Opinión

UN DESTACADO INVENTO ARGENTINO - 12 de Diciembre de 2018 - Nota vista 754 veces

El guardapolvo blanco

Llega prontito el final del presente ciclo lectivo. Es un hecho importantísimo para alumnos, padres, docentes y la sociedad en general. Lo asociamos de inmediato al diario quehacer familiar.

Tuve por estos días oportunidad de leer para mi delicia textos enriquecedores ligados a ello, autoría nada menos que de Daniel Balmaceda, un sobresaliente argentino de las letras. Se trata de un periodista graduado en la Universidad Católica Argentina que fue editor de las revistas “Noticias”, “El Gráfico”, “Aire libre”, “La Primera” y Periódicos de la Historia, material para escuelas secundarias.

También se lo recuerda como coordinador en televisión de la producción Móvil 13 y “Perdona nuestros pecados” y otros más y como miembro titular y vitalicio de la Sociedad Argentina de Historiadores y de la Unión de Cóndores de las Américas. Y también presidente de la fundación “Cristóbal Colón” como también columnista de historia argentina en diversos medios radiales del país, para citar algunas de sus variadas y excelentes actividades.

El libro de Balmaceda a que me estoy refiriendo se titula “Historias insólitas de la Historia Argentina”, resultándome su contenido de enorme atracción. Allí pude leer acerca del guardapolvo blanco, elemento que, seguramente, se conoce en todas las familias.

Muchos creen que Domingo Faustino Sarmiento fue el inventor, pero su historia es otra. En una escuela porteña, allá por 1915, la maestra Matilde Filgueira, citó a los padres de sus alumnos, destacando en ella que la ropa que usaban sus alumnos para asisitir a la escuela ponía demasiado a la vista la condición social de los chicos, lo que generaba divisiones entre sus alumnos, lo que los diferenciaba, entre ellos de la buena posición hasta los humildes.

Propuso a los padres usar algo del mismo color para uniformarlos y no diferenciarse de acuerdo a sus medios. Se formaron dos grupos de padres: los que consideraron ello una idea descabellada y por el lado opuesto, los de humilde condición, sobreviniendo entonces la discusión entre ambos grupos para llegar a un acuerdo del color uniforme. La maestra Filgueira estaba decidida a encontrar una solución para la disparidad de ideas paternales. Así que ella misma fue a una tienda y trajo género blanco que ella misma pagó y cortó, mostrando que debía ser un guardapolvo sencillo que los igualara a todos.

Pero los padres protestaron: no fue fácil. Se negaban a aceptar el guardapolvo y la denunciaron al Ministerio de Educación, el que mandó un inspector a revisar el proyecto, expresándose que era una muy buena idea y que valía la pena.

Pero había muchos padres rebeldes, sobre todo los de menos recursos económicos, que decían los ponían en nuevos gastos con esa idea.

En muchos colegios se realizaron rifas y bailes para recaudar fondos y hacer posible la nueva idea. Estas escuelas ayudaron con la tela blanca del nuevo guardapolvo.

El proyecto continuó con apoyo del Ministerio de Educación. Y fue en 1918 que aceptando el proyecto de la maestra Filgueira, se mandó una circular a todas las escuelas con la recomendación de que adoptaran el uniforme, hasta que en 1942 pasó a ser obligatorio.

De este modo nació el guardapolvo blanco, que, a decir verdad, no todas las escuelas lo adoptaron y que es un invento argentino


María Rosario Echeverría

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