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CONOCER EL MUNDO CON AFS - 22 de Febrero de 2019 - Nota vista 1148 veces

Estudiante ganadora de la tercera edición de la BECA “JOSÉ FRANCISCO MERRO” relata su experiencia en Italia

Conocer distintas culturas, hablar otro idioma, adaptarse a un ambiente diferente, hacer nuevos amigos, resolver dificultades, ver otras realidades, son algunas de las experiencias que transitan los estudiantes de AFS cuando realizan un intercambio en el extranjero, que influyen sobre su visión del mundo y expanden sus horizontes.

Sol Riehme, alumna de la Escuela Nuestra Señora de Itatí, ganadora de la tercera edición de la Beca José Francisco Merro, otorgada el año pasado por la ESTRUCTURA VOLUNTARIA de AFS Concordia PROGRAMAS INTERCULTURALES, nos brinda su testimonio, cargado de vivencias únicas e inolvidables.  

«Todo esta aventura inimaginable comenzó con el apoyo de muchos y con el hecho de haberme anotado para participar de una beca a la que solo me postulé para sentir una experiencia nueva y conocer personas con pensamientos creativos distintos de los míos. Y ahora, puedo contar con mis propios ojos lo que viví y lo que crecí, tanto culturalmente como en lo personal y humano.

Una amiga dominicana, que conocí en el intercambio me dijo una vez: En la vida, hay varias clases de personas: unas que aparecen y se van sin crear ruido y otras que aparecen en silencio para quedarse para siempre. En caso de que lo dudes, tú eres la segunda clase de persona».

«No existen maneras explicables de cómo comienzan este tipo de cosas que cierran un ciclo en nuestras vidas y que muy pocos afortunados pueden llegar a experimentar. Pero así me sentí yo: afortunada.

Afortunada por esta experiencia que traté de aprovechar al máximo, por todo lo que conocí, sentí, viví, amé y aprendí. Afortunada por las personas maravillosas con las que me relacioné y las que se interesaron por conocerme y conocer un poco más de mi cultura y mis costumbres. Afortunada por todas las primeras experiencias que sentí y viví, por haber logrado estar a más de 15.000 km alejada de mi familia, mis amigos y mi hogar para adaptarme a un estilo de vida completamente diferente, por sentir que en ningún momento estuve sola, gracias a todas las personas que a pesar de la distancia, siempre se preocuparon por mí, principalmente a los voluntarios de AFS que en todo momento estuvieron pendientes. A todos ellos, gracias de corazón. Cada palabra y cada mensaje para saber cómo estaba quedarán grabados en mí para toda la vida». 

«La mayor parte de mi tiempo lo pasé con una amiga dominicana. Con ella, nos perdíamos en ese mundo nuevo y en algún lado terminábamos. Nos desconectábamos de todo para conectarnos entre nosotras porque hablábamos de la totalidad de nuestros sueños, de un futuro hipotético, que quizá jamás llegue a hacerse realidad, pero -ella lo dijo- así somos».

«No estoy segura de haber “caído” en la ciudad o en la familia justa, pero espero que lo poco que llegué a enseñarles de mi país les quede guardado para siempre en su memoria y en su corazón y que de las pequeñas cosas rescaten lo más significativo para cada uno. Entendí que sin importar el país, en toda familia, cada cabeza es un universo que piensa y actúa por sí mismo».

«Con un intercambio uno cambia y crece. Cambia porque se abre la mente, conoce y se autoconoce, aprende cosas nuevas que nunca hubiera pensado que pasarían.

Tanto por dar y recibir, tanto por preguntar, por conocer y explorar, por aventurar, tanto por querer… y solo fueron dos meses, que casi sin enterarme, pasaron volando.

Ahora puedo decir que sé comunicarme en otra lengua, que tengo amigos de todo el planeta que solo el destino sabe si volveré a ver algún día y que cumplí un objetivo más en mi vida. 

Como jóvenes, no permitamos que mentes cerradas nos quieran convencer de que nuestros sueños son demasiado grandes. Cualquier sueño es grande, depende de la actitud que le pongamos. Nadie sabe en qué momento podremos estar parados al otro lado del mundo para después poder contar y escribir una historia como esta».


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