Política

Por Gracia Jaroslavsky - 9 de Febrero de 2018 - Nota vista 402 veces

Hacer carne los legados, una asignatura pendiente 

Dieciséis años de la muerte de César Jaroslavsky, un hombre cuya vida se transformó en un legado. No voy a hablar de sus virtudes dado que por tratarse de mi padre y sobre todo del especial vínculo que nos unía, no sería para nada real mi valoración, pero sí voy hablar de los legados y de lo que considero vivo en el inconsciente colectivo de la sociedad.

No es común que después de 16 años siga tan vivo el recuerdo de un político que al fin y al cabo tuvo trascendencia nacional con tan solo dos periodos como diputado de la Nación.

Hay muchos a los que el congreso cobijó durante mucho tiempo, políticos que permanecieron a la sombra de los poderes de turno y que son ignotos desconocidos. Haciendo una simple pregunta: Qué diputados nacionales recuerda la gente, van a sobrar los dedos de una mano.

• ¿Cuál es la diferencia?

La diferencia es la identificación que la sociedad hace con los valores que aspira tengan sus dirigentes, valores que en la mayoría de los casos no se profesan en la vida diaria, pero sí los sienten como una aspiración necesaria en quienes los dirigen.

El reclamo social de valores está claro, falta que la sociedad en su conjunto los cultive y entonces, como en un espejo, la dirigencia cambiará.

Jaroslavsky concebía la política como lo que es, la más alta vocación de servicio, el más alto compromiso con la virtud y los valores. Y al mismo tiempo la herramienta más difícil. Él decía que servir al otro desde la política es mucho más difícil que hacerlo desde la religión, o desde una institución laica; la política y el gobierno son las herramientas más complejas del servicio a la sociedad, pero las más eficientes en tanto transforman la vida de las personas y les crea a todos condiciones de igualdad de oportunidades, no solo a un grupo como lo hacen las religiones o las instituciones o cualquier otro sistema.

El recuerdo del servicio que Jaroslavsky hizo desde la política no estaría vigente en la memoria de la sociedad, si esta no lo considerara un ejemplo a seguir.

Ahora bien la pregunta siguiente sería ¿qué tanto hemos avanzado en ese sentido?

Creo que la sociedad ha avanzado en conciencia, en reconocer lo que no quiere más, no está muy claro todavía qué quiere, pero está expectante ante la conducta del gobierno.

Está claro que la justicia se liberó bastante y con pasos no muy firmes, pero caminando al fin, va en el sentido correcto. Desde mi punto de vista el gran símbolo de su libertad sería el avance de la causa de la muerte de Nisman, pero eso parece estar lejos aún.

El gobierno nacional por primera vez se atreve a poner en la lupa al sindicalismo argentino.

Después de Julio Grondona, Moyano ha de ser el gran icono de las prácticas mafiosas. El líder camionero está siendo investigado por lavado de dinero y defraudación en causas que involucran a su sindicato, la obra social, empresas vinculadas a su familia y al club Independiente. El gobierno ha decidido no apañar más a los sindicalistas mafiosos, lo que no significa un ataque al sindicalismo todo lo contrario pretende solo que los corruptos se hagan cargo de sus delitos, democratizar la corporación sindical y que sus dirigentes cumplan con todas los códigos de ética pública que merecen sus agremiados.

Algo normal, pero como la normalidad es enemiga del oscurantismo corporativo, la reacción de los que se sienten en peligro será violenta.

Febrero y marzo serán claves en esta pulseada, el inicio de las clases y los preparativos de Moyano para su movilización pondrán en alerta al gobierno. El tránsito hacia la normalización está siendo más difícil de lo que la sociedad esperaba, las expectativas eran altas y no están siendo satisfechas, las dificultades de la economía, la alta carga tributaria y de servicios, el consumo caído, hacen un cóctel difícil.

No obstante este es el camino que tenemos hoy y está claro que la sociedad lo quiere transitar.

 ¿Qué puede hacer la política?

Promover y afianzar sus fuentes, que no son otra cosa que los partidos políticos.

 ¿Qué puede hacer la sociedad?

Hacer carne los legados de los que se siente orgullosa, practicar en su vida la virtud y la conciencia abierta, estar atenta custodiando la verdad que tanto le costó debelar.

 ¿Qué debe hacer el gobierno?

Dar ejemplo.