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18 de Enero de 2018 - Nota vista 765 veces

Arroyo Manzores

La siesta estira los brazos, sus dedos chasquean el agua del recuerdo, formando olas que festonean, las costas del cause cristalino de la memoria.

Que imponente y majestuoso cuando el hombre piensa, sueña, juega con la imaginación, que al final termina con la etapa más querible de su vida ¡el de su niñez!

Imágenes irrepetibles, postales, fotos que retienen un pasado, aquel pasado que.se guarda y cuida celosamente, y cuando más la nieve del tiempo, cubre la sien, más le reclama a la vida, más lo recuerda y lo ama intensamente.

“Arroyo Manzores” desde calle Mitre, Salta hasta Asunción, saben de las caminatas siesteriles con la cañita al hombro buscando mojarrear tiempos distintos, difíciles, no había radio ni televisión, no se conocían juguetes, pero la naturaleza nos proporcionaba su amistad, para vivir y recrear a aquellas pilladuras de gurí.

“Arroyo Manzores” parecías detenido en el más hermoso del paisaje, el sol pintaba de bronce tus riveras, el rojo de las acacias se hacía más intenso, podías elegir lugares como la arena blanca donde el biguá acicalaba sus plumas al sol, o el de los roquedales donde hurgábamos con las manos buscando el escondrijo de las palometas que casi siempre resbalaban por entre los dedos.

Las lluvias nos proporcionaban tiempos de sosiego, de lotería familiar, de tortas fritas amasadas con amor por nuestra madre, lluvias que apuraban la crecida, que en su bajante, serpenteante entre las piedras arrastraban pequeñas y desordenadas jangadas, que se recogía como leños, albardones que se formaban en las costas que alguna mojarrita distraída quedaba atrapada, resaca que nutría la tierra donde crecía “el culantrillo” (helecho), “el macachí’’, planta bulbosa comestible, “el mastuerzo” (planta aromática), las lianas trepadoras del “Mburucuya” que se encaramaba entre las melenas de los sauces que caían en cascadas verdes, bayas que el sol reventaba en rojo y nuevamente se volvían a pronunciar, las estrechas picadas que los anímales pronunciaban para aguaitar la sed, bandadas de garzas que se molestaban con nuestra presencia, perdiéndose, con su majestuoso vuelo en el cielo como trocitos de papel, y la salida del arco iris que anunciaba que la lluvia iba a parar, que empezaba no se donde y se perdía en la bocaza negra y hollinada de la chimenea del saladero Nébel.

“Arroyo Manzores”, tuvimos un ayer, maravilloso y simple, en tus aguas empezamos a dar la primeras brazadas, donde aprendíamos a nadar, en tu lecho elegimos piedritas de colores, en tus costas nos enseñaron sus cantos las calandrias, de los teros su vuelo, a tus arboles volvíamos a sus nidos los pichones caídos, cuantas veces nos subíamos en las mariposas de los sueños que dormitaban bajo el puente de piedra de calle Salta.

Hoy vislumbramos una mañana poblado de negros fantasmas que se esconden detrás de las piedras pringosas de la contaminación.

“Arroyo Manzores” podría escribir mucho de tu pasado porque nací, te conocí y crecí junto a tu cause, porque uní mí vida a tu paisaje y muchas veces me interné en tu torrente para perderme en el gran río Uruguay, arroyito de mi vida, hoy me acerqué a tu triste vivir, y no me pude ver reflejado en tus entrañas, quise vadear tu cause y el miedo me detuvo, quise unir mi canto al de tus pájaros y solo escuche el chistido agorero de la lechuza, podría describir las pequeñas aldeas que se formaron a tus orillas, podría acordarme de las familias que conformaban aquella comunidad rivereña, hasta olería el amasijo nuevo que cocinaban en tus hornos de barro.

El progreso me llama a la realidad, la mano del hombre, la que enfermó tu cause, son la mismas que hoy sellarán tu vida, sepultando con vos nuestro hermoso y querido sueño de la niñez.

“Arroyo Manzores”, salamanca en soledad, correrás en mil lunas por el vientre materno de la tierra, el sol que cae vertical amarillará los pastos de aquellas costas que fueran verdes, prodigiosas, andariegas las que prodigaron al camalote azul, el canto de las aves que conformaron un paisaje y se fundían en tus aguas. En los vericuetos del sendero se irán borrando las huellas de pies descalzos de gurí resolanero.

“Arroyo Manzores” morirás a la luz del sol, vivirás en los hijos de este suelo, tus aguas correrán por lo oscuro de la tierra y verterás silente en el azul inmenso de la memoria del río del recuerdo.