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12 de Enero de 2018 - Nota vista 503 veces

Hallan un pastel de frutas de hace 106 años en la Antártida

El equipo de Antarctic Heritage Trust comprobó con sorpresa que el pastel tenía una apariencia y un olor apetitosos.

Envasado en su lata de hierro y estaño, manufacturado por Huntley & Palmers hace 106 años, los conservadores del Antarctic Heritage Trust han encontrado un pastelillo de frutas en perfecto estado. Según han hecho público, esta vitualla pertenece a la expedición de Scott llamada de Terra Nova (de 1910-1913), al final de la cual Robert Scott y sus hombres morirían, y fue hallado en la base de Cabo Adare. Y lo han sabido porque este tipo de pastel estaba entre los alimentos que aquella expedición llevó consigo.

Aunque la lata había sufrido los 106 años de inclemencias en la latitud con peor meteorología de toda la Tierra, al abrirla y comprobar el contenido, los conservadores se sorprendieron porque el pastel tenía una apariencia -y dicen que un olor- muy apetitoso. Vamos que casi tuvieron que aguantarse las ganas de incluirlo en la merienda.

Pero lo que tenían que hacer era un trabajo de conservación, así que limpiaron el óxido de la lata, sometieron el material a una estabilización química y revestimiento protector de los restos de la lata.

También se llevó a cabo la desacidificación de la etiqueta de estaño y algunas reparaciones físicas de la envoltura de papel rasgado y la etiqueta de estaño. El pastel en sí estaba en excelentes condiciones.

La jefa de proyecto, Lizzie Meek dijo que «encontrar en solo dos semanas y entre los restos de las últimas latas oxidadas del yacimiento de Cabo Adare un pastel tan perfectamente preservado fue una enorme sorpresa». Según comenta el equipo, este tipo de repostería es una comida de aporte de alta energía, ideal para las condiciones de una expedición antártica. «De hecho es todavía un tipo de pastel que figura entre los alimentos favoritos en los viajes actuales a las zonas heladas».

Desde mayo de 2016 el equipo trabajó en el laboratorio del Museo Canterbury tratando de conservar los objetos recuperados en Cabo Adare. Hasta el pasado verano no concluyó esta etapa con la estabilización y estudio de casi 1.500 piezas.

Ahora se abre una nueva etapa, que incluye labores de conservación de los edificios de Cabo Adare. Las cabañas datan de la expedición noruega de Carsten Borchgrevink en 1899 y fueron reutilizadas más tarde por el capitán Scott en 1911. Fueron instalaciones pioneras en la Antártida y representan hoy los únicos ejemplos de una primera construcción dejada por la humanidad en un continente.

Los convenios científicos establecen que, una vez realizados los trabajos de conservación, los objetos sean devueltos a su entorno original, lo que ocurrirá después de la restauración de las cabañas. Entre los socios del Trust destacan el Gobierno de Noruega, el Museo Canterbury y Nueva Zelanda.