Opinión

Un trozo de entrerrianía - 2 de Enero de 2019 - Nota vista 882 veces

LÁZARO BLANCO

Entre Ríos, nuestra querida y hermosísima provincia, tiene una estupenda y amplia historia en cuanto a devociones populares. Una de ellas, singular por cierto, es la de Lázaro Blanco, que aquí me propongo dejar para compartir.

La historia del chasqui Lázaro Blanco es una de las tantas leyendas que pueblan la zona de San José de Feliciano, pagos donde se conservan formas de ser y tradiciones.

Un camino de ripio, que corre entre campos desmontados y algo de vegetación original, conduce hasta el santuario de Lázaro Blanco, el chasqui aniquilado por un rayo. El santuario está a 12 kilómetros de San José de Feliciano, una cruz y una placa que reza: “Debajo de este añoso árbol cayó fulminado por un rayo, junto a su caballo, el chasqui Lázaro Blanco, el 7 de septiembre de 1886”.

Un par de salas recubiertas con placas, cintas, rosarios, cartas, velas, flores, entre otros tantos objetos, dan cuenta de las muestras de agradecimiento de las miles de personas que cada año se acercan a pedir favores. También hay una escenario montado al costado y un quincho para el reparo.

Lázaro Blanco fue un mensajero del siglo XIX que cumplía con la misión de comunicar pueblos en tiempos en que prácticamente no existían otros medios.

Cuenta la historia que una noche tormentosa, el Jefe de la Policía de Feliciano, le encomendó llevar un urgente recado a la comisaría de La Paz.Haciendo honor a su reconocido coraje, Lázaro Blanco aceptó. La lluvia, el viento y los aterradores relámpagos lo acompañaron durante dos leguas, pero, justo debajo de un gran algarrobo que había elegido para cobijo, un rayo lo alcanzó.

Tres días después una partida policial encontró su cuerpo sin vida y el de su caballo, lo enterró en el lugar y clavó una pequeña cruz con su nombre.

La leyenda de Lázaro Blanco comenzó a rodar tiempo después. Según el Padre Fabián existen dos narraciones que intentan explicarla.

Cuentan que en momentos de gran sequía, un criollo que arrendaba un campo para criar sus vacas debió sacarlas porque las aguadas se terminaban. Preocupado por la situación pasó por delante de la cruz de Lázaro Blanco y desde lo profundo de su corazón, le hizo una oración: “Lazarito, si me hacés llover te hago un monolito en el cementerio”. A la noche cayó un gran aguacero.

Agradecido, el hombre cumplió su palabra y a la par, comenzó la fama del chasqui milagrero. La otra narración refiere que, también preocupado por una gran sequía, un productor soñó con un hombre joven que le aseguró que, si confiaba en él, la producción se salvaría y le pidió que visite su tumba. A la mañana siguiente, la lluvia salvó la cosecha de la región.

Entonces el productor recordó el extraño sueño. Como agradecimiento trasladó su cuerpo al cementerio y sobre su tumba le hizo un monolito.

Lázaro Blanco, entre tantos otros santos populares, da cuenta de las creencias que un pueblo da a luz, en un reciclaje continuo de su fe.

Como entrerriana me siento feliz de conocer estos relatos de mis comprovincianos y luego difundirlos.


María Rosario Echeverría.

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