Interés General

Por Darío H. Garayalde para El Heraldo - 2 de Marzo de 2019 - Nota vista 2797 veces

“Los Telayna”

LAS ANTIGUAS FARMACIAS DE CONCORDIA DESDE 1859

   Encabezo esta parte con el título “los Telayna”, atendiendo a que ellos fueron varios; todos ellos dedicados a esa verdadera y noble vocación: la farmacia.

La historia de las farmacias de Concordia no se podría hacer excluyendo a “los Telayna”, que además tuvieron una larga y honrosa historia en la profesión, y una conducta intachable en lo comercial y social.

He mencionado en otra nota que el Sr. Aurelio Telayna compró la “Farmacia Alemana” a Don Pedro Menchaca a la que luego le cambiaría en nombre por el de “Farmacia La Estrella”. Allí trabajó junto a sus hermanos, Juan, Pedro y Ernesto hasta el 1º de diciembre de 1927, año en el que se vende a Aranguren Hermanos, dedicándose de allí en adelante a las tareas rurales.

De sus hermanos, Juan era el mayor y fue también quien el que el 5 de mayo de 1927, algunos meses antes de la venta de farmacia La Estrella, fundó la “Farmacia Argentina” “en la calle San Martín esq. San Luís (San Martín 53/57 era la dirección correcta de la farmacia, ya que la puerta de la esquina se hizo después) en un local que era de propiedad de Doña Josefa Lynch (en esa esquina fue luego durante muchos años la Librería San Martín fundada por don Julio Serebrinsky y actualmente está instalada la firma Palmares).

El Sr. Juan Telayna fue una persona muy apreciada en nuestra ciudad, y profesionalmente también de una gran corrección. Posteriormente le cambió el nombre por el de “Farmacia Telayna”

Trabajó algunos años en ese sitio, aunque luego decidió trasladarla a la calle Las Heras, a un sitio más apropiado donde no había ninguna otra farmacia y además, era un barrio próspero y con más posibilidades futuras. Inicialmente se estableció frente a Tienda Las Heras (donde hoy está el Autoservicio “Luna”).

Algún tiempo después se trasladan a una cuadra de allí, a la calle Las Heras y Sarmiento, ya en un local propio. Al fallecer el señor Juan Telayna se hacen cargo de la farmacia sus hijos Carlos, Juan Antonio, Marta y Jorge. Este último (Jorge) acepta algún tiempo después un ofrecimiento de su tío Pedro para que lo ayude en otra farmacia que él había fundado también en 1927. La “Farmacia Inglesa”.

Durante muchos años la Farmacia Telayna en manos de los tres hermanos fue un referente del barrio de la calle Las Heras, la que fue transformándose en un barrio populoso y de muy buena actividad comercial, no solo por la gente del barrio sino también de la gente proveniente de la zona rural y colonos en general. Sucedía que en general, a la gente del campo no le agradaba ir al centro de la ciudad a proveerse de los elementos que precisaban y que no se obtenían en los almacenes de campaña por lo que invariablemente, acudían a ese sector de la ciudad y allí conseguían casi todo lo que necesitaban. Enfrente a la farmacia por calle Las Heras había un acreditado comercio como la “Tienda El Gaucho” de don Adolfo Hendlin, mientras que enfrente, pero por calle Sarmiento se encontraba la Ferretería y Bazar El Gaucho de don Rubén Gumpel, pariente del anterior el que también tenía una buena clientela que hacía de esa una esquina de gran movimiento que, naturalmente, beneficiaba la farmacia que también llegó a tener una importante clientela. Todo el barrio era muy próspero ya que había allí, tiendas de ropa, bicicletería, zapatería, repuestos de auto, almacén, negocios de venta de carbón, leña, postes y de forrajes.

Otro factor que favoreció su prosperidad fue la cantidad de recetas que allí se preparaban. Muchas de las cosas de farmacia que hoy vienen hechas y con marcas comerciales, en ese tiempo muchas se hacían en la farmacia: como la crema de diadermina y para prepararla se necesitaba un mortero muy grande y llevaba bastante tiempo de trabajo ya que la pomada debía quedar esponjosa y con una consistencia especial. Luego se colocaba en unos envases metálicos de aluminio para su venta al público. La limonada Rogé, y otros laxantes y purgantes, linimentos, cataplasmas, jarabes para la tos, champú anticaspa, Tintura de árnica, agua sedativa, Linimento Stockes o untura blanca, Extracto de Saturno o acetato de plomo, agua de Hammamelis.

Además, la innumerable cantidad de recetas magistrales que los médicos recetaban a sus pacientes y que la farmacia preparaba. En el envase que la farmacia entregaba, en la etiqueta que llevaba pegada, además del nombre del paciente y del médico que la formulaba, la transcripción de los componentes y la cantidad en miligramos o gramos de cada uno de estos a fin de que, si le daba resultado, la farmacia pudiera repetirlo con las proporciones exactas allí o en cualquier otra farmacia. Recuerdo que Juan Antonio Telayna guardaba como un tesoro un cuaderno de aquellos de 500 hojas con las recetas formuladas por los más antiguos médicos de Concordia. Una verdadera reliquia

El idóneo preparador de estas recetas se llamaba Augusto Zardi, el que era muy diestro en el manejo de todas estas sustancias, algunas de las cuales eran cáusticas como algunos ácidos o venenosas como la estricnina, pero que también se usaba como estimulante y energético, naturalmente que en las proporciones adecuadas.

