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14 de Enero de 2019 - Nota vista 505 veces

La increíble historia de Pablo Martínez, el surfista no vidente que busca su cuarto Mundial

A los cinco años una neuritis óptica bilateral cambió su vida. Hoy tiene 29, se está por recibir de kinesiólogo, es papá y se las rebusca vendiendo rifas para competir en el exterior. “Sueño con que el surf adaptado sea Paralímpico”, deslizó el primer argentino en incursionar en dicha categoría. Entérate cómo colaborar.

Pablo Martínez tiene 29 años y hace tres que practica surf adaptado. Es fanático de River, estudiante de kinesiología, amante de la filosofía, está en pareja y tiene una hija de cuatro años. Le gusta leer, escribir, armar proyectos y, sobre todo, vivir y disfrutar del deporte, a pesar del duro golpe que le dio la vida cuando perdió la visión a los cinco años por causas que se desconocen. ¿El diagnostico? “Una neuritis óptica bilateral. Lo que está afectado es el nervio óptico, no así los ojos. Por eso los míos tienen movimiento y un color normal”, es la respuesta médica que maneja Pablo, que el año pasado sufrió la pérdida de su padre a causa de un ACV y hoy comparte su historia a diario en su Facebook “Pablo Martínez surfeando al Mundial”.

¿Cómo enfrentaste la vida cuando entendiste que ya no ibas a poder ver?

Al principio lo hice como pude. Mi familia y varios profesionales se encargaron de acompañarme en la rehabilitación. Enfrenté la situación a través de la confusión y de la prueba y error. Después vas adquiriendo confianza con las cosas que te salen bien, como en los primeros ámbitos de la vida. Todavía recuerdo las caras de mi familia. Antes de que me sucediera esto, aprendí varias cosas por imitación de la vista como escribir con letras grandes, caminar o patear una pelota. Mi gran aliado fue sin dudas el deporte.

¿En algún momento te preguntaste “por qué me tocó a mí”?

Supongo que de chico me lo he preguntado muchas más veces que ahora. Al principio esa pregunta es frecuente, normal y necesaria. El enojo es parte del proceso del duelo. Cuando ya lo aceptas, ese enojo pierde su energía y efecto. Cuando llegó a una esquina me encuentro con respuestas atípicas de las personas. Algunos te quieren ayudar con demasiado ahínco. Otras te ayudan y te sueltan porque te notan muy independiente. Es divertido ponerse a identificar qué es lo que les pasa a las personas.

¿Cómo es tu día a día?

Duermo pocas horas y me levanto temprano. Suelo desayunar muy sano y tomo mucha agua. Ahora estoy de pretemporada. Me gusta mucho la lectura y además escribo, pero siempre termino rompiendo lo que hago. Prometo que este año voy a sentar cabeza. Escribo proyectos que se puedan dar con el surf adaptado y además busco sponsors que me permitan asistir a más torneos fuera del país.

¿Qué otros deportes practicaste?

Soy muy curioso. Me gusta ir descubriendo mis condiciones físicas. Corro, hice atletismo, natación, pesas, remo y taekwondo hasta que me encontré con el mar y el surf adaptado.

¿Qué es el surf para vos?

Se convirtió en un estilo de vida, una filosofía, una manera de percibir lo que me pasa, incluso lo que acontece afuera del agua. El surf no se termina cuando estoy en la orilla, me saco el traje y me seco. El conectar una ola después habita el recuerdo en mi memoria y me hace pensar cómo volver a tomar la que sigue.

¿Qué te motiva a subirte todos los días arriba de una tabla?

Es algo nuevo, sale de lo tradicional. Ponerse a prueba si era posible o no que un ciego pudiera surfear. Cuando me di cuenta que lo podía hacer, el siguiente paso era abrirles el camino a otras personas. Lo mejor de ser el primero es que les facilitas el camino a los que vienen atrás.

¿Qué sentís cuando te metes al mar y rompes la primera ola?

Me lleno de fuerza, me siento libre... Es una adrenalina, una descarga de endorfinas. Una sensación de felicidad que no encuentro en otra parte. No tengo el recuerdo visual de cómo se forma la ola o cómo rompe. Tampoco el famoso “tubo”. Por ahí tengo el recuerdo de meterme al agua con mi familia o mis hermanas, pero no las cosas que hoy me podrían ayudar para la práctica.

¿Cómo aprendiste a surfear si la mayoría de las referencias son visuales?

