Interés General

22 de Diciembre de 2018 - Nota vista 260 veces

Acción y reflexión ante el fin de año

Es una saludable y necesaria actividad el pensar la praxis. La psicología social insiste en este concepto humano y humanizante, que proviene de Paulo Freire, quien nos decía: “existir humanamente es pronunciar el mundo, es transformarlo. Los hombres no se hacen en el silencio, sino en la palabra, en el trabajo, en la acción en la reflexión”. Pichón Riviere, hermanado intelectualmente con Paulo Freire en el necesario cuestionamiento a las “mandatos instituídos”, fortalece y amplía el concepto de praxis y agrega: “resulta evidente entonces que el análisis de las conductas, del comportamiento, debe hacerse en el contexto social al cual el sujeto pertenece. El sujeto debe ser comprendido como emergente de la estructura social que lo contiene”.

Pero estas conceptualizaciones no solo deben ser comprendidas por otros, quizás la mayor complejidad resida en apropiarse de la comprensión del propio contexto social. Este contexto que determina y reenvía a cotidianas praxis, puede correr el riesgo de adquirir condición de naturalidad y con ello, evitar el cuestionamiento. 

El acto de observar, pensar y analizar el cómo desarrollamos nuestras diarias actividades, es una manifestación de salud mental. Que si además es acompañada por la necesaria dosis de plasticidad y apertura psíquica, estamos muy cerca de realizar cambios y modificar comportamientos con el fin de producir mejoras personales y sociales. Sabido es que ambas van de la mano. Lograr equilibrio en el sentir, actuar y pensar, trae indefectiblemente mejoras significativas para el cotidiano mundo social que nos acompaña. Es allí donde poseemos algún nivel de injerencia, de validación intelectual y afectiva, lo que facilita el ser escuchado, considerado, mucho más, cuando lo que se enuncia, es sostenido con la práctica. Aquello de ser y parecer, frase del Divino Cayo Julio César que hace referencia a la importancia que tenía en la sociedad romana la mujer del César: no solo debía de ser honrada sino parecerlo, si bien abre espacio a un debate intelectual, me gusta pensarlo como aquella consustanciación entre lo que ES genuinamente y lo que se MUESTRA al mundo externo. Ser y parecer, entonces, no desde el imperativo social, sino como indisoluble condición de lo que es y lo que se observa. Por lo tanto, estamos refiriendo al pensar y actuar en la vida cotidiana en forma coherente en relación con los trabajadores con quienes compartimos actividades, con los afectos familiares y también con aquellos que no conocemos y a diario nos cruzamos en las calles y buses.

Pensar las prácticas no necesita del fin de año para realizarlo. Sino más bien forma parte de un proceso continuo, que cuando más se lo desarrolla, aumentan las posibilidades de modificar, corregir, cambiar y mejorar. Con esto tiene que ver la revisión: con mejorar aquello que no funciona bien, que no logra los resultados esperados por uno, ni por otros. Es, como decíamos, una posición de salud mental ya que enfrenta y tensiona la confortable quietud de la propia e imaginaria creencia, con los resultados concretos. Tensiona también con la implicancia que significa el acto de revisar: enfrentarnos a la posible dicotomía entre lo que uno creía y lo que verdaderamente sucede. Hay algo del coraje y honestidad intelectual en los sujetos que se exponen a sí mismo, cuando deciden re-ver cómo marchan sus ideas y sus prácticas.

Esta conceptualización es heredera del debate que alrededor de 1948 era el modo cómo debía ser abordado el objeto de conocimiento de la psicología; se había entablado una polémica entre quienes sostenían que la psicología era individual y trataban en el campo psicológico al hombre abstracto, y los que sostenían el concepto sartreano del “hombre en situación”, entendiendo que el sujeto debía ser abordado en su relación dialéctica con el medio. Eso es lo que está planteado en la expresión hombre en situación, concepto que Pichón Riviére amplía en 1971 agregando “sujeto productor y producido en una praxis”

Somos indefectiblemente sujetos sociales, que incidimos y nos incide la cultura que nos rodea. En el vivimos con salud, enfermamos y también nos curamos.

Ser capaces y animarnos a mirar lo que nos propusimos, lo que deseamos y comprobar cuánto alcanzamos o queda pendiente, no será sin esa mirada crítica que otorga estado de apertura y capacidad de cuestionamiento. Esta capacidad implica para Pichón Riviére abordar a través del vínculo y del análisis de la propia estructura de relaciones, es decir abarcando las relaciones entre los hombres, la naturaleza y la sociedad, empresa en que la dialéctica resulta un instrumento pertinente, porque el sujeto es naturaleza, pero se construye histórica y socialmente en una praxis, en una actividad transformadora del medio para producir su propia vida.

Aludiendo a los tiempos que como sociedad hoy nos toca vivir, emerge un concepto preciado del maestro Enrique Pichón Riviére que dice: “En tiempos de incertidumbre y desesperanza, es imprescindible gestar proyectos colectivos desde donde planificar la esperanza junto a otros”.

Sin perder de vista otros de los pensamientos que me sigue acompañando en mi vida profesional: “el amor es lo que finalmente cura…”

Lic. Mario Sarli

Psicólogo

psicosarli@gmail.com


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