Interés General

7 de Enero de 2019 - Nota vista 275 veces

Los diez conflictos mundiales a los que prestar atención en 2019

Concentración e inestabilidad económica. La salida de Estados Unidos de Medio Oriente y la creciente influencia de Irán, Turquía y Arabia Saudita. China se expande. Aumenta el éxodo de Venezuela y Nicaragua. Las guerras de Yemen, Nigeria y Sudán. Las fuentes de violencia para este comienzo de año.

La Era de lo Imprevisible ya está instalada y en apogeo. En cualquier momento y en cualquier lugar puede ocurrir lo impensable. Es muy difícil predecir el desenlace de los conflictos. El orden internacional está desbaratado. Estados Unidos está perdiendo su supremacía. China está en pleno ascenso. Rusia pone un pie en todo lo que puede. Y decenas de otros poderes menores se atreven a poner a prueba sus límites. El multilateralismo está mal herido. Los instrumentos de acción colectiva, como el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, están paralizados. Y los de responsabilidad colectiva, como la Corte Penal Internacional, son ignorados y menospreciados. El terrorismo de origen islámico extremista sigue azotando a buena parte del mundo. La derrota del ISIS en Siria e Irak y la desaparición de su califato es apenas una batalla en una guerra mucho más prolongada. El fantasma de un ataque produce escalofríos permanentes en todo Occidente.

Tampoco es que la anterior era de la hegemonía Occidental fue muy exitosa. Poderes menores siguieron cometiendo crímenes horrorosos sin que las principales potencias hicieran nada para detenerlo. En la guerra de los 80 entre Irán e Irak se usaron armas químicas como en los últimos años también en Siria. En los Balcanes se produjo un río de sangre ante una Europa sin reacción. Las matanzas de Ruanda y Somalia. Las guerras de Afganistán e Irak que nunca terminaron. El colapso de Libia. Las guerras étnicas en Sri Lanka y Nigeria. El ascenso del nacionalismo y antiglobalismo de Donald Trump en Estados Unidos y el imprevisible rompimiento de Gran Bretaña con Europa a través del Brexit ayudaron en gran medida a consolidar en los últimos meses esta tendencia mundial de la diversificación del poder. Y alimentó los regímenes autoritarios como los de Rusia y Turquía. Hay un rechazo de las instituciones y normas internacionales. El negacionismo del cambio climático emanado principalmente desde Washington y seguido por el Brasil de Bolsonaro se instala como una fuerte oposición a la evidencia científica. Los populismos de derecha resurgen en Italia, Hungría y Polonia y los neonazis ascienden en Alemania, toda Escandinavia y Austria. Y los “hombres fuertes” de todo el planeta alimentan la violencia extrema: la expulsión de 700.000 rohingya en Myanmar; la opresión del régimen venezolano contra su propio pueblo; las purgas en Turquía y Egipto. Y la Rusia de Vladimir Putin que posa su garra de oso en Georgia y Crimea y aviva la violencia separatista en Ucrania; controla ilegalmente el Mar de Azov; envenena las democracias occidentales con la guerra cibernética. China obstruye la libertad de navegación en el Mar de China Meridional y detiene arbitrariamente a ciudadanos chinos y extranjeros. Arabia Saudita auspicia una guerra cruel en Yemen, secuestró al primer ministro libanés Hariri y ordenó el asesinato espantoso del periodista disidente Jamal Khashoggi en su consulado en Estambul. Irán planea ataques contra disidentes en suelo europeo. Israel se siente animado a socavar cada vez más sistemáticamente los cimientos de una posible solución de dos estados. Y todo puede tener un giro de 180 grados con la aparición de cualquier “cisne negro”, ese acontecimiento imprevisible que cambia la realidad a la velocidad de las conexiones cuánticas. En este estado de cosas, este 2019 que recién comienza nos obliga a mantener la atención sobre algunos conflictos claves que pueden marcar las relaciones internacionales en los próximos meses.

Concentración económica y desaceleración del crecimiento

La concentración económica está en la raíz de todos los conflictos que afectan al planeta. La escandalosa cifra que indica que 85 personas son dueñas de la misma riqueza de la mitad más pobre de la población global, indica una situación gravísima con consecuencias imprevisibles en cualquier país o región. Todo esto trae una enorme volatilidad en la economía. El precio del petróleo se desplomó hacia fin de año, la Bolsa de Nueva York perdió un 20% en el último trimestre y el crecimiento económico de China, motor de la economía mundial, se desacelera. El clima de caos político en Estados Unidos empeora las cosas. Comienza el año con una amenaza latente de una nueva recesión al estilo de la caída de Wall Street de 2008-9.

