Interés General

22 de Diciembre de 2018 - Nota vista 175 veces

Los milagros de la Navidad

Se cuenta que la Navidad es una época llena de milagros, y aquí comparto una historia que así lo demuestra.

Todo empezó un día, con un maestro, que decidió asignarles una tarea diferente a sus alumnos, en víspera de Navidad. Al terminar la clase les dijo:  

– “Es tiempo de compartir nuestro corazón, así que piensen cómo poder llevar a otros niños la alegría de esta Navidad”.

Fue así como el grupo de estudiantes decidió salir a comprar algunos regalos que envolvieron cariñosamente y colocaron dentro de una bolsa. Llegada la Nochebuena llevaron los presentes al hospital más cercano, donde había niños internados y en soledad.

Disfrazados de Papá Noel y cantando villancicos aparecieron por sorpresa en el hospital, donde creían que -a lo sumo- encontrarían una docena de niños. Pero la realidad los impactó, porque, aquella noche, había muchos más niños internados que de lo normal, y eran cerca de treinta, y todos ellos estaban con sus caritas maravilladas, con sus miradas expectantes ante la llegada de tantos Papá Noel.

Los muchachos quedaron desconcertados, sabían que los juguetes comprados no serían suficientes para tantos niños, y no querían romper sus corazones. Finalmente, se miraron entre ellos, se tomaron de la mano en una ronda y miraron al Cielo, a esa estrella de Navidad que brillaba más fuerte que nunca… y decidieron confiar.

Comenzaron a repartir los juguetes, primero a los más pequeños, y acordaron que cuando se terminaran le explicarían lo sucedido a los más grandes. Pero cuál fue la sorpresa al notar que, cada vez que buscaban dentro de la bolsa… un regalo más, lo encontraban. Y esa noche… cada niño recibió su juguete.

Los jóvenes apenas podían creer lo sucedido, y se abrazaron más fuerte que nunca. Sin buscar explicaciones lógicas, a un problema que matemáticamente no tenía solución, decidieron creer que se trataba de un milagro de la Navidad.

NUESTRA PROPIA BOLSA DE NAVIDAD

Luego de leer esta historia maravillosa, mayor será nuestra sorpresa al saber que nosotros también tenemos una “bolsa” de Navidad, inagotable, infinita y eterna, que nunca se vacía… que está muy dentro nuestro, en el corazón, repleto de amor, alegría y esperanza para ofrecer.

“Compartir” es la palabra que engalana esta Navidad; ese circuito mágico de dar y recibir, de entregar y de cosechar, de abrazar y acompañar, y fundamentalmente, de agradecer por todo lo bueno que alcanzamos y también por aquellas dificultades que nos han impulsado a aprender y a crecer como personas.

Navidad nos convoca a todos, aún a quienes no profesan una religión, porque es un momento de reunión, de inmensa luz, y esa poderosa energía contagia y abre los corazones. Es la fiesta del amor, de la reconciliación, de estar bien con uno mismo y con los demás.

También está la otra cara de la Navidad, donde el consumismo pisa fuerte y nos impulsa a comprar presentes, comidas, bebidas, y a gastar, tal vez, más de la cuenta; pero lo importante es tener en cuenta que la intensidad de la Navidad no depende de la cantidad o calidad de los regalos, de los ruidos de los paquetes ni de los manjares puestos en la mesa; sino de la capacidad de “compartir” en familia y con amigos, de ser y estar juntos en paz, de preocuparnos por el bienestar mutuo, de colmarnos de cariño y sentirnos cerca; aun cuando, seguramente, habrá algunos lugares vacíos en la mesa navideña… aquellos que ya partieron, aquellos que viven lejos o que por algún otro motivo no pueden estar físicamente presentes. Navidad es la fiesta del amor, de ese regalo infinito y eterno que nace desde nuestro interior y que nos lleva a abrazarnos más allá de la distancia.

RENACER DESDE EL AMOR

La verdadera Navidad comienza a vivirse dentro de cada uno, porque tiene un significado más profundo que va más allá del aspecto exterior. Su propia expresión encierra un mensaje: Navidad es Natividad, es Nacimiento, una oportunidad para volver a nuestra esencia, a nuestro verdadero Ser, un momento para conectarnos con el Maestro interior, con nuestra sabiduría y fortaleza y así, poder renacer luego de un año con tormentas y grandes aprendizajes.

El desafío es tomar esta Navidad como si fuese la “Primera Navidad” de nuestras vidas, dejando de lado las influencias del pasado o las experiencias ya vividas. Abramos el corazón con sorpresa, así como los niños, y estemos dispuestos a recibir aquellas bendiciones que Dios nos tiene preparadas, sin condicionamientos ni prejuicios, solo disfrutando del instante presente sin dejarnos arrastrar por emociones ancladas del pasado que nos impiden gozar de lo nuevo y positivo que llega a nuestras vidas.

Aprovechemos esta Luz que brilla más intensamente y valoremos esta Navidad como una oportunidad para reconocer el Cielo que está dentro de cada uno de nosotros; como un llamado para re-conectarnos con nuestro corazón, como un milagro para nuestras vidas, para sanar, para fortalecernos y para compartir con quienes amamos. En nuestras manos está... el hacer de esta Navidad un momento único, nuevo, maravilloso y lleno de magia.

Muy Feliz Navidad!!! 


María Inés Francisconi

Desarrollo Humano

Abogada Mediadora

Coach Ontológico

Contacto: ine.francisconi@gmail.com


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