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16 de Enero de 2018 - Nota vista 123 veces

El fuego, que nos ayuda en la vida y también nos aterroriza

Cada verano, lo mismo: llega el calor y llega el fuego.

Los sistemas portátiles para encender el fuego son tan habituales que parecen haber existido siempre. Pero antes de ellos hubo otros.

De una lectura de los “Diálogos de Juan Luis Vives” (1492-1540) se confirma que antiguamente, en las casas se intentaba mantener el fogón siempre encendido y si éste languidecía o se apagaba, se podía ir a la casa del vecino a pedir un par de brasas, que eran transportadas al reparo y servían para reavivarlo.

Si no se contaba con este recurso, se recurría a la yesca - un material extremadamente seco al que una pequeña chispa puede hacer arder- o a las pajuelas de azufre.

Los viajeros no debían olvidar el yesquero o esquero, una bolsa de cuero en la que se llevaba la yesca, el pedernal y el eslabón, una especie de gancho o anillo de hierro acerado que servía para sacar chispas cuando se golpeaba con ella el pedernal.

La sustitución de la yesca por una mecha dio lugar a los mecheros: los primeros constaban de dos cilindros paralelos unidos por un muelle, el más delgado tenía una piedra de pedernal y una rueda abrasiva y el otro, la mecha propiamente dicha.

Así, cuando se hacía girar la rueda con un golpe de mano, saltaba la chispa que prendía la mecha. Soplando un poco se conseguía la ignición.

A estos dispositivos les sucedieron los encendedores, en los cuales la mecha estaba conectada a un depósito de combustible que la empapaba.

Algunos de estos marcaron época, como los Ronson, hoy codiciados por los coleccionistas o los Zippo, famosos, eran a prueba de viento.

Más tarde llegaron los encendedores de gas - normalmente butano en estado líquido, que permitieron prescindir de la mecha, y luego los que cuentan con un sistema piezoeléctrico que, por el impacto sobre un cuarzo, produce una chispa.

Algo más, el hongo yesquero es, como su nombre lo indica, una de las mejores fuentes de yesca natural. Son hongos de gran tamaño que crecen en el tronco de diversas especies de árboles. El producto que se utiliza como yesca se obtiene al rasparlo.

Hay una superstición que indica que no deben prenderse tres cigarrillos con el mismo fósforo que, parece ser, tiene su origen en la Primera Guerra Mundial entre los soldados que fumaban en las trincheras.

Es que al encender el primer cigarrillo, la llama de la cerilla delataba la posición y el enemigo preparaba su arma, el segundo le daba tiempo a apuntar y el tercero, a disparar.

Y esto también, el más lujoso de los encendedores Dupont está hecho de oro blanco y tiene 468 diamantes incrustados. Cuesta algo más de 70.000 dólares.

Desde su fundación, en 1932, Zippo ha producido más de 400 millones de encendedores resistentes al viento.

En 1963, el argentino Hugo Kogan inventó un producto que, a fuerza de diseño y funcionalidad, pasó a instalarse en todos los hogares del país y en buena parte del mundo. “Sin pila, sin piedra y sin cable”, decía la publicidad de Magiclik, que aseguraba durar 104 años. Se trata de un encendedor de chispa que contiene un dispositivo piezoeléctrico gracias al cual se genera una elevada tensión y produce un arco eléctrico que enciende una llama de gas. Este diseñador pertenecía al Departamento de Diseño de “Aurora” y la empresa estimó entonces una venta de 5.000 encendedores mensuales. Sólo en el primer mes recibieron pedidos por 80.000.

Por estos días, de enorme calor y otras complicaciones, estamos todos muy preocupados con el incendio de pastizales y demás, que de verdad, aterrorizan y deben llevarnos a un cuidado estricto del medioambiente, para no vernos perjudicados. No lo olvidemos entonces.


María Rosario Echeverria

  • TEMAS DE LA NOTA:
  • FUEGO