Salud

MITAD DE SEMANA - 28 de Febrero de 2018 - Nota vista 1304 veces

Psicología del Bienestar: Constante Búsqueda

A las personas, es bien sabido, el bienestar le llega como consecuencia de una constante búsqueda, que irremediablemente debe persistir en todos los tiempos. Porque a diferencia de otros aspectos que se mantendrán por siempre, tales como el color de ojo, piel o cabellos, el bien vivir, se lo debe conquistar a diario. Bien podría compararse con el horizonte, al cual nos acercamos, pero nunca llegamos: así es el equilibrio o la armonía, parece que lo alcanzamos, se la disfruta por un tiempo breve, luego se aleja, para insistir en su reconquista.

Si extendemos este concepto, lo podríamos igualar con la salud. Se la alcanza transitoriamente, hasta que algo nuevo deviene, modifica la situación, con lo que se debe reparar y después, persistir en la conquista de la misma. Indudablemente la quietud, no está hecha para el hombre.  

La estructura psíquica, desde el nacimiento nos ubica en esta condición de búsqueda. A diferencia del único tiempo donde todo estaba resuelto, estamos hablando de la vida intrauterina. Tiempo en que no había carencia de alimentación, sed, abrigo, seguridad, respiración o calidez.

El cordón umbilical transmitía todo lo necesario para que la vida del bebé estuviera completa y nada se necesite. Es decir, fueron nueve meses de ausencia de demanda. Hasta el parto, que implicó un acto de conquista y adaptación al nuevo medio ambiente de vida.

Se inicia un recorrido donde todo impone esfuerzos, en primer lugar, la respiración, ya que para que ingrese el oxígeno, hay que aspirar con fuerza, diferencia importante con la vida intrauterina, en la que se resolvía a través de la sangre… (¡ah querido cordón umbilical que todo lo proveías!).

Pero la innata búsqueda del bienestar, viene incorporada.

El bebé llora cuando el apetito solicita alimento, cuando está sucio o mojado. Cuando no puede dormir o le duele la barriga.

Es decir, desde los primarios comportamientos, cuando el malestar se instala, aprende al menos, como demandar un cambio.

Y vaya si lo aprende. El modo en que la madre atiende esta demandas, darán origen a las improntas de satisfacción que luego repetirá a lo largo de la vida. Desde allí nace la intolerancia al dolor, la constancia para lograr sus objetivos o la falta de lucha para alcanzarlo.

Marcas primarias del psiquismo, que a medida que se complejiza, más aprenderá a buscar en los caminos de satisfacción.

Bien los sabemos, nadie queda detenido en la incómoda posición que provoca dolor o sufrimiento. Un movimiento físico o psíquico, buscará salir del mismo. Esta es una de las marcas más claras de la condición de búsqueda del bienestar que todos portamos.

Como también conocemos, hay dos frentes o fuentes de malestar: la externa y la interna. Cuando logramos discernir que la proveniente del interior es la más importante, estamos muy cerca de vivir en armonía.

Y no porque la externa cese. ¡No! todo lo contrario, a pesar de ella, las personas cuando discriminan que el modo de resolverlo pasa por como cada cual se posiciona frente a las mismas, aumenta la posibilidad de éxito.

Éxito entendido como capacidad de superar adversidades, obstáculos, impedimentos o imposiciones contrarias los propios deseos.

Hablamos de la complejización psíquica, por lo tanto, de mayor madurez como consecuencia de la evolución, que incluye no solo lo físico, sino vivencias, experiencias de vida, crecimiento emocional y mayor autonomía.

Todo ello conduce al sujeto a la comprensión de que el bienestar de su vida, no se encuentra en el afuera, sino precisamente en su interior.

Donde debe librar batallas contra sus fantasmas, deseos inalcanzables, intolerancias y convivencias con otros, que también demandan y luchas por sus deseos.

Es este el campo de aprendizaje y mejoras, el que nos acerca indefectiblemente al bienestar. Implica negociar deseos, comprender las propias incapacidades o limitaciones.

 Supone reconocer virtudes y defectos y conquistar la tan necesaria tolerancia con el resto y con uno mismo.

En definitiva, la conquista de la armonía se asemeja al alcance de la paz.

Una paz que es consecuencia de la convivencia armónica entre lo que decimos, lo que sentimos y lo que hacemos.

Nada viene de afuera. Todo será en definitiva una convivencia madura entre las apetencias íntimas y las posibilidades que tenemos para alcanzarlas.

Muy lejos de aquellos tiempos en que las soluciones, estaban otorgadas a través de aquel "bendito" cordón umbilical. Dejar la niñez y asumir la conducción de los propios deseos, es el camino que conduce al Bienestar.

Bien vivir como lo hemos llamado, desde lo que elegimos como alimentos diarios, al amor con el que construimos proyectos familiares y la vida laboral, sin descuidar el modo peculiar de recrearnos, todo estará en las manos conducentes que no podrán endilgar los fracasos a nadie, más que a uno mismo.

Son esfuerzos de crecimiento que cuanto antes lo alcanzamos, más pronto disfrutamos sus mieles. Vivir en armonía con uno mismo, nos lanza al mejor encuentro con el mundo interno y también propiciar los cambios pendientes en este universo.

Lic. Mario Sarli

Psicólogo