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22 de Diciembre de 2018 - Nota vista 259 veces

Cómo sobrellevar las emociones de fin de año

El valor simbólico de las Fiestas, tanto en lo espiritual y afectivo como en lo personal y social, hace que vivamos esta época con mucha intensidad. Transitarla a paso lento y de manera más genuina es posible. Te compartimos las herramientas que necesitás para lograrlo.

Faltan algunos días para que el reloj marque la hora cero del primer día del próximo año y, a esta altura, todo indica que apenas nos quedarán fuerzas para alzar la copa durante el brindis. Las Fiestas nos pisan los talones, mientras que 2018, con sus avatares personales y coyunturales, nos pesa sobre los hombros. Al cansancio se nos suma un cóctel emotivo que casi siempre en diciembre viene tomado de la mano de las celebraciones de Navidad y Año Nuevo, cierres laborales, algunas despedidas, graduaciones, balances personales. Demasiado para tan pocos días, ¿no? 

LaFundación Cardiológica Argentina lo resume así: “Para muchas personas, los días festivos son un momento de alegría y felicidad junto a la familia. Pero, otras se sienten abrumadas durante esta temporada, ya que se reúnen una serie de factores estresantes: los compromisos familiares o la soledad, las obligaciones financieras y las limitaciones de tiempo”.

Es un problema generalizado. Según una encuesta realizada por la Asociación Estadounidense de Psicología, casi una cuarta parte de las personas reportaron sentir “estrés extremo” en esta época del año.

Estas fechas tienen un gran peso simbólico: para los creyentes, representan valores religiosos muy profundos, para nuestra cultura, un punto de referencia en el registro del paso del tiempo.

Durante estas semanas, es probable que nos encontremos yendo de la alegría a la nostalgia, de la euforia a la soledad, del entusiasmo a la melancolía. No es para menos, estas fechas tienen un gran peso simbólico: para los creyentes, representan valores religiosos muy profundos, para todos en nuestra cultura, dice el psiquiatra y terapeuta cognitivo Pablo Hirsch, autor del libro Inteligencia para el Bienestar(Sudamericana, 2017), representan un punto de referencia en el registro del paso del tiempo.

“Simbolizan, en parte, un repaso de lo que se ha vivido y de lo que falta vivir. Muchos aprovechan estos días para hacer un balance de lo experimentado en el último año: objetivos profesionales cumplidos, personas que ha conocido, habilidades o hábitos incorporados, propósitos que quedaron en el camino. En esa reflexión, es habitual sentirse angustiado o triste en esta etapa del año”, describe Hirsch.

Hay muchas razones de peso para vivir con tanta intensidad la idea de que algo termina y algo nuevo está por venir, quizás tantas razones como días tuvo el año que se va y como días tendrá el que llega. Y esta instancia nos encuentra acarreando una valija con algunas frustraciones por expectativas que esperábamos alcanzar y que aún no ocurrieron, tal vez un poco de tristeza por la ausencia de seres muy queridos con quienes nos gustaría compartir esta fecha pero no es posible, porque han muerto o están muy lejos.

Algo de ansiedad se puede colar en el bolso de mano, ya sea porque anticipamos el malestar que nos causará tener que compartir la mesa con gente con la que mantenemos una relación conflictiva o porque la alegría de saber que las vacaciones se acercan es tanta y tan grande que nos desborda. Bomba molotov.

Si tanta cosa nos parece mucho, entonces será necesario alivianar. “Es importante no ceder a la presión social de tener que sentirse bien. Puede ayudar recordar que, desde el punto de vista social, es un estado emocional negativo muy frecuente en esta época. De hecho, en inglés existe un nombre para esto: se lo llama Christmas blues (tristeza de Navidad), y tiende a mejorar en pocos días”.

ESTRATEGIAS PARA SENTIRSE BIEN

En este fragor, mantener el foco en lo verdaderamente importante y transitar diciembre con nuestras emociones en sus dosis justas es posible. Y según el especialista, existen algunas pautas que nos pueden ayudar:

Reconocer qué nos pasa. Explorar cuáles son las emociones asociadas a las fiestas: ¿sentimos miedo, irritabilidad, angustia, tristeza? ¿Desde cuándo? ¿Con qué intensidad? ¿Cuáles son las situaciones desencadenantes?

“Puede ayudar recordar que, desde el punto de vista social, es un estado emocional negativo muy frecuente en esta época”.

Buscar integrarnos socialmente. En estos días, es importante no quedarse solo, buscar contención. El aislamiento social promueve la rumiación, pensamientos y emociones negativas. Por el contrario, es mejor intentar reconocer qué personas o qué hábitos en estos días nos generan bienestar. Tener presente quiénes me apoyan, quiénes me contienen, quién me puede ayudar, en quién puedo confiar.

Identificar los disparadores de los estados emocionales y diferenciar las áreas a las que pertenecen. ¿Es algo causado a nivel laboral, personal o familiar? De lo contrario, podemos terminar rumiando con todo al mismo tiempo y acrecentar la angustia. A veces es bueno escribir relatando los hechos sin adjetivarlos.

Identificar y registrar nuestras fortalezas. Reconocer qué recursos tenemos y cómo los podemos usar en situaciones particulares ayuda a focalizarnos no solo en los recursos materiales que tenemos, sino también en los psicológicos, sociales y espirituales.

Cuidar el corazón 

El estrés es un factor de riesgo cardiovascular y por eso la Fundación Cardiológica Argentina (FCA) recomienda reforzar los cuidados los días previos y durante las Fiestas.  Consultar al médico, practicar meditación, yoga o asistir a sesiones de terapia con estrategias cognitivo-conductuales son algunas de las sugerencias. Entre los cuidados fundamentales, aconsejan:

No comer ni beber alcohol en exceso.

Dormir lo recomendado.

No abandonar la actividad física.

No olvidar tomar la medicación si un médico la indicó.

Agradecer lo que tenés y a los que tenés. Cuando conseguimos algo en nuestras vidas, se genera al inicio un efecto placentero que, con el tiempo, disminuye o desaparece. El antídoto contra este fenómeno, llamado “de habituación o adaptación”, es practicar el agradecimiento. Tener presente cada día las cosas que valoramos.

Pasar tiempo al aire libre en algún momento de la semana. El contacto con la naturaleza aumenta el bienestar: el aire fresco de la calle mejora el humor y amplía el pensamiento y la memoria. Basta con veinte minutos por día.

Por último, ¿qué pasa si, en lugar de vivir el 31 del mes como un quiebre en nuestra vida o como el tiempo en que lo no se hizo hasta ahora no podrá ser hecho la próxima semana, lo viviéramos como un tránsito más en el que es conveniente dejarnos fluir, sin que eso signifique dejar de apreciar el valor simbólico de la Navidad y del fin de año y el del comienzo del nuevo?

“Las fiestas no tienen que ser interpretadas como un exámen para definir lo que hicimos bien o mal. Podemos resignificarlas como un pequeño descanso, una oportunidad de reflexión para pensar qué valoramos del presente y qué deseamos a futuro. Esto nos permite tomar distancia de nuestras emociones y nuestras conductas y adoptar nuevas perspectivas de las experiencias vividas“, dice el terapeuta.

Aún podemos intentarlo: para bajar la marcha y abrazar lo genuino siempre hay tiempo.


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