Opinión

18 de agosto de 1848 - 18 de agosto de 2018 - 9 de Agosto de 2018 - Nota vista 777 veces

HAN PASADO 170 AÑOS DE AQUELLO TAN ATROZ

No fue un hecho simple más. Fue un suceso desgraciado con aristas muy singulares.

Para ubicarnos mejor en el tiempo, cabe decir, en principio, que en Buenos Aires, en 1828, nació Camila O’Gorman. Hija de Adolfo O’Gorman y Perichón de Vandeuil y de Juaquina Ximénez y Pinto, era una hermosa niña de la sociedad de Buenos Aires.

Tenía 19 años cuando conoció al Párroco del Socorro, llamado Wladislao Gutiérrez, llegado de Tucumán. Ella, de voz encantadora, animaba las funciones religiosas y trataba con frecuencia al sacerdote, generándose una amistad especial, con gran afinidad espiritual, que desembocó en un amor que movió a la pareja a huir a Buenos Aires el 11 de diciembre de 1847, escudándose en los nombres de Valentina Desan y Máximo Brandler, respectivamente.

Fue el mismo padre de Camila quien denunció el hecho al gobernador Rosas, el cual juró encontrarlos estuvieren donde estuvieren y darles un escarmiento ejemplar, sosteniendo que los haría fusilar donde se los encontrara.

Con pasaportes falsos salieron por Luján hacia Santa Fe contando con la complicidad del patrón del barco. Se afincaron finalmente en Goya (Corrientes) en las márgenes del río Paraná, donde fundaron dos escuelitas y se granjearon muy pronto la simpatía y enorme cariño de los lugareños.

Tiempo después, alguien de paso por el pueblo, reconoció a Gutiérrez y rápidamente los denunció. Informado Rosas de esta circunstancia, ordenó que fueran trasladados de inmediato a Buenos Aires con grillos e incomunicados, siendo encarcelados en Santos Lugares.

Amigas como eran, se tiene la idea de que Camila escribió a Manuelita Rosas al respecto.

Por una carta de ésta última fechada el 9 de agosto de ese año, 1848, en Palermo, se sabe que ella intercedió ante su padre, pero sin obtener resultado favorable, aconsejándole fortaleza a Camila.

Como doloroso final, Wladislao y Camila fueron fusilados el 18 de agosto de 1848, horrorizando esta sentencia a los familiares de Camila ya que no esperaban semejante desenlace.

Según cuentan documentos de la época, la condenada recibió el “bautismo por boca”, “por las dudas si había preñez”.

Los cuerpos se colocaron en un mismo ataúd, separados al medio por un tabique.

La ejecución se vistió de perfiles dramáticos, ya que era la primera vez que una mujer sufría la pena de muerte.

De este modo, hace 170 años, el amor humano, cual invencible señor sobre la razón, escribió una vibrante y horrenda página en la historia argentina.


María Rosario Echeverría