Opinión

Ser humanos - 15 de Diciembre de 2018 - Nota vista 649 veces

Los obstáculos de la arrogancia

Para comenzar, comparto una anécdota que protagonizó el humorista, periodista, político y, sobre todo, gran humanista brasileño Aparicio Torelly más conocido como El Barón de Itararé (1895-1971). Cuando era joven, se había iniciado en la carrera de medicina para complacer a su familia, pero estos estudios culminaron cuando ocurrió lo siguiente

Un día un profesor, arrogante y sabelotodo, le preguntó:

- Torelly, ¿cuántos riñones tenemos?

- ¡Cuatro! -responde el alumno.

- ¿Cuatro? – replicó altanero el profesor, gozando del error de un alumno. Y para saborear su victoria le dice a su ayudante: - Traiga pasto porque tenemos un burro en la clase.

- ¡Y para mí un cafecito! -le dijo el alumno, al mismo asistente del profesor-.

El profesor incómodo se enojó y lo expulsó de clase.

Torelly tomó sus libros y cuando estaba saliendo del aula, se dio la vuelta y con su eterna sonrisa aclaró en voz alta:

-Profesor, usted me preguntó cuántos riñones “tenemos”. Y la verdad que tenemos “cuatro”, dos míos y dos suyos. Porque “tenemos” es una expresión usada para el plural… Así que tenga buen provecho y disfrute del pasto.

LA ARROGANCIA

La arrogancia es la contracara de la humildad; quien es arrogante se jacta de creerse superior a los demás, presume que lo sabe todo, que tiene la razón, y por tanto subestima, menosprecia y minimiza las opiniones, sentimientos y necesidades del otro.

La persona arrogante habla más de lo que escucha; no sabe comprender al otro, no pregunta, no se interesa por el afuera, sino que directamente emite su opinión -su propia razón- supone y dictamina; teniendo mayor facilidad a cometer errores.

Cuantas veces, por el solo hecho de tener un poco más de conocimiento sobre un tema, o una cuota de poder o dinero, estatus, o más edad o fuerza física… lleva, al arrogante, a comportarse con altanería, en forma prepotente y hasta burlona, llegando, incluso imponer, ofender o humillar.

Se dice que el arrogante tiene una auto-imagen inflada, está convencido de ser el mejor de todos, de tener la razón y por lo tanto, no necesita nada de los demás, por eso no escucha ni acepta consejos, tomando una actitud altanera utilizando frases como: “¿Me vas a decir a mi cómo hacer las cosas”?... ¿Qué me podes enseñar vos a mí?... Estas equivocado” …

La arrogancia va de la mano del egoísmo y la ceguera hacia los demás; lleva a pensar que los otros tienen poco para aportar, por eso esta actitud individualista es un obstáculo para el trabajo en equipo, la comunicación y conexión con el entorno laboral, familiar o social.

La persona arrogante no está dispuesta a aprender; permanece cerrada en sus propias convicciones, en su propia rigidez, poniendo barreras a su crecimiento y expansión. Y es muy posible que se quede sola.

TENER CONFIANZA EN UNO MISMO SIN SER ARROGANTES

Sabemos que la auto-confianza es fundamental para avanzar en la vida, resolver obstáculos, enfrentar desafíos, es clave para ir en pos de oportunidades y accionar por los objetivos propuestos. La auto-confianza es esencial para disfrutar de la vida, alcanzar la independencia, la plenitud y fundamentalmente para no quedar atados a las críticas u opiniones de los demás, presos del “qué dirán” y la eterna búsqueda de aceptación externa.

La persona segura y con confianza en sí misma tiene el hábito de escuchar, atender los consejos, valorar al otro, construir sobre las diferencias, dialogar, abrir posibilidades para luego analizar, reflexionar y finalmente tomar sus propias decisiones. En cambio, el individuo arrogante se presenta de una manera aplastante y egocéntrica, sin permitir el dialogo, situándose siempre por encima de los demás y anulando toda interacción.

LA HUMILDAD DEL APRENDIZ

La contracara de la arrogancia es la humildad. La mente humilde es receptiva, es consciente que no lo sabe todo y por eso está dispuesta a aprender, a escuchar, a crear en conjunto; facilitando su crecimiento sostenido y duradero.

La humildad permite la honestidad con uno mismo; conocer las propias fortalezas para potenciarlas y las debilidades para transformarlas, La humildad lleva a la transparencia, a no fingir quienes somos ni aparentar lo que no somos, nos empuja a ser leales a nuestra esencia.

La humildad permite controlar el orgullo, la soberbia y la arrogancia que son los grandes generadores de conflictos; facilita la conexión con los demás y la comunicación sana, autentica y genuina.

La humildad es la actitud de los grandes, de quienes saben decir “no sé”, para abrirse a explorar, a buscar, a experimentar, a conectarse con los otros; es la actitud de los valientes que se atreven a dar el salto para mejorar, evolucionar y así, aportar lo mejor de sí mismo al mundo que lo rodea. Tanto los alumnos que mejor aprenden como los maestros que mejor enseñan necesitan ser humildes con su saber para alcanzar la mayor riqueza.

Estamos terminando un año más, y la invitación es, comenzar a realizar un balance de este 2018, desde la humildad; y, fundamentalmente, observar todo aquello que nos ha quedado pendiente, aquello que no hicimos, que no pudimos, que no nos animamos… buscando los motivos sinceros, los aprendizajes que experimentamos, a fin de preparar las bases para el año que comienza.

María Inés Francisconi

Desarrollo Humano

Abogada Mediadora

Coach Ontológico

Contacto: ine.francisconi@gmail.com


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