Ciencia

16 de Febrero de 2019 - Nota vista 546 veces

Crece en Harvard la idea de haber hallado un objeto extraterrestre cerca de Júpiter

El objeto denominado Oumuamua es el primer visitante interestelar conocido por el ser humano y sigue siendo el centro del misterio para los científicos, que pensaban que era un asteroide, pero ahora la evidencia muestra que no se comporta como tal.

Desde que en octubre de 2017 los astrónomos de la Universidad de Hawaii (Estados Unidos) detectaron la luz procedente de un viajero llegado desde fuera del Sistema Solar, muchas han sido las teorías acerca de su origen. 

En un primer momento se lo catalogó como cometa, aunque la idea fue descartada casi de inmediato, por no tener una cola. Si se tratara de un cometa, al acercarse al Sol emitiría gases que le aportarían un empuje adicional, como si fuera un cohete. Pero para ello debería perder una parte de su masa: el 10 %. Cosa que no hizo.

Además, hay otro detalle llamativo: al emitir gases, su rotación tendría que haber cambiado, pero no se ha observado este efecto. Por eso, muchos astrónomos concluyeron a primera vista que era un asteroide.

Esto fue, sin embargo, hasta que el seguimiento que cientos de telescopios terrestres comenzaron a hacerle, determinaron que realizaba una extraña trayectoria, no compatible con un objeto espacial como un meteorito. Confirmaron durante varios meses de 2018 que el objeto aceleraba su velocidad, en lugar de disminuirla y no perdía masa al pasar cerca del Sol.

El objeto interestelar aceleró mientras pasó el Sol a toda velocidad, como si hubiese sido impulsada mediante la luz que cae en su superficie.

¿Podría tratarse de una nave espacial extraterrestre? Las primeras preguntas y dudas comenzaban a orbitar en las cabezas de los mejores astrónomos del mundo.

Abraham Loeb – o Avi, como lo llaman los amigos – es un astrónomo israelí, director del Instituto de Astronomía de la Universidad de Harvard, que rompió el molde académico y sin dudarlo afirmó: “Se trata de una nave espacial o parte de ella que está volando más allá de la órbita de Júpiter”.

“Cuanto más estudio este objeto, más extraño me parece, y me pregunto si podría tratarse de una sonda artificial enviada por una civilización alienígena”, sostuvo unos meses atrás el astrónomo que antes de este anuncio era conocido por su modestia, esa que aprendió cuando creció en una granja de Israel en la década del 60.

Loeb modificó ese atributo y lo transformó en lo que llama “modestia cósmica”: la idea que supone ser arrogante al afirmar que estamos solos en el universo.

El astrónomo es un científico importante en Estados Unidos, que ha dado clases por tres décadas en las universidades top y la revista Time lo consideró en 2012 como una de las 25 personas más influyentes en las ciencias espaciales.

El astrofísico, nacido en Israel, es autor de 4 libros y más de 700 artículos científicos sobre agujeros negros, las primeras estrellas del Universo, la búsqueda de vida extraterrestre y el futuro del Cosmos. Incluso pudo trazar el curso de colisión entre la Vía Láctea y la galaxia de Andrómeda.

Loeb también es presidente de la Junta de Física y Astronomía de las Academias Nacionales en EE.UU., es miembro electo de la Academia Americana de Artes y Ciencias, de la Sociedad Americana de Física y la Academia Internacional de Astronáutica, entre otros reconocimientos.

Desecho de un naufragio

Loeb publicó junto a Shmuel Bialy, investigador postdoctoral en el Instituto de Teoría y Computación del mismo centro académico, un trabajo en el Astrophysical Journal y en arXiv, la plataforma científica online, donde especulan con un origen artificial del objeto interestelar (llamado ‘Oumuamua, que en hawaiano que significa “explorador”), que llegó a nuestra remota zona de la Vía Láctea, diseñado para el viaje de reconocimiento interestelar por una civilización avanzada, pero cuya misión haya terminado y se haya convertido en el desecho de un naufragio.

“Explicamos el exceso de aceleración de Oumuamua lejos del Sol como resultado de la fuerza que la Luz del Sol ejerce sobre su superficie. Para que esta fuerza explique el exceso de aceleración medida, el objeto debe ser extremadamente pequeño, del orden de una fracción de milímetro de espesor pero de decenas de metros de tamaño. Esto hace que el objeto sea liviano para su área de superficie y le permite actuar como una vela ligera. Su origen podría ser natural (en el medio interestelar o discos protoplanetarios) o artificial (como una sonda enviada para una misión de reconocimiento en la región interior del Sistema Solar)”, afirmó Loeb.

