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6 de Diciembre de 2017 - Nota vista 233 veces

Perspectivas en el abordaje del bullying (acoso escolar)

El bullying consiste en un maltrato psicológico, verbal o físico producido entre alumnos de nivel escolar, que se suele producir tanto en el aula como a través de Internet y las redes sociales (ciberacoso) y que se mantiene a lo largo del tiempo. El acosador suele requerir del silencio, la indiferencia o la colaboración de otros niños de la clase y es considerado un tipo extremo de violencia escolar.

El maltrato emocional o físico se suele dirigir hacia el que se percibe como menos poderoso, ya sea porque de hecho existe desigualdad entre víctima y agresor o porque este último actúa de forma grupal, lo que le hace ser superior, psicológica o físicamente. El deseo de infligir daño por el agresor se vuelve obsesivo y se alimenta del placer que experimenta al hacer daño a alguien vulnerable. El acosador, además, no suele experimentar culpa y se comporta de manera agresiva con la víctima de forma repetitiva.

Tipos de bullying

- Físico: maltrato que tiene la agresión física como componente principal (Ej. patadas, pellizcos, puñetazos, empujones, zancadillas…)

- Verbal: suele estar basado en insultos o sobrenombres realizados generalmente en público y haciendo hincapié en las incapacidades, inseguridades o defectos de la víctima.

- Psicológico: este aspecto forma parte de todas las modalidades de maltrato, y se dirige a minar la autoestima de la víctima y hacer que crezcan sus temores e inseguridades.

- Social: está orientado a fomentar la exclusión de la víctima con respecto al grupo, haciendo partícipes de esta acción a otros individuos para potenciar el aislamiento.

- Ciberbullying: el uso de tecnologías como internet y las redes sociales para molestar, amenazar, humillar o acosar a la víctima.

Los participantes

Los principales sujetos activos dentro de un escenario de Bullying o acoso escolar son la víctima, con un perfil que presenta baja autoestima e inseguridad, y se puede reconocer como un niño tímido, tranquilo, cauto y sensible; el agresor, que presenta agresividad verbal y física, impulsividad, y ejerce abuso de poder y psicológico lo que se refleja en un lenguaje corporal y gestual de rechazo a la víctima, y los observadores (compañeros de clase), en quienes pude darse un contagio social que inhibe la ayuda hacia la víctima o incluso hace que ciertos miembros del grupo reaccionen contribuyendo también a dicho acoso.

Los síntomas de alarma que pueden hacernos saber que estamos ante un niño víctima de acoso escolar podrían ser faltas de asistencia a clase con una recurrencia superior a la habitual, dificultad para mantener la concentración, aislamiento con respecto al grupo, ideas suicidas o intentos de suicidio, miedo a estar solo, síntomas físicos de ansiedad (palpitaciones, mareos, dolores de cabeza, por ejemplo), síntomas psicológicos y emocionales (nerviosismo, pesimismo, tensión, etc.), conductas de huida o evitación, deterioro en el rendimiento escolar, sentimientos de culpa y síntomas de depresión (por ejemplo, irritabilidad, apatía o insomnio).

Para el niño que sufre de acoso escolar, se produce un grave deterioro de la autoestima, un desarrollo de problemas emocionales como la depresión y la ansiedad, y actitudes pasivas en general. Una de las consecuencias más claras en muchos casos puede ser el descenso del rendimiento académico y en ocasiones el abandono escolar. En casos extremos, el niño puede llegar a presentar pensamientos suicidas e incluso intentos de suicidio.

Cómo actuar ante el acoso escolar

El bullying es un asunto sumamente complejo que requiere una intervención simultánea sobre diversos agentes para su consecución positiva. Estos agentes pueden ser de tipo individual, familiar y social.

En cuanto a la prevención, se considera que la educación por parte de los padres en valores democráticos (no autoritarios) podría ayudar a evitar esta situación. Además se plantea la necesidad de hacer conscientes a los sujetos participantes de que esta es una situación que debe ser denunciada no sólo por la víctima.

