Salud

2 de Marzo de 2019 - Nota vista 655 veces

La importancia de una crianza saludable

Si bien la forma de criar a nuestros hijos ha cambiado en los últimos tiempos, muchas personas siguen creyendo que tanto el castigo físico como la agresión verbal son necesarios para la educación de los chicos, como si esa fuese la forma de mostrar autoridad como padres.
Jacarandá (jacaranda mimosifolia) oriunda del noroeste Foto INTA Martinsa

Es importante entender que tratar así a los niños es ejercer violencia hacia ellos. También estamos siendo violentos cuando los despreciamos, los desvalorizamos, amenazamos con abandonarlos o nos mostramos indiferentes frente a lo que hacen o dicen.

Estas acciones son muy graves y dañan la salud física y emocional de nuestros hijos. Los chicos educados en contextos violentos pueden creer que la violencia es la única manera de vincularse con otros y que deben tratar a los demás con la misma violencia que recibieron de sus padres. Los malos tratos y castigos no generan respeto sino miedo.

La violencia no es necesaria. Podemos pensar en formas de educar a nuestros hijos y lograr que respeten el lugar de madres, padres y cuidadores sin utilizar la violencia. Para esto, primero tenemos que tener en claro cuál es el rol como madres y padres, y qué significa educar.

Hay una fuerte naturalización de la violencia como forma de crianza. Es decir, la violencia se ve como algo natural, y si el uso de la violencia se vuelve habitual en la crianza, es imposible construir contextos libres de maltrato para los chicos y las chicas. Es necesario desnaturalizar la idea de que los golpes son una forma de enseñar algo positivo o que constituyen un “derecho de los padres y madres” frente al que no hay que intervenir.

Pero ¿a qué nos referimos concretamente cuando hablamos de violencia en la crianza? Nos referimos al maltrato (físico y/o psicológico), al descuido y al abandono. Cuando cualquiera de estos factores está presente en la crianza, significa que hay violencia.



Hay además otras violencias que pueden producir daños irreparables como el abuso sexual. Y otras más sutiles o menos evidentes, pero que también dañan a los niños y niñas; por ejemplo, no aceptarlos tal como son y pretender que sean como queremos o necesitamos que sean. También ejercemos violencia cuando no respetamos sus opiniones o no les damos lugar para crecer.

Hacia una crianza saludable

En los intercambios que se dan dentro de las familias, principalmente entre padres e hijos, se entablan los principales lazos amorosos. Estos lazos son muy importantes porque van a marcar los vínculos que los chicos establezcan con los demás en el futuro. Por eso, en las relaciones entre padres e hijos debe haber amor, contención, respeto, diálogo, atención y sinceridad.

Los vínculos que se construyen sobre la base del amor y el respeto se construyen también desde la verdad. Una de las preguntas habituales que los niños y niñas se hacen durante su crecimiento es sobre su identidad.

Es importante que puedan conocer sus orígenes y por eso es fundamental no mentirles ni ocultarles si han sido adoptados. De la misma manera, si preguntan cómo fueron concebidos, se les debe explicar, adaptando la respuesta a la edad que tienen cuando lo plantean, sin adelantarse si no lo preguntan.

Un vínculo basado en el amor, la contención y el respeto se sostiene en la verdad. Ocultarla lastima, genera inseguridad, deja rastros que no se ven pero que pueden tener consecuencias a largo plazo en la personalidad y la salud mental de los chicos es un derecho

Un vínculo construido desde el maltrato puede producir serias consecuencias en el desarrollo emocional de los niños y niñas. Si, en vez de recibir amor de sus propios padres y madres, reciben agresiones y golpes, crecerán sintiendo que merecen ese trato. Sentirán una gran inseguridad. La familia es el entorno donde los chicos deben sentirse más seguros y protegidos. Si justamente en este ámbito primario son descuidados, maltratados o humillados, creerán que esa es la forma de actuar con los demás.

Los niños y niñas educados con violencia sufren mucho porque no comprenden por qué los tratan de ese modo las personas que más deberían quererlos y valorarlos. Este dolor, que no saben explicar, puede expresarse con mal comportamiento, aislamiento y cambios en su desempeño escolar. Pueden manifestar temores, timidez, tristeza o miedo de no sentirse amados; esto les produce sensaciones de desamparo y abandono.

El miedo no educa. Por el contrario, daña al niño, por más que éste obedezca. Con miedo, las niñas y los niños se vuelven sumisos. Quedan sometidos a un poder que les produce una sensación de temor permanente. El grito, el chirlo o el golpe es el desborde de un adulto ante una situación que le impide pensar y lo supera. El niño percibe ese desborde, que, lejos de educarlo, lo asusta y entristece.

Aún siendo pequeños, se dan cuenta de lo que sienten sus padres, y como la forma de pensar de los chicos es egocéntrica (centrada en ellos mismos), piensan que son culpables de lo que las madres y los padres les dicen o hacen. Su temor es generarles frustración, producirles vergüenza y sentir que no son suficientemente buenos para ellos.

A menudo los adultos utilizan métodos de crianza violentos porque aprendieron a relacionarse de esa forma. Conocen un modelo en el cual fueron criados y, sin cuestionarlo, vuelven a aplicarlo. Muchas veces, no tienen intención de maltratar. La impaciencia, el apuro y la impulsividad a veces les impide buscar el lenguaje adecuado para hablar con la niña o el niño. Entonces, lo que nace impulsivamente es el grito, la agresión, el maltrato.

Lo que buscamos destacar es que existen modos de educar a los hijos que no incluyen acciones violentas por parte de los adultos. Como la violencia está naturalizada, es importante, en primer lugar, reconocer cuáles son las conductas violentas y, luego, reflexionar sobre cómo, cuándo y por qué en algunas ocasiones recurrimos a ellas. Y a partir de allí pensar cómo podemos modificarlas.

Escrito y confeccionado por el Psicólogo Gastón Fernández Montani, de la LINEA 102 “Teléfono del Niño”, del Centro de Fortalecimiento Social de la Municipalidad de Concordia

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