Basándose en esto, Bialy y Loeb calcularon la probable forma, el grosor y la relación masa-área que tendría un objeto tan artificial. También intentaron determinar si este objeto podría sobrevivir en el espacio interestelar, y si podría o no resistir las tensiones de tracción causadas por la rotación y las fuerzas de marea.

Lo que encontraron fue que una vela con solo una fracción de milímetro de espesor (0,3-0,9 milímetros) sería suficiente para que una lámina de material sólido sobreviviera el viaje a través de toda la galaxia, aunque esto depende en gran medida de la densidad de masa de Oumuamua. Gruesa o delgada, esta vela podría soportar colisiones con granos de polvo y gas que impregnan el medio interestelar, así como fuerzas centrífugas y de marea.

En cuanto a lo que estaría haciendo una vela ligera extraterrestre en nuestro Sistema Solar, Bialy y Loeb sugieren que la sonda puede ser realmente una vela difunta que flota bajo la influencia de la gravedad y la radiación estelar, similar a los desechos de los naufragios de barcos que flotan en el océano.

Voces en contra

La afirmación de Loeb, que adujo no buscar fama ni publicidad ya que escribió el artículo y no hizo ninguna conferencia de prensa para anunciarlo, chocó con la opinión de varios colegas. “’Oumuamua no es una nave espacial extraterrestre, y los autores del artículo insultan una investigación científica honesta e incluso lo sugieren”, escribió Paul M. Sutter, astrofísico de la Universidad Estatal de Ohio.

“Se trata de un ejemplo impactante de la ciencia sensacionalista y mal motivada”, afirmó el astrofísico teórico Ethan Siegel en la revista Forbes. En tanto, la astrofisista de la North Carolina State University Katie Mack deslizó que Loeb estaba buscando publicidad: “A veces escribes un artículo sobre algo que no crees que sea verdad en absoluto, solo con el propósito de publicarlo”.

La NASA, cauta

Usando las observaciones del Telescopio Espacial Hubble de la NASA y los observatorios terrestres, un equipo internacional de científicos confirmó que Oumuamua (oh-MOO-ah-MOO-ah), el primer objeto interestelar conocido en viajar a través de nuestro sistema solar, recibió un impulso inesperado en velocidad y cambio en la trayectoria a medida que pasaba por el Sistema Solar interior el año pasado.

“Nuestras mediciones de alta precisión de la posición de ‘Oumuamua revelaron que había algo que afectaba su movimiento además de las fuerzas gravitacionales del Sol y los planetas”, afirmó Marco Micheli del Centro de Coordinación de Objetos Cercanos a la Observación de la Situación Espacial de la Agencia Espacial Europea (ESA) en Frascati, Italia, y autor principal de un artículo que describe los hallazgos del equipo.

Al analizar la trayectoria del visitante interestelar, el coautor Davide Farnocchia del Centro de Estudios de Objetos Cercanos a la Tierra (CNEOS) en el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA encontró que el aumento de velocidad era consistente con el comportamiento de un cometa.

“Esta fuerza sutil adicional en ′ Oumuamua probablemente es causada por chorros de material gaseoso expulsados ​​de su superficie”, dijo Farnocchia, que agregó: “Este mismo tipo de desgasificación afecta el movimiento de muchos cometas en nuestro sistema solar”.

Los cometas normalmente expulsan grandes cantidades de polvo y gas cuando son calentados por el sol. Pero según el científico del equipo Olivier Hainaut, del Observatorio Europeo del Sur, “no hubo signos visibles de desgasificación de ′ Oumuamua, por lo que no se esperaban estas fuerzas”.

Loeb se defiende y refuta: “Oumuamua podría ser una muestra de tecnología extraterrestre que llegó para explorar nuestro Sistema Solar, del mismo modo que nosotros esperamos explorar Alpha Centauri utilizando Starshot y tecnologías similares. La alternativa podría ser “imaginar que Oumuamua estaba en una misión de reconocimiento”.

Las futuras misiones espaciales y los telescopios que se están construyendo podrían detectar más de estos vagabundos interestelares y saber si su origen es natural o artificial, construido por otra civilización.


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