Resulta fundamental que los padres de las víctimas de acoso escolar, se comuniquen con sus hijos y los escuchen. Suele ser muy frecuente que los padres sean los últimos en enterarse de la situación que está viviendo su hijo, por lo que deben estar atentos a cambios repentinos en su comportamiento, como por ejemplo, irritabilidad, tristeza, miedo a ir al colegio, pesadillas, pérdida de apetito, dolores de cabeza o de estómago, y cualquier cosa que se salga de lo habitual en cada niño concreto. Además, si el niño apareciese en cualquier momento con alguna herida, un rasguño o se observase el deterioro de su material escolar, deberíamos considerarlo como una posible señal de alarma.

Dentro del papel de los padres en la resolución del bullying, estaría la importancia de reforzar la autoestima del niño y el señalar que no debería sentirse culpable porque no tiene culpa alguna de lo que le está sucediendo. Sería bueno potenciar la generación de nuevas relaciones sociales en la vida del niño, dentro o fuera del colegio. Se debe recomendar al niño que no responda a las agresiones y que si tiene pruebas o mensajes (en caso de ciberbullying), debería conservarlos dentro de lo posible.

La implicación del personal docente de la escuela resulta fundamental para la resolución del problema de acoso escolar. En ocasiones puede resultar difícil identificar el problema, sobre todo porque a veces no ocurre delante de los profesores. Es por esto que es importante, como medida de prevención, vigilar entornos donde suele suceder como por ejemplo los patios y los baños. Es importante abrir vías de comunicación con los alumnos, para que a través de la confianza puedan ayudar a los niños a que se abran y cuenten lo que está sucediendo. No se debe en ningún momento minimizar las quejas o referencias al acoso escolar, ni señalar que son "cosas de niños".

Es necesario transmitir a los alumnos educación en valores y derechos, fomentando la empatía y la solidaridad, identificando los posibles estereotipos y haciéndolos frente, teniendo en cuenta que los alumnos van a ver la conducta del personal docente como un ejemplo a seguir. El profesor debe ser asertivo frente a una situación de acoso escolar, informando de la situación a la dirección del centro, y vigilando activamente los posibles escenarios de acoso, de cara a evitar posibles represalias por parte del agresor. Los profesores deben actuar con la mayor prontitud posible, con intervenciones individuales dirigidas a los agentes del problema pero sin actuar como mediadores, ya que la mediación no suele ser efectiva en situaciones de desequilibrio de poder como éstas y puede llegar a acrecentar la intimidación hacia la víctima. A través de intervenciones grupales, los profesores deben trabajar con la totalidad de la clase para que esta situación sea rechazada por todos y se logre empatizar con la víctima. Además, es importante que no se obligue al niño a contar lo sucedido a diferentes personas, permitiéndole que elija él en quien quiere confiar.

Los testigos del acoso escolar deben ser informados de que es normal que sientan miedo hacia la situación de bullying y que si no se sienten capaces de frenarla por sí mismos, lo mejor es que soliciten la ayuda de un adulto.

Con respecto al agresor, hay que fomentar que se plantee por qué necesita molestar o hacer daño a otro niño para sentirse bien. Es fundamental trabajar en el desarrollo de la empatía, haciéndole pensar sobre cómo se siente el otro niño cuando lo acosa. Es importante el trabajo sobre las emociones y el control de la ira, enseñando al niño respuestas alternativas más saludables.

Resulta crucial asegurar a la víctima que la situación que está viviendo es intrínsecamente injusta. Es normal que se sienta culpable, triste, avergonzado y que tenga sentimientos de terror y miedo. Se debe asegurar al niño que no debe mantener la agresión en secreto y que debe transmitirla a un adulto que le genere confianza y también al personal docente del centro escolar. Antes y durante la resolución del problema, es importante que la víctima esté acompañada en todo momento y evite ir a lugares problemáticos en los que exista más posibilidades de que se produzca la agresión. Además, resulta fundamental apoyar al niño en cuanto a la expresión emocional adecuada y el afrontamiento de la situación, evitando que responda a la violencia con agresión.

Escrito y confeccionado por el Psicólogo Gastón Fernández Montani y revisado por Equipo de Profesionales de la LINEA 102 "Teléfono del Niño", del Centro de Fortalecimiento Social de la Municipalidad de Concordia.