Opinión

¿RELIGIÓN EN LAS ESCUELAS? - 10 de Febrero de 2018 - Nota vista 800 veces

«Los obispos no tienen por qué ser ‹palabras de Dios› también académicamente»

Cuanto se relaciona con la religión -asignatura - «cada una de las materias que se enseñan en un centro docente, o que forman parte de un plan académico de estudios»- se convierte con facilidad en noticia, por parte de unos y otros. Representantes «oficiales», o no tanto, de los estamentos políticos, religiosos, sociales, familiares, docentes... movilizarán sus razones y toda clase de medios a favor, o en contra, de las reivindicaciones que desde sus diversos puntos de vista e intereses, estimen oportunos.

Como los temas religiosos se enmarcan con tensión y coraje entre los merecedores de reacciones y comportamientos «martiriales», los términos «persecuciones» y «cruzadas» se hacen presentes con inquietante asiduidad, convencimiento y hasta con derramamiento de sangre. La “reconversión” de la religión en asignatura no les parece a muchos, cristianos o no, admisible. La religión es bastante menos, es decir, bastante más, que una docencia. Ni solo ni fundamentalmente se enseña.

Se practica y se vive. Más que competencia de los profesores, lo es de los catequistas, laicos, sacerdotes y pastores en general, que imparten sus doctrinas en las respectivas parroquias, centros y lugares de encuentros familiares. La familia es eje y academia de formación e información auténticamente religiosa. La familia cristiana es evangelio que no solamente se predica, sino que además, y sobre todo, se practica, a cargo, de padres, abuelos y demás miembros de la institución y vivencia. Enmascarar lo religioso académicamente, con la historia de las religiones y con el pensamiento filosófico ético-moral, difícilmente sería homologable con lo que se pretende oficialmente que llegue a ser la asignatura de la religión al uso. Idénticos tiempos e interés docentes habrían de reclamar para sí otros grupos religiosos distintos de los católicos, apostólicos y romanos hoy prevalentes en España, con posibilidades muy lógicas y seguras de acrecentamiento y afirmación. Pese a que hasta oficial y diplomáticamente estén vigentes determinados pactos y convenios entre el Vaticano y el Estado, el pueblo fiel a sus creencias, del signo que estas sean, no tiene por qué asumir su exclusividad, al menos sin protestar legítimamente de cuanto considere un atentado, o algo parecido, contra los derechos humanos. Es opinión generalizada la de que los profesores de religión estén, y sean, privilegiados académicamente.

También lo es su generosidad al calificar los exámenes de los alumnos con una nota media de al menos un “ocho”, lo que influirá en la distribución global del resto de las asignaturas, a la vez que justificará su permanencia en el ordenamiento docente. El hecho de que las mismas clases de religión sean aprovechadas subrepticiamente para atender y estudiar otras asignaturas, está al alcance de todos, tal vez con excepción del profesor de la misma religión. Proporcionaré a su tiempo, y con los exigidos datos y detalles, el hecho de que en algunos centros docentes, a los alumnos de la asignatura de la religión se les premia con un viaje a Roma... Es posible que el dinero proceda del apartado legal de las “prácticas”. Son posibles otras procedencias, con inclusión de las diocesanas, dado que incentivar la asistencia de los alumnos a las clases de religión, es tarea “pastoral” y evangelizadora.