Chiitas-Sunitas

El conflicto que lleva 1.600 años entre las dos ramas principales del islamismo sigue marcando las relaciones en todo el mundo musulmán y muy particularmente en Medio Oriente. Irán, chiita, y Arabia Saudita, sunita, continuarán su histórico enfrentamiento con Yemen, Líbano y la guerra civil siria como sus principales campos de batalla. Estados Unidos e Israel están en el medio: siguen apoyando a los sauditas e imponen nuevas restricciones al gobierno de los ayatollah en Irán.

Estados Unidos-China

China y Estados Unidos están sumidos en una Relación Fría con la guerra comercial como la punta del Iceberg y afectando a todo el mundo. Esta rivalidad podría tener consecuencias geopolíticas graves. El otro choque está dado por el control que está tomando Beijing del Mar de China Meridional. La Estrategia de Defensa Nacional 2018 del gobierno estadounidense cita a la “competencia estratégica entre Estados” como su principal preocupación, con China y Rusia como competidores principales, después de muchos años en los que el terrorismo ocupó el primer lugar. De todos modos, no aparece como evidente que Beijing tenga la voluntad de desafiar el poder mundial a corto plazo. Y es posible que en los próximos meses Washington y Beijing alcancen algún tipo de acuerdo comercial que bajaría notablemente la tensión, aunque no eliminará la creciente rivalidad. Los riesgos de conflicto directo siguen siendo escasos, pero el Mar de China Meridional es una zona donde se podrían enfrentar naves de ambos países. Las últimas dos décadas han visto roces ocasionales entre las fuerzas chinas y los aviones del Pentágono. La apuesta del gobierno de Xi Jinping es quedarse con el control de esa zona de aguas estratégicas que llega a pocas millas de las costas vietnamita, malaya y filipina, y construir bases militares en islas naturales estratégicas y artificiales.

Yemen

Yemen es el país que más sufrió la falta de contención internacional en 2018. La crisis humanitaria desatada por el conflicto entre el gobierno, apoyado por los sauditas, y los rebeldes huties, que tienen el soporte de los iraníes, es en este momento la más grave del mundo. Después de más de cuatro años de guerra y un asedio liderado por Arabia Saudita, casi 16 millones de yemeníes se enfrentan a una “grave inseguridad alimentaria aguda”, según la ONU. Eso significa que uno de cada dos yemeníes no tiene suficientes alimentos. Los combates comenzaron a fines de 2014, después de que los rebeldes Houthi expulsaron de la capital al gobierno internacionalmente reconocido. Se intensificó cuando Arabia Saudita, junto a los Emiratos Árabes, comenzó a bombardear y bloquear Yemen. La presión de Estados Unidos para poner fin al conflicto se intensificará en 2019. Pero sólo la presión coordinada de Europa, Omán e Irán sobre los hutíes y de Washington sobre Arabia Saudita y los Emiratos podría detener la guerra. De lo contrario, la crisis humanitaria será aún más grave.

Afganistán e Irak

La decisión de la Administración Trump de evacuar el grueso de las tropas de Afganistán, la guerra más extensa de la historia de Estados Unidos, y de desentenderse de Irak, están creando cada vez más caos con el potencial peligro de que estos territorios terminen siendo nuevamente campos de entrenamiento de terroristas. En Afganistán durante 2018 murieron más de 40.000 combatientes y civiles. Los Talibanes controlan ya la mitad del territorio afgano, cortan rutas esenciales y asedian varias ciudades. Los esfuerzos de negociación que realizaron en los últimos meses tanto funcionarios estadounidenses como paquistaníes y de la ONU por ahora no están teniendo un resultado concreto. En Irak, la zona de autonomía kurda comienza a ser volátil tras la retirada de las tropas estadounidenses que la apoyaban, tanto allí como en Siria. El ISIS aún tiene bajo su control algunas comunidades remotas y parcelas del desierto en ambos países mientras aumenta su presencia tanto en Afganistán como en Libia.

Más de 510 mil personas han muerto durante la guerra en Siria, según un balance del Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH) publicado en marzo de 2018.

