Salud

13 de Noviembre de 2018 - Nota vista 913 veces

Patología oftalmológica asociada al síndrome de Down

El síndrome de Down es una alteración genética que se produce en el momento de la concepción y se lleva durante toda la vida. No es una enfermedad ni padecimiento. Cualquier pareja puede tener un hijo con esta afección. Es producido por la duplicación de todo o parte del cromosoma 21, existiendo entonces tres copias de ese cromosoma en lugar de las dos usualmente existentes. Este material genético extra, produce ciertos cambios físicos en personas con síndrome de Down. La frecuencia con que se presenta, es de aproximadamente uno de cada 1000 nacimientos y la frecuencia aumenta con la edad materna.

Hay varias patologías generales que aparecen con mayor frecuencia en estos pacientes así como también un mayor riesgo de padecer diversos trastornos oculares. Afortunadamente, la mayoría de esos problemas tienen tratamiento especialmente si son detectados tempranamente. La mejoría en la calidad de la atención médica de estos pacientes en los últimos años, así como el acceso a la educación, ha permitido que lleven vidas más productivas y tengan una mayor expectativa de vida.

La visión constituye el sentido más importante para cualquier persona, pues le proporciona más del 90% de la información que proviene del exterior. Este hecho cobra especial relevancia en aquellos casos en los que una discapacidad dificulta esa conexión, tal y como ocurre en las personas con síndrome de Down. Se estima aproximadamente que el 70% de las personas con este síndrome presentan diferentes problemas visuales. Precisamente estudios científicos realizados han determinado que el desarrollo del sistema visual y del sistema oculomotor de pacientes con este síndrome son substancialmente diferentes que al resto de la población. Uno de los rasgos característicos de este síndrome lo podemos encontrar en sus ojos, tienen una inclinación hacia arriba en sus párpados, pliegues prominentes entre los ojos y la nariz acompañados de pequeñas manchas blancas presentes en el iris.

Los trastornos oculares más comunes en estos pacientes son:

• Errores Refractivos – Niños con síndrome de Down necesitan con mayor frecuencia de lentes debido a la presencia de miopía, hipermetropía o astigmatismo. Estos problemas refractivos, pueden aparecer tempranamente en la infancia o en edad escolar.

• Estrabismo o desviaciones oculares – Puede presentarse entre el 20 y el 60% de los pacientes. Es más común de observar la esotropía (desviación de los ojos hacia adentro) que la exotropía (desviación de los ojos hacia afuera) El estrabismo puede tratarse con lentes, parche o cirugía de los músculos extraoculares.

• Nistagmo – Es un movimiento involuntario de los ojos que puede afectar la visión en forma moderada o severa.

• Cataratas – Existe un aumento en la incidencia de cataratas congénitas (presentes al nacimiento) así también como de cataratas adquiridas en los pacientes con síndrome de Down. Pueden desarrollarse en forma lenta y deben ser monitoreadas cuidadosamente para ver si es necesario un tratamiento quirúrgico de la misma.

• Blefaritis – Es la inflamación del borde libre de los párpados que se manifiesta con enrojecimiento y presencia de secreciones entre las pestañas. Esto puede producir sensación de sequedad ocular o ardor. El tratamiento consiste en limpieza del borde palpebral y administración de antibióticos.

• Lagrimeo – Lagrimeo excesivo ocurre por obstrucción o estrechamiento del conducto lacrimonasal que es el que drena las lágrimas del ojo. Puede requerir de un tratamiento quirúrgico para su desbloqueo.

• Queratocono – Es una distorsión en forma de cono de la córnea, que es la capa más anterior del ojo. Ocurre en hasta el 30% de los pacientes con síndrome de Down. Suele ser diagnosticada alrededor de la pubertad y debe ser monitorizada continuamente. Puede producir visión borrosa, adelgazamiento corneal o incluso opacidad corneal.

Se recomienda que todos los niños con síndrome de Down sean examinados por un oftalmólogo pediátrico o que tenga experiencia en el examen de estos niños. El primer examen debe realizarse dentro del primer mes de vida sobre todo para descartar la presencia de una catarata congénita, que en la mayoría de las ocasiones requiere una actuación inmediata. Los controles posteriores deben realizarse de forma anual o de manera más frecuente dependiendo de la indicación del oftalmólogo tratante.

Ante el diagnóstico de síndrome de Down, la actuación temprana resulta fundamental en todos los aspectos. El estímulo adecuado se presenta vital para el correcto desarrollo de las capacidades motrices, cognitivas, emocionales y adaptativas. Intentar enseñar a leer, por ejemplo, a un niño con este síndrome utilizando métodos convencionales puede convertirse en una tarea muy difícil, si no se tiene en cuenta la capacidad visual que presenta. Por ello se deben detectar cuanto antes aquellas anomalías oculares y tratarlas para una mejor adaptación, permitiendo con esto una autonomía suficiente como para trabajar, vivir en pareja o desarrollar diferentes habilidades.

Siempre teniendo en cuenta que un niño con Síndrome de Down es una persona con toda una vida por delante, la responsabilidad de los padres, de la comunidad en la que habitan y de los estados, consiste en facilitarles un entorno social y educativo adecuado a sus demandas. Esos requerimientos son de pura justicia ya que apuntan sencillamente a que estas personas consigan convertirse en ciudadanos participes de una sociedad que necesita de todos a través de un proceso educativo integrador que los estimule y extraiga de ellos sus mejores cualidades.


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