Opinión

27 de Enero de 2018 - Nota vista 212 veces

Rumores, suposiciones, mentiras

Casi en todo el mundo se ha instalado esta práctica. Usar del rumor, de suposiciones, de mentiras, para desacreditar, para comprometer y hasta para condenar a algunas personas y basados en eso, sin las suficientes pruebas, periodistas, artistas famosos, todos de pronto juzgan y condenan. Se constituyen en jueces.

Un estadista argentino decía, en su libro, que con rumores habían tratado de desacreditar y juzgar a la Primera Junta de Gobierno, a Belgrano, a San Martín y otros.

Así está presa Milagros Salas, estuvo también detenido el ex vicepresidente Boudou, ahora liberado. Pero no pasa sólo en nuestro país, también en Brasil, derrocaron a una Presidente elegida por el pueblo, en elecciones libres, basándose en rumores de que estaba comprometida en un caso de corrupción, la juzgaron, la condenaron y la destituyeron, ahora con igual “sistema” condenaron a Lula, un líder popular y muy querido por el pueblo de ese país, en un desesperado intento de que no gane las elecciones, como las encuestas lo están indicando. Recuerdo que un presidente de la Corte Suprema de ese país dijo, después que ya la habían derrocado a Dilma Rousseff que “en Brasil no conocía otro político más honesto que ella”.

También los rumores se usan en algunas familias, en algunos barrios provocando mucho daño en las personas, familias o grupos de trabajo o amigos afectados.

La peor consecuencia de esta actitud pobre y dañina, es que destruye la confianza, pone en duda el buen honor de las personas y contribuye a la desunión. Incluso se puede direccionar el pensamiento de una persona o una comunidad en la elección de sus autoridades.

Nada bueno se puede construir sobre la desconfianza.

Siglos atrás, una persona fue arrepentida, a contarle a un hombre sabio, que había difamado a un vecino con mentiras. Y le preguntó como podría arreglar el mal hecho. Sin pensarlo, el sabio le dijo “primero tomá esa bolsa grande llena de plumas de pequeñas aves, y cuando sople un fuerte viento, tiralas, andá a tu casa y al otro día tomá la bolsa vacía y juntá todas las plumas”, quien le había pedido el consejo le contestó, “pero maestro eso es imposible, no podré juntar todas, porque el viento las desparramó”.

Así pasa cuando mentimos, el daño que se hace nunca se puede solucionar del todo, porque deja en quienes la escucharon la duda, la desconfianza, sobre quien difamaste”.

Sería bueno que todos escuchemos esta enseñanza de este sabio, seguramente nuestra familia, nuestro grupo de amigos, de trabajo o en el ámbito de la política (especialmente) todo sería distinto, más constructivo, más honesto y sería posible reconstruir una fraternidad, hoy herida por tantas mentiras, rumores y egoísmo.

Seguramente el Dios que es “La Verdad”, nos ayudaría en esta misión de todos.

 Pablo Sánchez

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