Salud

25 de Enero de 2018 - Nota vista 376 veces

La enfermedad cardiovascular, primera causa de muerte en supervivientes de un cáncer de mama

La práctica de ejercicio físico es la medida más importante que pueden adoptar las pacientes diagnosticadas de este tipo de cáncer para sobrevivir a la enfermedad.

Las mujeres con cáncer de mama tienen que hacer ejercicio. No en vano, y como ya demostrara un estudio publicado hace casi un año, la práctica de ejercicio físico es la medida más importante que pueden adoptar las pacientes diagnosticadas de este tipo de cáncer para sobrevivir a la enfermedad.

Y a ello se aúna que, una vez superado un tumor en la mama, la actividad física es la intervención que reduce en mayor grado el riesgo de que el cáncer vuelva a reaparecer.

Pero aún hay más. Como muestra un nuevo estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad del Sur de California en Los Ángeles (EE.UU.), el ejercicio aumenta la esperanza de vida de las mujeres con cáncer de mama al disminuir la probabilidad de desarrollo de diabetes tipo 2 y, sobre todo, de enfermedades cardiovasculares –patologías que, tal y como ocurre en la población general, son las mayores responsables del deceso de estas pacientes.

Como explica Christina Dieli-Conwright, «Journal of Clinical Oncology», «la mayoría de la gente desconoce que la principal causa de muerte entre las supervivientes a un cáncer de mama no es el propio cáncer, sino las enfermedades cardiovasculares.

 Y es que en las pacientes que desarrollan este tipo de tumor, el síndrome metabólico está exacerbado por la obesidad, por el estilo de vida sedentario y por la administración de quimioterapia».

Síndrome metabólico

De acuerdo con los datos de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), en el año 2015 se diagnosticaron en nuestro país 27.747 nuevos casos de cáncer de mama, el tipo de tumor más frecuente entre las mujeres españolas –y de todo el mundo–.

 La buena noticia es que, como consecuencia de los avances logrados en las últimas décadas, el cáncer de mama presenta una de las mayores tasas de supervivencia asociadas a cualquier enfermedad oncológica. De hecho, la tasa de supervivencia de este tipo de tumor es cercano a un 90% a los cinco años de diagnóstico.

Pero hay un problema, y muy serio: las pacientes tienden a ganar mucho peso durante el tratamiento, aumentando así su riesgo de desarrollo de síndrome metabólico.

Pero, llegados a este punto, ¿qué es este ‘síndrome metabólico’? Pues, básicamente, un trastorno caracterizado por una presión sanguínea elevada, unos niveles altos de azúcar en sangre y colesterol y un exceso de grasa abdominal, factores que, en conjunto, aumentan el riesgo de aparición de enfermedades cardiovasculares y metabólicas –muy especialmente la diabetes tipo 2–. Y asimismo, del cáncer, incluido el de mama.

La principal causa de muerte entre las supervivientes de cáncer de mama no es el propio cáncer, sino las enfermedades cardiovasculares

Como indican los autores, «las mujeres con síndrome metabólico presentan un riesgo un 17% mayor de padecer cáncer de mama, una probabilidad tres veces superior de experimentar una recurrencia del tumor y un riesgo dos veces mayor de fallecer a consecuencia de este tipo de cáncer».

Para llevar a cabo la nueva investigación, los autores contaron con la participación de 100 supervivientes de cáncer de mama que ya habían concluido el tratamiento oncológico en algún momento en los seis meses previos a su inclusión en el estudio.

 Unas participantes que, de acuerdo con un criterio totalmente aleatorio, fueron divididas en dos grupos: uno en el que pudieron seguir con su vida sedentaria; y otro en el que debían someterse a un programa de ejercicio aeróbico y de resistencia de intensidad moderada –tres sesiones semanales y durante cuatro meses en las que se realizaba ejercicio de resistencia con pesas y al menos 150 minutos de ejercicio aeróbico.

Pero, ¿para qué este programa de ejercicio? Pues, simple y llanamente, para reducir el riesgo de síndrome metabólico, muy elevado en las supervivientes a un cáncer de mama.

De hecho, en el momento de su inclusión en el estudio, el 46% de las participantes eran obesas y el 77% habían sido diagnosticadas de síndrome metabólico.

Transcurridos los cuatro meses, la tasa de síndrome metabólico fue de un 80% en el grupo de participantes sedentarias y de solo un 15% entre las supervivientes que practicaron ejercicio. Y es que gracias a la actividad física, estas últimas cambiaron la grasa por músculo.

Es más; las participantes sometidas al programa de ejercicio experimentaron un descenso de un 10% en sus cifras de presión arterial y un aumento del 50% en sus niveles de colesterol HDL –el consabido ‘colesterol bueno’–. Es decir, redujeron su riesgo de padecer una enfermedad cardiovascular.

El ejercicio es medicina

Es bien sabido que la obesidad causa inflamación, así como que esta inflamación puede promover el crecimiento tumoral y favorecer su recurrencia.

Y en este contexto, un estudio previo llevado a cabo por los mismos autores ya demostró que el ejercicio mejora la inflamación sistémica y reduce la inflamación en los adipocitos –o ‘células grasas’.

En definitiva, concluye Christina Dieli-Conwright, «el ejercicio es una forma de medicina. Ambos estudios refuerzan esta idea, y en el futuro seguiremos realizando estudios para suplementar las terapias tradicionales frente al cáncer».