Salud

24 de Enero de 2018 - Nota vista 222 veces

El cáncer de esófago se sitúa entre los diez cánceres más frecuentes en el mundo

Las enfermedades del sistema digestivo resultan en ocasiones difíciles de diagnosticar debido a que la mayoría de las técnicas son muy invasivas, como la endoscopia. Ahora, gracias a un equipo de investigadores del Universidad Case Western (EE.UU.) los pacientes podrían tener una alternativa. Se trata de un globo ingerible que, según sus diseñadores, ofrece la posibilidad de detectar de forma no invasiva el riesgo de cáncer de esófago.

El nuevo enfoque –un pequeño globo que se puede tragar para recopilar muestras junto con un análisis de ADN– podría suponer una prometedora alternativa a la endoscopia (un procedimiento lento que requiere sedación) para diagnosticar el esófago de Barret (BE), precursor del carcinoma esofágico.

El cáncer de esófago es el quinto tumor más frecuente del aparato digestivo en España (por detrás del cáncer colorrectal, gástrico, hepático y pancreático) y se sitúa entre los diez cánceres más frecuentes en el mundo. Según el informe.

“Las cifras del cáncer en España 2017” publicado por Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), la incidencia de cáncer de esófago en España es de 2.358 casos (83.9% en varones), suponiendo el 0.95% de todos los cánceres y el decimoctavo por orden de frecuencia en varones y el vigésimo tercero en mujeres. Es más frecuente en el hombre que en la mujer, pudiendo oscilar la relación entre 3 y 10 hombres por cada mujer, dependiendo del área geográfica.

La edad habitual de presentación es entre los 55 y los 70 años, siendo infrecuentes los casos en personas por debajo de los 40 años.

Es más frecuente en el hombre que en la mujer, pudiendo oscilar la relación entre 3 y 10 hombres por cada mujer, dependiendo del área geográfica

Aproximadamente el 95 % de los casos de esófago de Barret (EB) pasan desapercibidos hasta que el paciente progresa a adenocarcinoma esofágico, que tiene un mal pronóstico y una tasa de supervivencia a cinco años inferior al 20 %.

La incidencia del adenocarcinoma esofágico se ha visto más que cuadruplicada en las últimas tres décadas, lo que ha estimulado al equipo de Helen Moinova a idear un dispositivo y un método de detección basado en biomarcadores que ayude a que el examen de BE forme parte del procedimiento clínico rutinario.

Después de analizar muestras de cientos de personas, los investigadores se centraron en un patrón de modificación de ADN en células del esófago inferior, que identifican el BE con una sensibilidad y especificidad de más del 90 %.

Curiosamente, los investigadores notaron que fumar alteraba la modificación del ADN en el esófago superior, sin que las regiones más profundas se vieran afectadas.

Para crear un dispositivo que pudiera recolectar células del esófago inferior, los científicos diseñaron una pequeña cápsula, apenas un poco más larga que una aspirina, que contiene un globo y se conecta a un catéter para inflarla una vez que llega al estómago (aproximadamente tres minutos después de ser tragada).

Tras el inflado, el balón cepilla suavemente el esófago para recoger muestras de células para el análisis de ADN. El balón se desinfló a través del catéter y se metió de nuevo en la cápsula, protegiendo así la muestra del esófago de la dilución o contaminación.