Salud

Psicología - 2 de Marzo de 2019 - Nota vista 606 veces

El tránsito y la salud pendiente

Como réplica paralela a la vida cotidiana, el tránsito por las calles y rutas entrerrianas reflejan nuestro desatino, es decir, la persistente insistencia en conducirnos como queremos y no como debemos. Espejo de comportamientos instalados que enaltecen la individualidad, falta de tolerancia ante otros y sobre todo, el diseño altanero de crear las propias condiciones de manejo en detrimento de lo establecido y normatizado. Existe, mal que nos pese, sin desconsiderar algunas virtudes, una vehemente e inconsciente tendencia a hacer prevalecer un estado de “Yoismo” ante que un “Nosotrismo”.

Un “nosotros” devaluado en la cotidianeidad y elevado en los actos patrios, con banderas e himno mediante o al que alguna vez se lo recuerda cuando la nostalgia por la lejanía del suelo que nos vio nacer se entromete y genera gratos recuerdos. El Yo, antepuesto como mascarón de proa, impulsa muchos buenos actos de la vida, pero también en el “tránsito nuestro de cada día”, donde muestra en forma exagerada la intolerancia a las esperas o el respeto por la prevalencia del peatón así como el apuro machista de sobrepasar antes que otros, mostrando poder. Son condiciones tan frecuentes en la vida cotidiana, que también se repite en el tránsito por calles y rutas promoviendo lo que denomino, “síntoma social”.

Y llamo así a la insistencia en anteponer las propias emergencias (alguna vez, genuina necesidad), y convencidos que asiste la razón aún cuando provocamos irrazonables acciones de riesgo que al realizarlas, se las minimizan con el solo objetivo de satisfacer el espurio deseo de pasar primeros.

¿Porque nos cuesta esperar? ¿Porque la necesidad de pasar antes que otros? Estas preguntas que buscan en este texto hallar respuesta a la conocida y fatal consecuencia de innumerables accidentes y muertes en nuestro país, seguramente será escasa, ya que no alcanza ni puede ser explicado solo desde la psicología. Debemos reconocer que estas consecuencia son multicausales, donde la cultura en general, los efectos de políticas y economías inquietantes, las condiciones físicas de las calles y rutas, así como los escasos programas de prevención y control por parte de las entidades gubernamentales, se asocian de tal manera, que las personas, habitantes de sus propias subjetividades y atravesadas por todo los descripto, mas sus propias producciones psíquicas, quedan distanciadas del ordenamiento y normativas externas, así como del propio y personal orden.

Nadie ES por sí mismo. Somos sujetos sociales cuya identidad colectiva nos identifica, sostiene y contiene. Hay excepciones, pero la sociedad produce cierto tipo de comportamientos que los sujetos replican y multiplican a la vez. No se trata de extender la culpabilidad en todos los ámbitos, pero es necesario reconocer que el comportamiento en calles y rutas, expresan comportamientos individuales egocéntricos, que se expanden a la vida cotidiana, donde la relación con el orden y los mandatos poseen escasa y disminuida consideración.

Los conductores de autos, motos o bicicletas, o bien en la condición de simples peatones, transitamos las calles y rutas pendientes de las propias necesidades y distanciados del quehacer colectivo social o normatizadas en cada señal de tránsito que eficazmente (en general) avisan el modo seguro de circular. Esto es consecuencia del llamado “síntoma social”: es decir, anteposición del yo antes que el interés colectivo, o sea, los otros, o mejor dicho, “nosotros”.

En Capital Federal, la Asociación Civil “Luchemos por la Vida”, realizó una encuesta a conductores, cuyos resultados, expongo:



¿Cómo se ven a sí mismos los

conductores de la Ciudad de Buenos Aires?

Más allá de la auto - apreciación que los porteños tienen de sí mismo, éstos resultados no diferirían si se hiciera otras provincias.

Según estadísticas de esta Asociación Civil, en Entre Ríos, durante el año 2018, hubo 241 muertos. No se consideran aquellos que murieron días después del evento fatal. Tampoco se habla de las secuelas físicas, con las incapacidades que surgen del mismo.

La Policía de Entre Ríos, en su Página Web, nos recuerda que marcar un número de teléfono con el celular conduciendo un vehículo, produce una distracción de 6 segundos, que a una velocidad de 100 kilómetros por hora implica un recorrido de 227 metros. Por supuesto que no se informa, ni existen estadísticas serias que permitan saber los efectos emocionales que produce un diálogo telefónico, aun cuando sea con manos libres y se relacione a situaciones conflictivas o noticias penosas y los efectos de distracción que los mismos producen.

Hay que reconocer que a la mayoría de las personas que transitan calles y rutas, información no les falta. Por lo que los tan pendientes programas de educación vial, si bien deben incluir información, el aspecto más significativo a producir y transmitir es el emocional.

 Aunque nos equivocaremos si creemos que las dramáticas imágenes de autos accidentados con personas fallecidas en su interior obrarían como disparador o conciencia de cuidados. La psicología de las personas se las ingenia muy bien para negar los dolores de otros.

Hubo, hay y habrá experiencias de crear medidas y acciones preventivas en cada ciudad, provincias y en el país. En el año 2008 en Concordia, personas con jerarquizados recorridos en el tema proveniente de la Policía de Entre Ríos, junto a diferentes instituciones ligadas a la Salud Municipal y Provincial, al Consejo General de Educación, con su respetable programa de Prevención Vial, Asociaciones Civiles de Familiares Víctimas de Accidentes trabajaron durante tres meses en la creación de un programa convocados por la Mesa de Seguridad de Concordia, creada por el Honorable Concejo Deliberante y decidido apoyo del Ejecutivo Municipal, en ese entonces en mano de Gustavo Bordet. Las acciones proyectadas, luego del reconocer los puntos de riesgos más elevados de la ciudad, se asociaron a acciones preventiva directas a realizar por niños y niñas estudiantes, que se encargarían de mostrar a los conductores infractores, sus comportamientos deficitarios.

El plan novedoso, se afirmaba en la potente voz de los niños que naturalmente cuestionan los comportamientos enfermizos de los adultos. Desde el ¿porque fuma si te hace mal?, hasta los innumerables planteos viales, como por ejemplo ¿porqué estaciona sobre la rampa de discapacitados? O la simple pregunta ¿no sabe que no se puede estacionar en doble mano, obstruyendo el paso de los demás? Imaginar las caras de estos conductores, sin poder elaborar respuestas coherentes, producto del impacto de la vergüenza (emocional), provocaría en menos de seis meses, realizar la rutina normal de estacionar a treinta metros y simplemente caminar.

Por causas de orden económicas, y acuerdos interinstitucionales, aquel proyecto de educación vial, no pudo llevarse a cabo. Quedó pendiente. En tanto, la cultura y costumbres cotidianas, continúan tallando de manera eficaz para seguir siendo incumplidores de las normas, apreciando en otros los errores y negando nuestro diario aporte a este síntoma social.

Lic. Mario Sarli

Psicólogo

psicosarli@gmail.com

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