Interés General

22 de Diciembre de 2018 - Nota vista 334 veces

¿Es saludable que los niños crean en Papá Noel?

Este lunes millones de niños estarán con la ilusión y los nervios de que Papá Noel les deje sus regalos, tal como todas las navidades, y la mayoría de los padres contribuyen a mantener este mito. Sin embargo, hay algunos que deciden no hacerlo y les cuentan a sus hijos que Papá Noel o los Reyes Magos no existen. Entonces ¿qué opción es mejor, debemos decirles la verdad o mantenerles la ilusión hasta que descubran la realidad por sí mismos?

El tema acerca de qué decirles a los niños siempre ha sido un tema que genera controversia. Por un lado, insistimos en pedirles a los niños que no mientan y a conducirse con la verdad, pero a la vez los engañamos con Papá Noel y los Reyes Magos. Y más aún, solemos utilizar estas ocasiones para intentar reforzar su conducta en base a premios y castigos: “si no te portás bien Papá Noel no te va a traer nada”. 

Ahora bien, ¿es lo mismo mentirles que jugar con la fantasía y los mitos populares? ¿Será cierto que cuando descubran la verdad guardarán rencor o se verá afectada la confianza hacia sus padres, o les causará un trauma?

Hay padres que consideran que ofrecerles estas creencias es engañarlos y que prefieren no hablarles mucho de estos personajes y así con ello evitar la futura decepción que tendrían cuando se enterasen que en realidad Papá Noel no existe, o que el ratón Pérez nunca se llevó sus dientes.

Pero privarlos de esta fantasía a los niños es privarles de un gran alimento para su imaginación, su desarrollo y también su alma. El pensamiento infantil es principalmente mágico  y esta magia les ayuda a comprender el difícil mundo que los rodea. El niño pequeño no  distingue entre las cosas que son reales y las que son inventadas. Y es precisamente por este hecho que tiene una imaginación desbordante y se lo cree todo. Entre los cinco y los ocho años de edad, los niños pasan una gran cantidad de tiempo fantaseando, y expuestos a libros, programas de televisión y películas donde los animales pueden hablar, la gente puede volar, y los objetos aparecen por arte de magia.

En un principio no sospechan que algo pueda ser mentira, especialmente si alguien mayor que él o un adulto de confianza se lo cuenta. Por eso no dudan cuando les decimos que el ratón Pérez se ha llevado su diente, o que Papá Noel y los Reyes Magos van por todas las casas del mundo repartiendo regalos para hacer felices a los niños.

Y también por este mismo motivo hemos de evitar contarles historias de brujas o monstruos que hacen daño, pues también se las creerán causándoles miedo e inseguridad.

Pero en cambio, sí les ayuda conocer historias sobre personajes mágicos que hacen buenas acciones, reparten amor, sonrisas, protección o velan por la seguridad de todos los niños. Por eso las historias infantiles son una herramienta ideal para ayudarles a comprender el mundo que les rodea, potenciando su ilusión y su imaginación.

Así, los niños pequeños están preparados y necesitan creer en personajes e historias que transmitan amor, confianza, seguridad y buenas acciones que los ayuden a crecer, al igual que ayudan los besos mágicos de mamá que todo lo curan, los muñecos que les ofrecemos para calmar sus miedos o las curitas que curan con sólo ponerlas.

Conforme el niño va creciendo y su pensamiento va madurando empezará a estar preparado por sí solo para distinguir entre fantasía y realidad. Descubrir con 7 ó 9 años que Papá Noel no existe no es descubrir que papa o mamá mintieron, sino que es descubrir que han estado creyendo en una fantasía que ha hecho tener ilusión y sentir momentos muy especiales.

La frustración o decepción es inevitable, pero no es dañina, ya que lo está ayudando a madurar y a ir comprendiendo otras facetas de la vida y otros recursos que no tenía.  Claro que esta frustración es dolorosa, y  los padres preferimos evitar todo dolor en nuestros hijos, pero en el acto de crecer está implícito el dolor de la pérdida, la frustración y su propia superación.

¿Cuándo terminar con la fantasía? Hay padres que a los 6, 7 años se lo dicen a sus hijos para que no se enteren por boca de otros niños y, sin quererlo, convierten a sus hijos en “esos niños que van contando a los demás la verdad”. Por eso, vale más no descubrirlo de manera impactante, cuando no sospechan nada, contrarrestando sus creencias de manera brusca de modo que quieran revelar el secreto a otros niños, sino dejar que suceda poco a poco.

Si un día te pregunta porque ha oído algo, no le mientas, no le digas que es mentira. Pregúntale qué cree, y así sabrás hasta dónde llegan sus sospechas.

Si ves que lo tiene clarísimo, no le des más vueltas, le aclaras que es una tradición, que se hace para mostrar a los niños que hay personas buenas que disfrutan haciendo felices a los demás sin pedir nada a cambio y le explicas cómo pueden ser las Navidades a partir de ese momento (si hay niños más pequeños guardando el secreto, haciendo también regalos para los demás, preparándolo todo si quiere, etc.).

Si ves que no lo tiene muy claro (“mamá, creo que es imposible que lleguen a todas las casas del mundo”), puedes jugar aún con la tradición explicándole que a veces hay ayudantes que hacen que sea posible, y que incluso a veces piden ayuda a los padres.

Si se enoja, acepta su opinión y su sentimiento, no se lo niegues, y permítele que se exprese y pregunte, y le explicas que lo último que querías era mentirle y hacerlo enfadar, y que todo responde a un juego, a una leyenda, a una tradición que se hace con los niños para que entiendan la época como de amor, de felicidad, de dar a cambio de nada, y que han disfrutado mucho haciéndolo feliz cada año.

En síntesis, la fantasía en general es una parte normal y saludable durante el desarrollo de los niños. Por lo general el pensamiento mágico disminuye entre los siete y los nueve años, justo en la misma época en la que los niños abandonan el mito de Papá Noel. Empiezan a cuestionar las evidencias anteriores, buscan nuevas pruebas, y la mayoría de los niños descubren por su cuenta que no es real.

Cada uno decide la forma en la que festeja sus tradiciones. Lo importante es respetar las decisiones de los demás.

Escrito y confeccionado por el Psicólogo Gastón Fernández Montani, de la

LINEA 102 “Teléfono del Niño”, del

Centro de Fortalecimiento Social de la Municipalidad de Concordia.

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