Opinión

21 de Febrero de 2018 - Nota vista 997 veces

Acerca de nuestro héroe máximo

Ante un nuevo 25 de febrero, día de su nacimiento, me permito recordar algunos detalles íntimamente ligados al Padre de la Patria. Lo hago con profunda gratitud, admiración y respeto.

Convertido a fuerza de combates y renunciamientos históricos en símbolo de la unidad nacional, el Regimiento de Granaderos a Caballo, tiene como compromiso fundamental preservar el legado del General Don José de San Martín. Puede verse hoy a este glorioso Regimiento en funciones sobresalientes de escolta presidencial y también como encargado de la seguridad en el interior de la Casa Rosada y de la quinta presidencial, pero también en el trabajo diario en la difusión del espíritu sanmartiniano trasuntado en el contacto con escolares que visitan el Museo del Regimiento y en las visitas que ellos, nuestros gallardos granaderos, realizan a hospitales públicos, donde llevan una palabra de apoyo. Tienen los Granaderos bajo custodia el rosario que acompañó a San Martín en la mayor parte de su campaña militar. Llegó a sus manos en 1808, cuando herido en combate, una monja llamada Julia María se lo regaló para su protección.

Está hecho con madera del Monte de los Olivos y en el corazón del rosario se ven las iniciales JM. Lo llevó San Martín hasta el 20 de mayo de 1820 cuando se lo cedió en Rancagua a su amigo, el coronel Manuel de Olazabal, quien no se desprendió del obsequio.

La epopeya libertadora tiene un símbolo máximo que es el sable curvo del General José de San Martín. Su hoja es damasquina y no fue portado en batalla, pero era bien conocido en el continente americano ya que se lució en cada ceremonia que encabezó el Padre de la Patria, quien depositó en él su espíritu. Lo cedió a Juan Manuel de Rosas durante las campañas contra las escuadras anglofrancesas. Hoy está en Buenos Aires, cargado de significados históricos para la Argentina. Son pocos los que saben que se trata de una hoja comprada en segunda mano en Londres antes de que San Martín emprendiese el viaje a Buenos Aires.

La moda de entonces entre los oficiales jóvenes era contar con un sable de Medio Oriente y la hoja elegida por el futuro Libertador americano fue forjada en el pueblo iraní de Ishafran. No se sabe quién la portó antes. Esto es algo desconocido, pero el sable vale por la mano que lo empuña y por eso éste es símbolo de la unidad americana.

Respecto a su foja de servicio puede señalarse que San Martín tuvo su bautismo de fuego en el sitio de Orán, con sólo 13 años. Así se puede comprobar en la foja de servicio en el ejército español, que se conserva en el Museo del Regimiento de Granaderos a Caballo. Allí se lee que se incorporó al servicio militar como cadete el 21 de julio de 1789 y puede observarse la progresión de sus ascensos hasta Capitán segundo, en 1804. Por entonces llevaba 13 años, cinco meses y cinco días enrolado en el Regimiento de Murcia.

“Sirve bien este oficial’’ es el testimonio sobre el desempeño del joven oficial San Martín que quedó registrado en esa foja. Como país de origen figura “Buenos Aires en América”.

Y bien vale también referirse al General San Martín trayendo a la memoria los espléndidos versos escritos por el genial poeta Olegario Víctor Andrade, diciendo:

                                                                                                                                                           “San Martín

¡No morirá tu nombre!

Ni dejará de resonar un día

tu grito de batalla,

Mientras haya en los Andes una roca

Y un cóndor en su cúspide bravía.

¡Está escrito en la cima y en la playa,

en el monte, en el valle, por doquiera

que alcanza de Misiones al Estrecho

la sombra colosal de tu bandera!”

¡Gloria y Loor para nuestro Gran Libertador”


María Rosario Echeverría