Espectáculos

26 de Noviembre de 2018 - Nota vista 1027 veces

El mundo despide al gran maestro del cine italiano Bernardo Bertolucci

El mundo del cine y de la política de Italia despidió este lunes (26 de noviembre del 2018) al cineasta italiano Bernardo Bertolucci, fallecido a los 77 años en Roma y considerado uno de los directores más grandes de su país y del mundo.

Autor de El último tango en París, la propia Novecento o El último emperador, que obtuvo nueve Oscar en 1988, nació en Parma en 1940, en la Emilia Romania roja y partisana. Hijo del gran poeta Attilio Bertolucci y de la profesora Ninetta Giovanardi, fue íntimo amigo de Pier Paolo Pasolini, defensor a ultranza del Partido Comunista y ávido lector de los fundamentos del marxismo y el psicoanálisis. Un cocktail biográfico del que bebió toda su obra: una quincena de películas, entre producciones colosales y minúsculas, obras experimentales y más tradicionales. Fue guionista, productor, poeta y polemista. Y sobre todo, retrató con nitidez extraordinaria a los desheredados de este mundo —como la prostituta de la Cosecha estéril, su primer filme—, a seres en descomposición y a un cierto tipo de burguesía en pleno descubrimiento del fuego.


Bertolucci conoció casi por casualidad a la persona que más influencia tuvo en los inicios. Su padre había editado Ragazzi di vita a un joven autor llamado Pier Paolo Pasolini, que se había mudado al mismo edificio de Monteverde Vecchio donde vivían. El cineasta lo explicaba así en una entrevista con el actor James Franco en Il Corriere della Sera: “Con 21 años me lo encontré delante de la puerta y me dijo: ‘Eh, te gustan las películas, ¿verdad? Porque voy a rodar una y quiero seas mi asistente de dirección. Se llamará Accattone’. Le dije que nunca había hecho ese trabajo, y me respondió que él tampoco había dirigido ninguna película”. La cosecha estéril, luego, partió de una historia del propio Pasolini.



El pasaporte al cielo lo expidió El último tango en París, su sexta película. La más cruda y polémica. Todavía más cuando se supo que había pactado con Marlon Brando la famosa escena de los abusos sin que Maria Schneider lo supiese. Sus lágrimas eran tan reales e imprevistas como la mantequilla con la que Brando la sodomizaría en la película. Lo reconoció el mismo Bertolucci, pero su director de fotografía, el gran Vittorio Storaro, lo negó después ante el escándalo suscitado.



La película, estrenada en 1972, se prohibió en España hasta el 16 de enero de 1978. En una entrevista en el diario EL PAÍS de 1985 el cineasta explicó otra casualidad que marcó el filme: “Es un monstruo prehistórico del cine del pasado. En principio, no lo iba a interpretar él. Los actores elegidos eran Jean-Louis Trintignant y Dominique Sanda, pero Trintignant era un tímido y no se atrevía a hacer las escenas de la casa abandonada y ella estaba preñada, así que tuve que renunciar a los dos”.



El último tango... le sirvió a Bertolucci todo el crédito para rodar Novecento, un viaje a su tierra natal para narrar la lucha de clases. Una descomunal crónica de las primeras cinco décadas de la Italia del siglo XX que parte del 27 de enero de 1901, día en que murió a orillas del río Po Giuseppe Verdi. Muy cerca de ahí, nacieron también los dos amigos —uno hijo de terrateniente y el otro de labriegos— que protagonizan el filme y que representarán durante tanto tiempo después esas dos Italias.


Una epopeya (314 minutos y originalmente concebida en tres partes), producida por Alberto Grimaldi y surtida de grandes estrellas de Hollywood como Burt Lancaster, Robert De Niro o un Donald Sutherland que ponía rostro a un fascismo con algunos tics no tan lejanos. Su influencia recorrió los dormitorios de media Italia, donde colgó durante años el cuadro Il quarto stato, de Giuseppe Pellizza da Volpedo, que ilustraba el inicio del filme y su cartel. También los mostradores del registro civil, donde toda una generación de padres de la progresía inscribió a su vástago como Olmo, el personaje con el que Gerard Depardieu dio vida al revolucionario hijo de campesinos.


Novecento fue la afirmación definitiva de la transversalidad de Bertolucci, también a un lado y otro del Atlántico. Pero el reconocimiento en Hollywood llegó con El último emperador (1987), la trágica y novelesca historia de Pu Yi , el último representante de la dinastía manchú, quizá una de sus obras menos profundas, pero la única que le ha valido a un director italiano el Oscar. El cielo protector (1989) o El pequeño Buda (1993) fueron la continuación de aquella manera de ver el cine que fue volviendo cada vez más la vista atrás con filmes como Belleza robada (1997). El lunes ante su muerte solo hubo una Italia. La de políticos, como el propio presidente de la República, Sergio Mattarella, aritstas y cineastas que lloraron la pérdida del último emperador del cine europeo.


Despedida


"Será recordado entre los más grandes del cine mundial e italiano", fue el comentario del presidente de la Bienal de Venecia, Paolo Baratta, que recordó que el cineasta estuvo presente en la Mostra desde su primera obra, La cosecha estéril (1962), y después como presidente del Jurado en 1983 y 2013 y donde obtuvo el León de oro a la carrera en 2007.


El cineasta y productor Franco Zeffirell despidió a su "querido amigo y gran director" y subrayó que "con su trabajo logró transportarnos a dimensiones artísticas únicas"


El presidente de la Asociación General Italiana del Espectáculo (AGIS), Carlo Fontana, destacó que el fallecimiento de Bertolucci nos deja "sin uno de los grandes autores, quizá el último, del cine italiano". "Sus películas han atravesado medio siglo de Historia del cine y sus obras maestras han entrado con pleno derecho en el imaginario colectivo, superando las fronteras nacionales para convertirse en piedras angulares del cine mundial", agregó Fontana en una nota.


El presidente del Centro Experimental de Cinematografía y también director, Felice Laudadio, recordó la felicidad de Bertolucci tras la reciente restauración de El último tango en París (1972) con ocasión de sus 45 años y su vuelta a la proyección en 158 salas. Laudadio anticipó que ahora se restaurará su primera obra, La cosecha estéril, que era una de las preferidas de su esposa, la también guionista y directora Clare Peploe.


Los medios italianos apuntan que para despedir al maestro se instalará una capilla ardiente en la sede del Ayuntamiento de Roma, mientras que se celebrará un funeral privado.


También despidieron al autor exponentes de la política italiana como el exministro de Cultura Dario Franceschini, que señaló cómo sus películas "han emocionado y hecho discutir a generaciones enteras y hecho grande el cine italiano".


Asimismo emitieron mensajes de elogio el presidente de la región del Lazio, Nicola Zingaretti, y la alcaldesa de Roma, Virgina Raggi.


El alcalde de Parma, localidad natal del director, Federico Pizzarotti, aseguró que Bertolucci hizo de esta ciudad "una obra maestra" y lamentó que con su muerte "se haya apagado una voz única en el cine y la cultura italiana, una personalidad profunda que supo representar en sus películas la esencia del espíritu humano".