiempos.

Premios tuvo muchos; este año fue una suma de dinero. Otras veces fueron medallas, las que regaló todas. Un año fueron prendas, nos dicen con orgullo, de una conocida casa de artículos para hombre.

La inundación de 1959 llegó hasta su casa, justo lo habían operado de un pie –por supuesto, no era carnaval- y no podía caminar.

Nuevamente ríe cuando se acuerda que lo sacaron del agua alzado sobre los hombros de un comedido.

Don Bonfiglio vive rodeado por el cariño de su esposa y sus hijas Juana B. de Sánchez, Teodora, Ceferina B. de Méndez y Amelia Silvana y un hijo, Cecino, mientras que otro hijo Tuis Remigio, vive en Bs. Aires. Todos, salvo Luis, tienen sus casas próximas a la de su progenitor. Y durante la entrevista, la familia iba llegando de a poco hasta formar un considerable y alegre grupo. Casi podrían integrar un conjunto para el carnaval, opinó uno y Don Bonfiglio señaló a unos de sus nietos para acompañarlo con el estandarte.

A los cinco hijos tiene que sumar 23 nietos y siete bisnietos (por ahora siete; hay dos más en viaje).

Mariela, de 4 meses, la menor de sus descendientes, es sin duda la regalona.

//Archivo El Heraldo





(9-11-1979)

Murió BoNFIglio,

El animador de corsos desde 1913

Atanasio Bonfiglio, un infaltable animador de los corsos concordienses, falleció a los 83 años, y luego de sufrir en las últimas semanas una dolencia que su organismo no pudo resistir.

La noticia de su desaparición ha causadó congoja entre su numerosa familia, en el Barrio Nébel donde vivió desde joven, y entre todos quienes conocieron a este hombre de origen uruguayo y admiraron su entusiasmo en las carnestolendas.

Don Bonfiglio llevó estandartes de distintos conjuntos desde los corsos de 1913 y según lo expresaba él con todo orgullo, no faltó a reunión alguna en todos esos años.

Este verano, pese a mostrar el paso de los años, con juvenil alegría realizó por última vez el desfile carnavalesco.

Contaron con su innata alegría Los Pelotaris durante 33 años, Los Marinos, y La Juventud Unida; después Los Dandy y Los Nenes del Nébel. En todos, en el público que lo aplaudía, permanecerá imborrable la figura de Don Bonfiglio, convertida en un símbolo de nuestros carnavales.

Había nacido en Paysandú el 2 de mayo de 1896 y cuando tenía 8 años llegó al país con sus padres y hermanos. Trabajó en el Saladero en el barrio Nébel y cuando dejó de funcionar, en el Frigorífico Yuquerí.

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