Ciencia

5 de Diciembre de 2018 - Nota vista 846 veces

La historia detrás de la «carta de Dios», la misiva más famosa de Albert Einstein

«La palabra Dios no es para mí más que la expresión y el producto de la debilidad humana», redactaba Einstein dos años antes de su muerte en esta epístola. Será subastada a un precio estimado entre 1 y 1,5 millones de dólares.

La «carta de Dios» de Albert Einstein, su epístola más icónica en la que recoge sus pensamientos más profundos acerca del Señor, su identidad judía y la eterna búsqueda de sentido del hombre será subastada por Christie’s con un precio estimado de entre 1 y 1,5 millones de dólares. Vamos a recordar la intrahistoria más allá del propio contenido.

El famoso científico escribió la epístola el 3 de enero de 1954. Iba dirigida a Eric Gutkid con motivo de su libro «Escoja la Vida: la llamada bíblica a la revuelta», que se publicaba un año antes. En el libro, el filósofo presentaba a la Biblia como una llamada a las armas y al judaísmo e Israel, como incorruptibles.

Einstein había leído «Escoja la Vida» animado por el matemático y filósofo L. E. J. Brouwer y en la carta ponía de manifiesto sus reflexiones. La crítica era inequívoca, pero el genio también destacaba en ella los puntos en común que había entre ambos, subrayando a Gutkid que estaban de acuerdo en «lo esencial».

De una forma muy diplomática, le hacía ver que los dos creían en la importancia de una moral fuerte, que sobrepasara el propio interés y pusiera en primer lugar el beneficio de la humanidad, mientras rechazaban el materialismo como un fin en sí mismo, una actitud muy antiamericana que compartían.

Dos meses después de Einstein escribiera la misiva en alemán y en Princeton, celebraba su 75 cumpleaños, donde hacía su célebre declaración «Soy un profundo no creyente». Un año después, el científico fallecía.

La epístola no solo contiene las palabras de uno de los grandes genios de la historia que sentía que su fin se estaba aproximando, también recoge las preguntas filosóficas y religiosas que lleva haciéndose el hombre desde el principio de los tiempos: ¿Existe Dios? ¿Tengo libre albedrío?

Las dos caras del genio

«La palabra Dios no es para mí más que la expresión y el producto de la debilidad humana», redactaba Einstein, «la Biblia es una colección de leyendas, venerables, pero primitivas. Ninguna interpretación, por sutil que sea, podrá hacerme cambiar de idea».

A pesar de la pública identificación de Einstein con el Judaísmo, sus sentimientos eran los mismos: «Para mí, la religión judía es, como todas otras religiones, una encarnación de la superstición primitiva. Y los judíos, a quien con mucho gusto pertenezco y a cuya mentalidad me siento profundamente arraigado, no cuentan para mí con una más dignidad que otras personas. Basándome en mi experiencia, no son, de hecho, mejores que otros humanos, aunque se protejan de los mayores excesos por una falta de poder. En otras palabras, no puedo percibir que sean “los escogidos”».

En la última etapa de su vida, el científico tenía como compañera a una mujer checa, Johanna Fantova, comisaria de la biblioteca de Princeton, a la que había conocido en Alemania décadas antes. Fantova escribió por aquel entonces un diario, en el que quedaron reflejadas las dos caras del genio en esa época: por una parte, estaba preocupado por su deteriorada salud, por otra, reflexionaba sobre su lugar en el mundo científico y sobre su búsqueda de una teoría unificada en su ámbito.

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