Confiando mucho en mi entrenador (“Chiri”). Es el condimento básico para desarrollar este deporte. Fui su alumno y ahora somos amigos. Aprendí a prestarle atención a muchas cosas que antes pasaban por desapercibidas como el lugar por donde me pega el viento o el sol para orientar la dirección. Cada ola lleva un número para saber cómo agarrarla. Conversamos mucho acerca de las condiciones del mar antes de entrar. El nada cerca de mí para que lo escuche, sin tocar mi tabla o mi cuerpo. Los entrenadores de otros chicos ciegos entran con una tabla al lado y reman a la par de ellos.

¿Cómo manejas la posibilidad de caerte o lastimarte? ¿Tenés miedos?

Los miedos existen, no hay que negarlos. Tenemos un mar muy frío e inestable. Hay momentos y olas que son más complicadas que otras. Te podes caer, pero abajo hay agua y enseguida hay que volver a flote. Es parte de la anécdota y de lo divertido que tiene surfear. Todavía no lo hicimos donde hay rocas o cosas que te puedan lastimar. Los entrenamientos son intensos y duran 45 minutos, sobre todo en invierno. Lo que uno más hace es remar la ola.

¿Qué tiene el surf de distinto a otros deportes?

Uno puede conectarse con uno mismo y con la naturaleza. No encontrás nunca tu techo porque no dejas de superarte día a día. Hay momentos en los cuales estás tranquilo y otros que te enfrentas con una exigencia máxima. Emocionalmente nos volvemos mejores y más perceptivos.

¿Cómo surgió la idea de competir en un Mundial?

Por buscar referencias. En el país soy el primer ciego que hace surf adaptado y eso nos obligó a buscar referencias teóricas y prácticas. Las que encontrábamos eran de afuera. Yo sabía que también podía estar. Mis historias las cuento en las redes sociales y las personas me ayudaron a representar al país en el Mundial por tres años consecutivos en La Jolla, California, Estados Unidos.

¿Cómo solventas los viajes?

Por la autogestión y por el acompañamiento de las personas a través de rifas y eventos. Las personas que nos siguen en las redes sociales fueron colaborando y se hicieron parte de nuestro sueño. Recibí dos tablas de surf gracias a las donaciones de dos marcas. Me sirvieron muchísimo y me facilitaron los entrenamientos.

¿Recibís apoyo por parte del Municipio?

Si vamos estrictamente a lo económico, no. Si hemos tenido reconocimientos con el Emder, que en algún momento nos ayudó con una beca especial. También me nombraron como Embajador Deportivo de Mar del Plata. Tengo que destacar que cada vez que organizamos rifas las he ofrecido al Municipio y nos han ayudado.

¿En qué cambió tu vida el surf?

Mi manera de pensar, las prioridades... Sobre todo esto de entender que hay una parte de la ciudad que la estoy aprovechando. Recobro el buen humor y la buena onda. Los surfistas somos como Anteo (el personaje mitológico): necesitamos entrar al mar para cobrar nuevas fuerzas. Si no cómo explicas las ganas de conectar las olas con el frío y el cansancio.

¿Cuáles son tus límites?

Los recursos. Hoy no puedo vivir solo. Me gusta leer y mis amigos me ayudan a lograrlo, al igual que con el estudio. Cuando salgo a correr también tengo un guía que se prepara para acompañarme. Estoy rodeado de buenas personas.

¿Qué expectativas tenés para este 2019?

Pode viajar más para surfear. La cita obligada es el Mundial. Ponemos todo el esfuerzo y concentramos toda la energía para representar a Argentina. El primer sudamericano lo pudimos ganar y desde el área de Turismo se comprometieron a realizar otro. También deseo formar parte de los torneos que organizan países vecinos como Chile o Brasil.

¿Cuáles son tus sueños?

Que haya una selección de surf adaptado en Argentina con todas sus categorías, que sea Paralímpico y que más mujeres se animen. También quiero lograr la licenciatura en kinesiología (le quedan cinco finales y cursar dos materias) y llevar este deporte a las escuelas donde concurren personas con capacidades diferentes y compartirles lo que yo vivo dentro del agua. ¡Ah! Soy fanático de River y me gustaría conocer a los jugadores, a Marcelo Gallardo y el Monumental.

¿Qué mensaje les darías a las personas que se enfrentan día a día a una situación similar a la tuya?

Fausto (Goethe) sugiere que echemos mano de la vida en su totalidad. Dice que todos la vivimos, pero no todos la conocemos. Animarse a probar cosas que posiblemente te hagan feliz y darle para adelante. Hay personas que probaron con subirse a una tabla, pero no tuvieron continuidad. No sabemos en qué momento puede florecer la idea que tenemos en el corazón desde chicos. Si hacemos eso, es más factible que nos enfrentemos con una vida que podamos disfrutar. FUENTE: TyC Sports

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