Interés General

Por Darío H Garayalde - 7 de Enero de 2019 - Nota vista 770 veces

Las antiguas farmacias de Concordia desde 1859

Farmacia Rivadavia Hacía poco tiempo que los hermanos Aranguren se habían hecho cargo de la Farmacia la Estrella cuando arribó a Concordia Don Israel Levín, farmacéutico de nacionalidad rusa, que ofreció sus servicios profesionales y fue entonces incorporado a La Estrella en la preparación de recetas.

Trabajó un corto tiempo allí y luego fue animado por los hermanos Aranguren para que pusiera su propia farmacia, para lo cual le ofrecieron un local que era de propiedad de Justo A. Aranguren en la calle Rivadavia y Sáenz Peña (Jujuy en ese tiempo) que había quedado desocupado por su anterior inquilino, (la Casa Famularo, sastrería, camisería y sombrerería, negocio de propiedad de don Domingo Famularo desde 1919), donde por fin, cumpliendo su sueño se pudo instalar con su propia farmacia, gracias a ese ofrecimiento del Dr. Aranguren.

Recuerdo al Sr. Levín y también a su esposa llamada Myriam que era de nacionalidad francesa. La Sra. Myriam Levín era kinesióloga; ambos habían llegado con la colonización judía realizada por la JCA (Jewish Colonization Association) creada por el filántropo Barón Mauricio Hirsch y su esposa la Baronesa Clara. En homenaje a Clara Hirsch existe la localidad y estación de ferrocarril de Villa Clara.

Hay una singular historia en el pasado del Sr. Israel Levín, a quien la Guerra Mundial o La Gran Guerra (1914-1918) lo encuentra como farmacéutico del Ejército Ruso. En el sector del frente en el que le tocó actuar no había médico, por lo que debió desempeñarse como tal haciendo suturas, curando heridos, lo que realizó como pudo. Dentro de los heridos había un oficial con el que tuvo una dedicación especial y a quién cuidó de tal manera, que salvó su vida, a pesar de las deplorables condiciones en las cuales se desenvolvía.

Mientras tanto el frente ruso se derrumbaba por todos lados, no sólo por los reveses militares sino empujados también por los bolcheviques a abandonar las posiciones. La Revolución Rusa estaba en marcha.

El sector del frente donde se desempeñaba desde hacía largo tiempo el Sr. Levín, finalmente también se unió al desbande general.

Pero sucede que una patrulla captura a un grupo de desertores dentro de los que se encontraba Israel Levín. La deserción en el frente de batalla se castiga con la pena de muerte, previo juicio sumario.

Se le leyeron los cargos para disponer el fusilamiento, cuando el oficial que mandaba la patrulla, a pesar de la suciedad, la barba y los restos de uniforme reconoció en Don Levín a aquel que le había salvado la vida de manera tan abnegada y por lo tanto, en mérito a tal circunstancia salvó la suya.

Finalmente encontró en Concordia un lugar donde vivir en paz y en armonía con sus vecinos y en esa esquina trabajó muchos años, en un barrio próspero en esos tiempos por la cercanía del puerto que aún estaba activo y de la estación del Ferrocarril Urquiza. Era un barrio con una gran cantidad de casas de comida y hoteles de las más diversas categorías, como el Hotel Comercio, Boby, Majestic, Hotel Londres, Restaurant Florida, El Cuyano, Anahí, todos ellos dentro de la influencia de la Farmacia Rivadavia, lo que nos da una idea de lo intenso del movimiento del barrio.

El Sr. Israel Levín fue padre y luego abuelo de destacados investigadores científicos; el hijo se llamaba Emmanuel Levín el que trascendió en el ámbito de la investigación química, radicándose luego en los EE.UU.

Ya muy anciano decide vender la farmacia al Sr. Norberto Ibarguren el que aún pudo aprovechar de los prósperos tiempos de la actividad ferroviaria y de las barracas de lana y cuero de los alrededores, Molinos Río de la Plata y la instalación de una sucursal de la casa Bagley.

El Sr. Ibarguren tenía además un convenio con la Droguería Chajarí de Alberto Grand, por el cual recibía los pedidos de las otras farmacias y los pasaba a la droguería por medio de un radiotransmisor.

Su regente era el Sr. Osvaldo J. M. Cadario

Sin embargo, el cese del ferrocarril de pasajeros significó para el barrio un lento pero persistente retroceso y toda la riqueza comercial que he mencionado se esfumó.

Algunos se aferraron a la posibilidad de sobrevivir de todos modos, y así les fue…

Don. Norberto Ibarguren decide trasladar la Farmacia Rivadavia a la Avenida Tavella con buen criterio, ya que la ciudad se extiende hacia ese lado y las posibilidades eran mayores. Su regente pasa a ser la Sra. Teresa Romero. Pero fallece Don Ibarguren y la farmacia, con poca mercadería y encima en época de recesión, comienza un período de declinación que se extiende durante varios años, en los que uno de sus hijos que había quedado a cargo de la farmacia, ensaya varias formas para sacarla a flote, hasta con el apoyo de la Droguería del Sur, pero no logra sostenerla hasta que finalmente cierra sus puertas.

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