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11 de Febrero de 2019 - Nota vista 293 veces

Daniel Ortiz: “Si yo hubiese tenido, hace 10 años, esta silla, hubiese hecho un despelote”

Daniel Ortiz es un atleta especial de la ciudad de Concordia, quien ha ganado en nueve oportunidades la “Maratón Internacional de Reyes”, una de las competiciones más importantes de nuestra localidad desde hace 40 años.

Ortiz, de 42 años de edad y ganador de las últimas dos ediciones de dicha maratón, cuenta a El Heraldo que luego de estar dentro de los cinco atletas especiales más importantes del país, abandonó la competición durante siete años, pero gracias al esfuerzo de su esposa quien le regaló una silla profesional, pudo volver a retomar y enfatiza “si yo hubiese tenido hace 10 años esta silla, hubiese hecho un despelote. Han venido los mejores de Argentina a correr acá y les he ganado”, extiende el relato.

El atleta local, recuerda que durante 15 años integró la selección argentina de atletismo, pero tuvo que federarse representando a Mar del Plata porque “nunca tuvo el apoyo necesario de la ciudad”. También hace hincapié que en el equipo argentino “se hace mucha diferencia con los atletas que son de Buenos Aires; una vez, mis compañeros viajaron a San Pablo, Brasil, dos horas en avión y yo tuve que viajar dos días en colectivo”; en esa oportunidad, ayudado por Pablo Telayna.

“Es extraño que habiendo tantas personas que hayan trabajado en discapacidad, durante muchos años, no tengamos el apoyo que necesitemos para competir; en la ciudad hemos llegado a ser 15 personas, pero algunos fueron falleciendo o otros dejando, es mucho esfuerzo, más si no tenés apoyo”, expresa el deportista concordiense.

Consultado sobre el tema inclusión, Ortiz dice que “no hay respeto, en la ciudad hay cosas pero faltan muchas; por ejemplo, no puede ser que la puerta principal de un banco tenga solo escaleras y así con varias instituciones. En Chajarí y Villa Elisa tienen un poco más de respeto y de ideas con este tema”, agrega. Otro tema es el laboral, “hace 20 años que pertenezco a la Dirección de discapacidad y todavía no he logrado tener un lugar fijo dónde desempeñar mis actividades”, expresa sonriendo.

Ortiz cuenta que llegó al deporte gracias a Javier Zampedri, a quien tuvo como profesor en la escuela. “Zampedri me fue a buscar a ADISMOC (Asociación Discapacitados Motrices Concordia); primero comenzamos con natación, luego pasé por el básquet y finalmente, gracias a Rodolfo Locaso, llegué al atletismo. A ADISMOC la conocí por la televisión y fui uno de los primero que llegó a la asociación”, relata el concordiense.

Volviendo un poco en el tiempo, el atleta local nos contó que “cuando tenía 18 años recién cumplidos recibí un disparo de arma de fuego por parte de un delincuente, que me dejó parapléjico. La paraplejia es cuando te queda inmóvil la parte de los miembros inferiores”. Explica Ortiz que tiene inmóvil desde la mitad de la cintura hacia abajo, más precisamente desde la dorsal 12.

“Al principio, como era un gurí, esto era como un juego para mí”, comenzó a describir de cómo fueron sus primeros días después del accidente. “Estuve tres meses internado en el hospital, dos veces operado de la espalda y poco más de un año en Villaguay en rehabilitación. Allá se reían porque yo no caí nunca de mi cabeza; hasta que un día caí, me encontré solo allá y me volví para Concordia. Desde los 20 años que estoy en deportes”, contó.

Volviendo a estos tiempos, Ortiz destaca que “tuve la suerte de viajar por todos lados, conocer mucha gente, hice muchos amigos”. El atleta detalló viajes por nuestro país, Uruguay y Brasil. Ortiz ha disputado todo tipo de competiciones y cuenta que “hay que estar muy bien de la cabeza para los tramos largos; en los 42 kilómetros me ha ido bien, pero algunas veces necesité gente que me acompañe al lado, que me hable, porque no tenes dimensión de cuanto falta, más que por el reloj o los lugares, psicológicamente es duro”.

Por último, Ortiz cuenta que donde puede viajar, viaja y corre, sin apoyo no es fácil porque debe viajar con su esposa y su hermano, quien lo ayuda a subir y bajar del colectivo porque solo no puede.

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