Salud

11 de Julio de 2018 - Nota vista 708 veces

La longevidad humana no ha alcanzado todavía su límite

¿Cuánto puede vivir un ser humano? La cuestión ha sido uno de los pilares centrales del estudio científico en la época contemporánea. Investigación, avances médicos y un desarrollo exponencial en la calidad de vida de las personas han permitido estirar la longevidad por encima del centenar de años, sin embargo, ¿hemos alcanzado ya el límite biológico?
Jeanne Calment, la persona más longeva jamás documentada. / IE Foundation

A tenor de la última investigación sobre la cuestión, publicada en la revista ‘Science’ y llevada a cabo por un equipo de investigadores liderado por Elisabetta Barbi, de la Universidad Sapienza de Roma, la respuesta a esta pregunta es negativa. Según este estudio, que analizó los bancos de datos de ciudadanos italianos de más de 105 años entre 2009 y 2015 -un total de 3.836 casos documentados-, la mortalidad desciende hasta estancarse en estos ratios de edad.

De esta manera, las tasas de fallecimientos se incrementan de manera significativa a partir de los 80 años y van progresivamente descendiendo hasta dibujar una meseta a partir de los 105.

«Los resultados sugieren fuertemente que la longevidad continúa aumentando con el tiempo y que un límite, si existe, aún no se ha alcanzado», señala a modo de conclusión la profesora Barbi, tras analizar los datos recopilados e incidiendo en ese llamativo estancamiento de la mortalidad en edades extremas.

«Si hay una meseta de mortalidad, entonces no hay límite para la longevidad humana», afirma por su parte Jean-Marie Robine, un demógrafo del Instituto Francés de Salud e Investigación Médica en Montpellier, en declaraciones a la revista ‘Nature’.

Un debate abierto

Estas opiniones contradicen las expuestas por expertos e investigaciones previas que fijaban un límite de longevidad en el entorno de los 115 años, lo que aviva un intenso debate que permanece abierto.

En 2016, el genetista Jan Vijg y su equipo de la Escuela de Medicina Albert Einstein de Nueva York reavivaron esta polémica cuando analizaron las edades en el momento de la muerte de las personas más longevas del mundo en el último medio siglo, estimando que la vida humana había alcanzado un techo a los 115 años, con límites aislados de hasta 125, como el caso de la supercentenaria francesa Jeanne Calment, documentada como la persona más longeva de la historia, al alcanzar la edad de 122 años en el momento de su muerte en 1997.

Diversos expertos cuestionaron entonces los métodos estadísticos empleados por Vijg y su equipo, avivando unas dudas a su postura que el estudio italiano no hace sino incrementar.



La calidad de los datos

Barbi y sus colaboradores también rastrearon las trayectorias de supervivencia individuales de un año a otro, en lugar de agrupar a las personas en intervalos de edad como lo han hecho estudios previos que combinan conjuntos de datos.

Y al centrarse solo en Italia, que tiene una de las tasas más altas de centenarios per cápita del mundo, evitaron el problema de la variación en la recopilación de datos entre diferentes jurisdicciones.

Por todo ello, como asegura Kenneth Howse, investigador de políticas de salud del Instituto de Envejecimiento de la Población de Oxford en el Reino Unido, «estos datos proporcionan la mejor evidencia hasta la fecha de mesetas de mortalidad de personas de la tercera edad».

En este sentido, Ken Wachter, demógrafo matemático en la Universidad de California, Berkeley, y autor del último estudio, sospecha que las disputas anteriores sobre los patrones de mortalidad tardía han surgido en gran parte de los malos registros y estadísticas.

«Tenemos la ventaja de mejores datos», dice.

«Si podemos obtener datos de esta calidad para otros países, espero que veamos el mismo patrón».

Actualmente hay en todo el mundo alrededor de unas 500.000 personas centenarias, una cifra que casi se duplicará en cada década venidera.

Incluso si el riesgo de mortalidad al final de la vida se mantiene constante a 50:50, el aumento de personas centenarias debería traducirse en que la persona más longeva del planeta viva alrededor de un año más por década, según Joop de Beer, investigador de la longevidad en el Instituto Demográfico Interdisciplinario de los Países Bajos, en La Haya.

Actualmente, la japonesa Chiyo Miyako es la persona más anciana del mundo, ya que cumplió 117 años el pasado 2 de mayo.

 El 16 de septiembre de 2018 se convertiría en la séptima persona más longeva jamás verificada, lejos aún de la francesa Calment, la única persona que superó los 120 años.

Un umbral que a tenor de los datos demográficos, podría no ser el límite de la vida humana.

(ABC SALUD)