Haciendo memoria de las buenas personas que allí conocí, recuerdo a Hugo Cebrian, que hoy en día trabaja en la Farmacia Concordia y próximo ya a jubilarse, Rubén Sosa, gran colaborador y antiguo empleado de los hermanos Telayna, quien después del cierre de la farmacia tuvo un kiosco de revistas en San Martín y 25 de Mayo, De Mauricio, Marta Ferla a Doris Esteybar que trabajó allí durante un tiempo y luego se hizo cargo de la farmacia interna del Sanatorio Concordia.

Recuerdo muy bien también a Bayardo R. Caputo, que era esposo de la farmacéutica de la Farmacia Concordia. Había sufrido un ACV en Gualeguaychú siendo representante del Laboratorio Purissimus y perdió el habla. Cuando se recuperó parcialmente y con el auxilio de una fonoaudióloga y podía expresarse en frases elementales y quién no supiera de su discapacidad, no lo advertía porque las palabras que pronunciaba, las decía con total claridad. Se sumó a la Farmacia Telayna como uno más, aunque el pobre había perdido definitivamente la facultad de comunicarse y realizaba allí tareas menores, pero lo recuerdo siempre impecablemente vestido.

La Farmacia Telayna era un punto obligado de los numerosos amigos de los hermanos, especialmente en los días en que estaban de turno. Allí se congregaban todos para acompañarlos en su guardia, pero se constituía también en una amena tertulia donde algunos jugaban al ajedrez, como el Dr. Nocetti o el Ing. Guinda, Carlitos Telayna y yo mismo.

Como en el interior de la farmacia había un terreno de unos 5 x 5, Carlitos (Chichí) había plantado numerosas verduras, como cebollas de verdeo, morrones, cebollas comunes, repollos, apio, albahaca y otras que no recuerdo y Juan Antonio hacía una sopa de verduras, a veces con carne de vaca y otras con gallina.

Como decía al principio, la farmacia tuvo un crecimiento sostenido y acompañando esa prosperidad realizaron reformas en el local y agregaron nuevos mostradores.

Sin embargo, ese crecimiento serían las últimas luces que mostraría la Farmacia Telayna. Ese emprendimiento familiar construido con tanto esfuerzo, primero por su padre Juan Telayna y continuado por Carlos, Juan Antonio y Marta.

Por esas cosas de la política, justo frente a la farmacia, el local que fue de la Tienda El Gaucho que mencioné al principio, fue vendido a un conjunto de sindicatos para la apertura de una “farmacia sindical” con fondos de las obras sociales. Y decía política, porque la Ley de Farmacias que regía en ese momento, impedía la “apertura de un local de farmacia a menos de 200 metros de alguna existente” Fue autorizada igual su apertura por la Inspección de Farmacias contraviniendo por “vía de excepción” su apertura, con esa manga ancha que existe para favorecer a quien convenga políticamente. Tampoco podía haber tenido puertas a la calle. La ley señalaba que debía funcionar en el interior de la Obra Social. Fue dotada de todas las comodidades y de un gran stock de medicamentos.

Naturalmente el futuro de la Farmacia Telayna estaba sellado ya que estaba justo enfrente de ese gigantesco conglomerado y debo decir que, ante la indiferencia de sus colegas que a mi modo de ver, debieron haber respaldado institucionalmente a los Telayna. La farmacia a pesar de todo, sobrevivió varios años gracias a la solidaridad de los amigos cosechados a través del tiempo y a los buenos vecinos que valoraron el honesto trabajo de toda una vida. Hasta el Gobernador de ese tiempo les jugó en contra y dispuso que la Obra Social IOSPER solo pudiera ser atendida por la Farmacia ADOSC.

Para aliviar un poco esa desfavorable situación, Juan Antonio Telayna abrió un nuevo local de farmacia, que denominó “Farmacia San José” (actual San Roque) que en ese tiempo estaba en la esquina del Sanatorio Garat, donde atendió durante un tiempo. Sin embargo ese emprendimiento no duraría mucho tiempo ya que su regente, el Dr. Miguel Clavería, que era bioquímico militar, fue trasladado a Curuzú Cuatiá. Finalmente Juan Antonio urgido por esta situación, vende la farmacia a Liliam C. de Delaloye, regresando entonces a seguir la suerte de sus hermanos en Las Heras y Sarmiento.

Para completar ese cuadro desolador para el futuro de la Farmacia Telayna, la salud de Carlitos le jugó una mala pasada y sufrió una hemiplejia que lo dejó imposibilitado. En sus últimas etapas y la necesidad de ordenar un poco la administración, se hicieron cargo de ella Alejandrina Telayna y su madre Celia C. de Telayna logrando equilibrar administrativamente la farmacia.

Pero, la suerte estaba echada y Farmacia Telayna cerró sus puertas en noviembre de 1983, luego de tantos años de buena atención por parte de estos honorables caballeros de una conducta de una honradez fuera de toda duda.

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