Interés General

9 de Diciembre de 2018 - Nota vista 534 veces

El gaucho como categoría de tipo humano ¿Falso o verdadero?

POR DARÍO H. GARAYALDE PARA EL HERALDO

El gaucho no es solo un personaje argentino, sino también uruguayo y del sur del Brasil. Eso sí, el gaucho aparece en tiempo anteriores a las respectivas Independencias. Español o portugués puro o mestizo de peninsular con indígena, siempre por su propia cuenta viviendo con lo mínimo indispensable, cazando ganado salvaje para vender el cuero, disputando, la tierra con el indio. Con la creación de las grandes estancias, brindó su sapiencia a cambio de un salario, aunque siempre será un trabajo temporario que dejará de hacer cuando lo crea conveniente. Solitario y enamorado de la libertad, el gaucho llevará una vida errante y austera, durmiendo al raso y como único alimento, carne asada y mate Cuando se hacía sedentario o decidía unir su destino a una mujer, construía una vivienda de barro revocada con bosta y techo de paja, con una única habitación donde dormía en una cama hecha de guascas o de cuero de vaca estirado .

Siempre he pensado que la categorización del gaucho “como un producto del medio del que procede”, me parece una generalización poco aceptable. Pues frente a situaciones similares sus comportamientos son diferentes lo que configuran una individualidad viva y variada .

El personaje ha sido explotado y zarandeado en una casi idéntica y falsa concepción típica, con más exaltación patriotera que de rigor histórico y evaluación psicológica.

Como contrasta la visión de un escritor o novelista a otro con descripciones objetivas como Guillermo Enrique Hudson en las magníficas páginas de “El Ombú”, por ejemplo, donde el gaucho no es el tipo genérico, encarnación de to- das las virtudes humanas, sino un individuo que como todo ser en esta tierra, tiene gestos nobles pero también, puede ser esencialmente vengativo y bastante cruel. O “Allá lejos y hace tiempo” Todo este libro ha sido vivido. Y recordado con honradez afilada a lo largo de una vida observando la naturaleza, que no tiene trampa. El resultado es la verdad que respira; esto lo dice don Pedro Solera.

Hernández, Güiraldes, Benito Lynch en algunas de sus mejores páginas muestran personajes contradictorios, compasivos y también violentos. Nos muestran con gran integridad su visión realista de este personaje de la despoblada campaña argentina.

El Martín Fierro con su genialidad muestra individuos tan distintos en sus rasgos, como idénticas en autenticidad psicológica. Martín Fierro y Vizcacha. En el poema de Hernández, el Viejo Vizcacha es la contrafigura de Martín Fierro, como lo es Sancho de Don Quijote en la célebre novela de Cervantes. Sin embargo, tanto Vizcacha como Fierro son gauchos auténticos y cada uno formado de distinta manera aunque en el mismo medio.

¿Cuál de los dos personajes definiría al gaucho?

¿El viejo cínico “lleno de camándulas, renegao y ladrón, o el padre de familia, en un tiempo ordenado y trabajador, amigo leal y fraterno como Fierro?

Ni el uno ni el otro, creo yo.

Ni Martín Fierro ni el Viejo Vizcacha son “el gaucho”. Son solo gauchos individuales y dispares.

Recuerdo que Vizcacha provee en sus consejos al hijo menor de Martín Fierro, una resentida filosofía de la vida que llega equivocadamente a filiarse como la verdadera filoso- fía del gaucho.

¿Cómo pueden tomarse como máximas o normas de conducta los consejos de un viejo mezquino y taimado de quien nos dice el vástago de Fierro:

“Me llevó consigo un viejo Que pronto mostró la hilacha Dejaba ver por la facha 

Que era medio cimarrón Muy renegao y ladrón

Y le llamaban Vizcacha”

Los consejos del viejo ratero y pícaro constituyen un compendio de maldad y falta de moral, que ningún hombre de bien transmitiría a quien pretende educar en los valores de decoro necesarios para llevar una vida digna.

Obsérvese el contraste con los consejos de Fierro, que como una especie de bendición, prodigó Fierro a sus hijos antes de separarse para siempre..

“Procuren no perder

Ni el tiempo ni la vergüenza Como todo hombre que piensa, Procedan siempre con juicio

Y sepan que ningún vicio Acaba donde comienza.

En cambio Vizcacha, cuando lograba cierta lucidez en sus intervalos alcohólicos, le asestará al pobre gauchito esta máxima de infame indignidad y cinismo

“No te dejés afligir

Aunque el mundo se desplome Lo que más precisa el hombre Tener, seguro yo discurro

Es la memoria del burro

Que nunca olvide ande come”

Reitero entonces: ¿es posible tomar al Viejo Vizcacha como la encarnación típica del gaucho? (Tal vez lo sea para Aníbal Fernández porque así lo señaló públicamente cuando presentó su libro y hasta recitó algunos de sus “consejos”) Creo que José Hernández quiso ofrecer el contraste casi trágico de estos dos personajes, auténticos ambos, para mostrar los abismos de degradación y las cumbres de en tereza moral a que podían caer, en el primer caso, los débiles y viciosos y elevarse, en el segundo, los fuertes y sanos de espíritu. 

El medio daba una unidad de vida, pero no una identificación de carácter. El gaucho como tal no existe, nunca existió, tal vez solo en la poesía.

Sumaré entonces las bellas expresiones de Belisario Roldán sobre esa visión, que aunque idealizadas, no están exentas de belleza literaria.

El gaucho visión errante Que por lírica y silvestre Paseó su belleza ecuestre Como una sombra distante Y que una tarde de arrebol En un atardecer doliente Se alejó rumbo al poniente

Y se hundió en el mismo sol.

Este se parece más la imagen arquetípica que de él nos formamos, aunque esta no sea cierta ni responda a otro propósito que plasmar un nostálgico homenaje en la pluma de un gran poeta como Roldán.

Muchos seguramente tendrán otra visión o concepción del gaucho, o de lo gauchesco pero debo decir que en mi experiencia personal de la mucha gente que he conocido, que ha sido bastante, mi intransferible óptica que acertada o no, es solo una apreciación.

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