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7 de Febrero de 2018 - Nota vista 693 veces

Somos años 

La fórmula de vida perfecta no existe, en particular mis tropiezos como adulta comenzaron a los 23 años. Fueron consecutivos, uno tras otro y sin dejar descanso. La vida hacía lo suyo, fueron las enseñanzas que a todos nos toca “aprobar” en algún momento.

Podría hoy preguntarme por qué, cuando uno comienza a aprender quiere como autodefensa postergar lo inevitable, aceptarse. Con ello entender que no hay fórmula y que nos toca empezar a formar nuestras propias reglas por medio de preguntas, respuestas, confusión, ramificaciones de marañas, pensamientos, análisis y nuevas preguntas. Un espiral que no termina. 

El segundo nacimiento, la pelota de trapo.

Una cosa que quiere ser, pero no es. Improvisación, un montón de pedazos de telas gastadas por el uso, que se unen con el fin de seguir el juego a toda costa y con sobradas ganas de hacerlo. Así recomenzamos el rumbo. Ahora los años no importan, hace tiempo dejamos de ser “nuestros años” somos lo que aceptamos de nosotros y lo que todavía no.

En particular soy lo que la vida fue moldeando, la metamorfosis sufrida por los golpes y logros. Aprendizaje.

Creo ser mejor que ayer y cada día que pasa me redescubro. Adoro y a veces detesto, mi forma de ver al mundo. No me quejo por lo sufrido, pero me pregunto muy seguido “¿qué clase de mujer hubiera sido sin mis pesares?”.

Lo cierto es que ni vos, ni yo, nos definimos por nuestra edad o por lo que nos tocó vivir, sino por cómo reutilizamos esos retazos de viejas telas en nuestro presente.

Nos guste o no, nada es tan preciso ni está resuelto aún, puesto que esa pelota hecha de un montón de trapos usados que todos los días sale a la cancha, continúa con su inevitable transformación. Unos días pierde y otros recupera sus partes.

En definitiva el bienestar no está en la pelota, el estadio y ni si se juega de visitante o local. Está en saber juntar los restos cuando perdemos y aprovechar los triunfos merecidos. Se logra aprendiendo que: en la vida hay que ser creativos para unir las piezas dispersas por el campo de juego. Y además pelear sin tener la certeza de que jugaremos para TRIUNFAR.

“Mi triunfo es cuando todos los días, me recupero de las lesiones y salgo nuevamente a la cancha”. ¿Y el tuyo?


Ivana Guinda


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