Siria

A mediados de 2018, parecía que la guerra siria estaba consiguiendo un equilibrio de fuerzas que trajera la paz, aunque en un territorio fragmentado. El régimen de Bashar al Assad, con la ayuda de Irán y Rusia, estaba ganando posiciones en forma muy rápida y controlaba la mayoría del país. El ISIS estaba derrotado. Y los actores extranjeros mantenían su presencia y control de áreas estratégicas para sus intereses: Israel, Irán y Rusia en el suroeste; Rusia y Turquía en el noroeste; Estados Unidos y Turquía en el noreste. Pero a mediados de diciembre el presidente Trump rompió ese frágil equilibrio con una llamada a su colega turco Recep Tayyip Erdogan en el que le anunció el retiro de las tropas estadounidenses. Abandonaba, sobre todo, a las Unidades de Protección del Pueblo (YPG), las milicias kurdas que fueron socias de las fuerzas estadounidenses en la lucha contra el Estado Islámico y que controla aproximadamente un tercio del territorio sirio. De inmediato aumentaron las probabilidades de otra sangrienta guerra en la que se vean involucrados Turquía, sus aliados sirios, los kurdos sirios y el régimen de Al Assad. Y también le dio al Estado Islámico una nueva oportunidad de reconquistar el territorio perdido. El YPG ahora podría enfrentar un ataque desde Turquía -que lo considera una organización terrorista por sus lazos con el Partido de los Trabajadores del Kurdistán, PKK- o por el régimen de Al Assad, que quiere reafirmar el control sobre la totalidad del país, incluido el noreste rico en petróleo que mantienen los kurdos.

Nigeria

Territorio de violencia extrema. En el norte continúa la actividad del terrorismo islamista de Boko Haram y aumenta la presencia de una filial del ISIS. En el centro, las disputas entre ganaderos nómades musulmanes y productores agrícolas cristianos que dejó el año pasado 1.500 muertos. Y en el Delta del Niger permanece la lucha por el control del petróleo, con un medio ambiente ultracontaminado y bandas disputándose el territorio. En febrero habrá elecciones con el actual presidente Buhari como favorito y el ex vicepresidente Abubakar como contrincante. La campaña ya dejó varios muertos y se teme una nueva ola de protestas post elección como la que se produjo en 2011 y que dejó 800 muertos.

Sudan del Sur – Camerún

Desde que se desató la guerra civil sur-sudanesa, hace cinco años, se registraron más de 400.000 muertos. En este momento persiste una frágil tregua entre los bandos opuestos del presidente Salva Kiir y el ex vicepresidente y líder rebelde Riek Machar. Del acuerdo participaron también los dos presidentes de los poderes regionales: Omar al Bashir de Sudán y Yoweri Museveni de Uganda. El plan es llegar en relativa calma a unas supuestas elecciones en 2022. Todo indica que mucho antes el conflicto se resolverá por las armas. En Camerún, el conflicto es entre la mayoría franco parlante y la minoría anglo. Estos últimos reclaman una mayor participación en las decisiones del gobierno del presidente Paul Biya, de 85 años, que permanece en el poder desde hace casi cuatro décadas. Se formaron una docena de grupos separatistas armados que se enfrentan en una guerra de guerrillas con las fuerzas gubernamentales, particularmente en la llamada Ambazonia, predominantemente anglo. En 2018, hubo al menos 1.500 muertos y más de medio millón de desplazados.

Venezuela – Nicaragua

El remanente del populismo latinoamericano enfrenta un año convulso que lo aproxima un poco más al abismo. Nicolás Maduro asumirá nuevamente la presidencia de Venezuela sin el reconocimiento de casi todos los países del continente con la extraña excepción de México. Los niveles de inflación ya alcanzan cifras de seis dígitos, la pobreza tortura a casi el 80% de la población, se registran casos de enfermedades erradicadas como la difteria, y la ONU cree que en este 2019 otros tres millones de venezolanos intentarán huir del país. Los Ortega, la pareja presidencial de Nicaragua, están dispuestos a seguir utilizando toda la fuerza del Estado para eliminar las crecientes protestas. En 2018 logró controlar el alzamiento popular pero no erradicarlo. Se prevén nuevas insurgencias durante el año que podrían escalar hasta amenazar el poder de Daniel Ortega. De todos modos, su peor enemigo es el pésimo manejo de la economía que podría llevar a Nicaragua a la misma situación de Venezuela.

Ucrania – Rusia

La guerra de Ucrania continúa. Comenzó con la anexión de Crimea por parte de las fuerzas de Rusia que ahora apoyan a los separatistas de la región de Donbass. La última acción se produjo en el estratégico Mar de Azov cuando naves rusas atacaron a barcos ucranianos violando el acuerdo que habían alcanzado en 2003. Todo esto aumentó la tensión con Occidente tras la intervención de “hackers” rusos en las elecciones estadounidenses que ayudaron a ganar a Trump y en varios otros comicios y referéndums de Europa. El gobierno de Vladimir Putin ya está bajo sanciones por estas acciones y se prevé que aumenten cuando se conozcan más detalles de lo que sucedió durante las campañas electorales. Esta investigación que en Estados Unidos lleva a cabo el fiscal Muller también podría poner en una situación insostenible a Trump que lo arrastraría a tomar alguna acción imprevisible.

(Por Gustavo Sierra; Infobae)

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