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“En el 70% de los crímenes de mujeres, las asesinan por razones de género” - 4 de Febrero de 2019 - Nota vista 250 veces

Femicidios

Entrevista con Carolina Barone, Directora de Ejecución de Políticas de Género del Ministerio de Seguridad de la Nación

¿Qué reflexión te provoca que en lo que va del año ya haya habido 22 femicidios?

Lo más importante es saber que estamos en un número similar a lo que era el año pasado lamentablemente, lo que pone a los organismos del Estado a redoblar esfuerzos para trabajar y reducir estas cifras terroríficas. Entiendo que los femicidios y la trata de personas son las máximas expresiones de violencia contra las mujeres. Un femicidio es el asesinato de una mujer por el hecho de ser mujer, por razones de género. En el 70 por ciento de los homicidios de mujeres las matan por razones de género. A los hombres no los matan por razones de género, son asesinados en otro contexto. Y están los femicidios vinculados, en donde se ejerce violencia sobre los niños por ejemplo, para hacerle daño a la mujer. Y también está el femicidio en la línea de fuego, que es una persona que está en la escena y se cruza y finalmente es asesinada en el contexto de la violencia contra la mujer.

¿Cuántos femicidios hay en la Argentina?

Según el informe de la Corte Suprema en 2017 hubo 251 víctimas de femicidio y 22 víctimas de femicidio vinculado.

¿Cuál es la labor específica de tu área?

Lo que hacemos es trabajar con las fuerzas federales de seguridad toda vez que haya situaciones de violencia de género. Son cien mil agentes en total desplegados en todo el país con el armamento reglamentario que le da el Estado entonces hay una doble responsabilidad ahí. Nosotros cada vez que hay una denuncia que afecte a esos agentes a través de la División de Género es gestionar la orden de restricción del uso del arma reglamentaria que puede ser parcial o total, para reducir el factor de riesgo, porque según la Corte 12 de esos 251 femicidios de 2017 fueron ocasionados por armas reglamentarias.

¿Y durante este año?

Este año no registramos femicidios en las fuerzas de seguridad del ministerio. Esta es una labor que deben hacer todos los ministerios de Seguridad del país. Tener un ámbito donde recibir las denuncias con perspectiva de género que pueden provenir de civiles o de policías.

¿Cómo se maneja la restricción del arma?

Lo que evitamos es que se tengan que llevar el arma a la casa, porque del total de los femicidios el 80 % ocurrió en el domicilio particular de la víctima o en el del victimario. Que es el lugar que uno piensa que es el más seguro del mundo...su propia casa, su refugio, su hogar. Y esa es una complejidad adicional de este flagelo, por eso es fundamental abordar el problema integralmente.

¿Es posible evitar los femicidios?

A través del ministerio hemos comprado tobilleras que se le colocan al agresor donde se hace un seguimiento para impedir el contacto con la víctima, que buscan precisamente eso. Depende del riesgo, se toman determinadas medidas, que puede ser la exclusión del hogar, perimetrales, la tobillera, el botón de pánico... son distintas herramientas que dependen de cada jurisdicción de la Justicia.

Tengo la sensación de que cuando el varón se promete matar a la mujer, lo logra.

Uno puede gestionar medidas, pero no son infalibles... últimamente estamos viendo más casos que el femicidio continúa con el suicidio del victimario y algo que llama la atención es que el arma usada se divide en la misma proporción entre armas de fuego, armas blancas y la asfixia y en las dos últimas tiene que ver con el ensañamiento, con provocar una muerte que sea dolorosa. Ante cualquier cosa rara hay que llamar al 144.

 No sentir culpa ni vergüenza por estar atravesando una situación que puede ser de violencia de género. Siempre es mejor preguntar, acercarse que quedarse en silencio. Solamente en dos de cada diez femicidios existían denuncia, con lo cual es imposible prevenirlos.

Sentir la muerte de ella… ¿Por qué los hombres matan a las mujeres?

Tiene que ver con la sensación de posesión del otro, que ella le pertenece, ‘sos mía o de nadie más’, no toleran la decisión de ser libre de la otra persona y ahí primero la manipulación, después celos excesivos, luego la violencia física y llega un momento que puede haber abuso sexual y después las matan. Cada caso es muy diferente, pero siempre está la idea de posesión de la otra persona. Es absolutamente perverso, es de las peores formas de vulneración de los Derechos Humanos de las mujeres.

¿El femicidio es un drama mundial?

Hay un informe muy bueno de la ONU sobre muerte violenta de la mujer y el número es atroz: en 2018 fueron asesinadas 87 mil mujeres por razones de género y de los 25 países más violentos contra las mujeres, 14 son de América Latina. El año pasado hubo más de 170 marchas en el mundo contra la violencia de género. Reclamando con que el “Una menos” sea una realidad.

¿El origen del femicidio es cultural?

Tiene que ver con una forma de relacionarse en el que nos educaron a todos en donde había roles muy definidos y también lo que está sucediendo es que las mujeres nos animamos a ejercer nuestros derechos, a disfrutar de nuestra sexualidad, de nuestra profesión, a elegir lo que queremos ser y eso se ve como un desafío a lo estipulado y tiene un costo también porque es desafiar el status quo y el sistema tiene a corregir aquello que es mandado. Hay que deconstruir entre todos ese sistema que construimos todos. Hoy el acoso callejero está penado por ejemplo en la Ciudad de Buenos Aires, porque esas cosas te dejan marcada.

 El cien por ciento de las mujeres se acuerdan qué le dijeron, dónde fue y lo que tenían puesto, porque funciona así. Y hoy esas cosas ya no son tolerables ni son graciosas. Somos infinitamente diferentes pero todos tenemos igualdad de derechos y de oportunidades. Hay que revisar todos los días nuestros propios actos y comentarios.

De a poco se están revirtiendo los modelos de tapas de revistas con mujeres esculpidas en traje de baño y de hombre con saco y corbata que cuentan cómo se están desarrollando profesionalmente. El sistema está cambiando y dentro de 30 años vamos a mirar hacia atrás y sentir que fuimos protagonistas de ese cambio de paradigma.

¿Qué sentís cuando en los actos feministas hay violencia o ataques a las iglesias?

Elijo no quedarme con esa foto, porque ese es un sector muy chiquito. Me quedo con lo que sucede en esos encuentros, con esos debates, donde no hay partidos políticos. Son oportunidades hermosas que encuentran las mujeres para pensar estrategias para el libre ejercicio de sus derechos. A mí no me representa ningún acto de violencia.

¿Y que en esos encuentros solamente se permitan mujeres y la participación de los hombres esté vedada?

En el cambio tiene que haber varones y mujeres entremezclados. Necesitamos que los varones pongan su voz y su compromiso para desandar este camino de violencia y de posesión.

La idea de cambiar el paradigma de ‘soy remacho porque tengo tantas minas’ porque el patriarcado tiene un alto costo también para los varones. En ese rol social de proveedores los hombres pierden mucho, perdieron momentos con sus hijos por ejemplo. Se trata de pensar que hay que respetar el tiempo y el cuerpo de cada uno. Puedo pecar de muy optimista, pero vamos en el buen camino.

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