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18 de Enero de 2018 - Nota vista 156 veces

La obra de teatro que dura 24 horas e incluye sexo real en escena

“Mount Olympus”, del belga Jan Fabre, se estrenó en Madrid y es tema de debate. Orgías y prácticas extremas.

Sexo explícito, desnudos, tragedias sangrientas y Pedro Almodóvar entre los espectadores. Así fue la representación, muy polémica, de la obra Mount Olympus, un espectáculo de 24 horas que escandalizó a España.

La obra, del belga Jan Fabre, estuvo el fin de semana en los Teatros del Canal, en pleno centro de Madrid y recibió todo tipo de elogios y críticas, algunas lapidarias.

El público, en su mayoría, se mostró eufórico, a pesar del ritmo frenético de la representación. Una performance que no da respiro ni a los artistas ni a los espectadores.

Esta suerte de bacanal teatral que el director lleva de gira por distintas ciudades del mundo consiste en una revisión de 33 tragedias griegas, en una versión muy particular. La intención es mostrar el lado más oscuro, provocador y sexual de este género, fundador del teatro occidental.

En la escena final de la función, todo el elenco, cubierto con polvo de colores, baila twerking (un baile en cuclillas muy sensual y provocativo) luego de varios momentos osados en los que incluso hay escenas de masturbación y sexo anal. En plena madrugada, todo se vuelve un poco irreal en el escenario. Y en el final, cuatro actrices desnudas “ponen huevos” como si fueran gallinas.

El director Pedro Almodóvar fue uno de los asistentes y cuando la prensa lo consultó sobre su experiencia, sólo atinó a decir que se sintió “abrumado” por la experiencia teatral.

Una de las escenas

más “livianas”

del espectáculo.

Apelando al dios griego Dionisio, la fiesta que sucede en escena es extrema y tanto los actores como el público terminan agotados, supuestamente con el objetivo de hacer catarsis.

Mount Olympus se basa en la de las “Grandes Dionisias”, el mayor festival dramático de la Grecia antigua (siglo VI A.C). E intenta reproducir esas fiestas, orgiásticas, donde los poetas representaban sus tragedias. Y nada era sutil sino más bien explícito y muy directo.

Este espectáculo ya recorrió 17 ciudades del mundo y, según su director, “la idea es la de lograr una catarsis como con las antiguas tragedias griegas, preguntarse si se podía lograr en el teatro actual”.

El montaje se representa en varios idiomas (inglés, francés, alemán, holandés e italiano, con subtítulos en español), y cuenta con más de 30 artistas sobre el escenario. El público necesita de un “mapa” orientativo para ir siguiendo cada una de las tragedias donde el espectador se puede cruzar con Antígona, Prometeo, Edipo o Electra.

La curiosidad por este espectáculo hizo que las entradas en Madrid estuvieran agotadas con varios meses de anticipación.

Las entradas, que se pusieron a la venta en junio de 2017, se agotaron ese mismo mes. Para Fabre no se trata únicamente de sexo. La sangre, la muerte y la tragedia por cuestiones políticas también están presentes en esta perfomance, como lo están en todos los mitos griegos.

“Un texto de estos puede representar hoy la tragedia de los refugiados o el horror que provoca el grupo Isis”, dijo el director que está acostumbrado a las polémicas en sus proyectos.

Con una cantidad importante de adeptos que aplaude a Fabre aún antes de ver sus representaciones, el director también fue blanco de las críticas por parte de la prensa. Algunos catalogaron su performance como demasiado extensa, reiterativa y provocativa porque sí.

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