Opinión

Ser humanos - 2 de Marzo de 2019 - Nota vista 440 veces

LAS MÁSCARAS… Y EL CARNAVAL

Había una vez un hombre que había hecho siete máscaras y las usaba permanentemente dependiendo la situación, o las emociones que quería causar en los demás. Un día entraron ladrones a su casa y se las robaron. El hombre, desesperado, los comenzó a seguir… gritando:

-¿Ladrones, ladrones, ladrones, devuélvanme mis máscaras, no se las lleven, por favor!

Los ladrones corrían y corrían, y el hombre los seguía por toda la ciudad.

En un determinado momento, los delincuentes empezaron a trepar por un edificio y el hombre levantó su rostro para verlos. Por primera vez los rayos del sol dieron en su rostro y, entonces, por primera vez, sintió el calor del sol.

En ese momento, ese hombre, que hasta hacía unos instantes lloraba por sus máscaras, comenzó a gritar:

-¡Ladrones, benditos ladrones que me han robado mis máscaras!

EL CARNAVAL

Estamos transitando los días de Carnaval, una celebración previa a la Cuaresma Cristiana. Se dice que esta festividad se creó para celebrar y divertirse antes de los cuarenta días de abstinencia y recogimiento que propone la religión; donde se combinan disfraces, baile, música, desfiles y festejos en las calles, y también mucha permisividad, descontrol y hasta excesos.

Se cuenta que el origen del Carnaval viene de las fiestas paganas, en los pueblos antiguos, como los egipcios, los romanos, que las realizaban en honor a sus Dioses. Luego esa costumbre pasó a Europa, llegando, posteriormente, a América.

¿Y por qué se usaban máscaras y disfraces? Se dice que todo comenzó para conservar el anonimato ante los vecinos, porque en esos días de grandes jolgorios, donde “todo valía”, no querían ser reconocidos. El disfraz o la máscara ocultaba el rostro y la verdadera identidad de quien lo llevaba. Con el tiempo esa vergüenza para no ser vistos durante las fiestas fue pasando, pero el gusto por los trajes y el lucir bellas mascaras perdura hasta hoy.

COLECCIONAR “MASCARAS”

Ahora bien, el jugar con máscaras durante el carnaval es una costumbre divertida que traemos de niños… pero, continuar usándolas durante el año, es una llamada de atención y de conciencia.

Según el Licenciado Bernardo Stamateas, dice que, todos, en algún momento de nuestra vida utilizamos máscaras; es decir, que adoptamos ciertas actitudes o interpretamos roles de acuerdo con quien estemos y la situación que vivamos. Nacemos con capacidades, recursos, talentos y un potencial ilimitado que necesitamos reconocer y liberar, porque nos fueron dados para que los activemos. Sin embargo, muchas veces escogemos usar máscaras: simular y no mostrarnos tal cual somos.

Según este profesional, algunas de las máscaras más comunes que la gente usa son:

• Máscara del poder: demostrando su dinero, status, contactos. etc.

• Má<<<<scara de la superioridad: para impresionar, demostrar y sobresalir.

• Máscara de la víctima: la persona que siempre tiene un problema, vive sufriendo y nunca sonríe.

El propósito (inconsciente) de ponerse una máscara es llamar la atención e intentar convencer a los demás de algo que no somos; es aparentar, crear una imagen, construir un personaje con el cual nos identificamos tanto que nos creemos esa historia, nos confundimos y ya no sabemos quién, en verdad, somos: “el hombre trabajador y esforzado”; “la madre abnegada”; “el galán”; “la amiga salvadora y perfecta”; “el abogado exitoso”; “el quejoso”; “el humorista”; “la golosa”, “el celoso”, “la controladora” … y así tantas etiquetas que nos condicionan y limitan.

Además, ponemos tanta energía en sostener esa máscara, esa imagen creada, esa mentira que construimos para sentirnos amados, aceptados, reconocidos o para pertenecer, que perdemos de disfrutar el momento, vivir el aquí y ahora siendo tal cual somos.

SER UNO MISMO

Las máscaras nos avisan que hay un vacío interno, una falta de aceptación y valoración propia, una baja estima. Sólo cuando decidimos quitarnos las máscaras sea voluntariamente o porque la vida nos despierta con alguna situación movilizadora (enfermedad, separación, despido, pérdidas, accidente, etc.) … recuperamos nuestro poder interior, nuestra valía, y salimos al mundo tal cual somos, siendo originales y no copias de nadie.

Y nos animamos a soltar, a cambiar, a dejar el carnaval, el show, las apariencias… y al fin, SER quienes en verdad somos, sin ataduras, sin estar pendientes del “qué dirán”, del juicio del otro, de los condicionamientos o de lo que los demás esperan de nosotros… solo en ese momento, nuestra auténtica esencia renace y se expande.

Y así, como el hombre de la historia de hoy, en ese momento nos sentiremos libres para elegir y expresar lo que pensamos y sentimos, libres para tomar las decisiones que nos lleven a nuestro bienestar, armonía y felicidad. Y bendeciremos nuestra valentía para soltar esas máscaras que habíamos estado coleccionando por tanto tiempo…



María Inés Francisconi

Desarrollo humano

Abogada mediadora

Coach Ontológico

Contacto: Ine.francisconi@gmail.com

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