APPS de El Heraldo

Servicios

Actualidad

Secciones

Sociales

Juan Carlos Campanella - 10 de Enero de 2018 - Nota vista 859 veces

A 100 años de su nacimiento

Don Campanella fue un vecino común y corriente de Concordia. Nada para destacar, salvo el amor y cariño con que sus hijas, nietos y bisnietos, y docenas de amigos, lo seguimos recordando.

Nació el 10 de enero de 1918 en zona rural del departamento Villaguay. Huérfanos desde pequeños, Juan y sus hermanos debieron repartirse entre casas de tíos y tías, entre Entre Ríos y Uruguay.

Su infancia fue frugal, junto a tías solteras y su abuelo genovés, Eufemio, en San Salvador, en una convivencia, típica de la época, con niños criollos e hijos de la inmigración judía y de otros orígenes.

En la adolescencia trabajó, gracias a una caligrafía prolija y vistosa, como ayudante en una escribanía. Llegada la mayoría de edad, en 1936, se mudó a Concordia, donde vivió hasta su muerte, el 27 de noviembre de 2009.

Desde entonces Don Campanella trabajó en la industria molinera. Primero como recibidor de granos y luego como viajante, hasta su jubilación. Viajó vendiendo harina para las panaderías de zonas recónditas de la Mesopotamia, en pueblos misioneros, en tórridas siestas correntinas, en sus queridas rondas por la plácida Concordia de décadas atrás. Sus últimos 20 años de trabajo fue viajante de Molinos Concepción. Cada visita a su clientela eran largas horas de charla, con lo que su círculo de amistades más cercano se componía, principalmente, de panaderos.

Lo recordamos como un cascarrabias histriónico, que adornaba su charla con una colección interminable de graciosos dichos camperos. Su carácter se endulzó con nietos y bisnietos, y fue muy apreciado por amigos y muy querido por sus muchos sobrinos. Fanático de la República Oriental del Uruguay, hincha de Independiente, afiliado y seguidor del partido Radical.

Al morir en 2009, con 91 años, quedó su mujer Doña Lita, que lo sobrevivió no más de un año.

Sus hijas Pitiqui y Dorita, 3 nietos y 4 bisnietos lo recuerdan con amor.

Con este calor sabemos que estaría rezongando y esperaría el anochecer para sacar su reposerita a la vereda en Aristóbulo del Valle 331, en busca de un poco de brisa fresca y a saludar a sus vecinos con una sonrisa.