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5 de Diciembre de 2017 - Nota vista 407 veces

Medio siglo en pantalla: Mirtha Legrand protagonizará el hito televisivo de 2018

Para toda la televisión argentina, el domingo 3 de junio será el día más importante de 2018.

La historia y el presente registrarán ese momento extraordinario. Y no parece difícil adelantarnos lo que ocurrirá allí, poco después de las 13, a través de la pantalla de eltrece, cuando Mirtha Legrand celebre los 50 años del ciclo que se ha convertido en emblema, símbolo e identidad de su inigualable carrera artística.

Podemos imaginar que la gran dama del espectáculo argentino abrirá ese mediodía la emisión más importante de toda su trayectoria televisiva con palabras muy parecidas a las que entregó en la víspera anual de ese acontecimiento. “Hoy se cumplen 49 años de mi debut en televisión con Almorzando con Mirtha Legrand -dijo el 3 de junio de este año-. Toda una vida. Me parece mentira. Yo pensé que a la semana se acababan los almuerzos. Se llamaba Almorzando con las estrellas. Me parece que lo ha hecho otra persona. Que no he sido yo. Pero ha sido algo maravilloso, inolvidable”.

Pocos instantes después agregaría otro adjetivo. “Milagroso”. Pocos imaginaban -ella menos que nadie- que la audaz idea de Alejandro Romay de “comer en televisión y hablar al mismo tiempo” perduraría del modo en que lo hizo y llegaría hoy con comodidad a ocupar un lugar privilegiado en cualquier edición del libro Guinness de los récords mundiales de la TV.

Daniel Tinayre, el esposo de Mirtha, se convirtió en el productor histórico del programa. Risueña en medio de tanta emoción, Mirtha recordó que en ese almuerzo inaugural del 3 de junio de 1968 se sirvió pollo: “Me sirvió pata, pero Daniel le dijo: «Sírvale pechuga, porque a ella le gusta la pechuga». Y ahí me pareció como que estaba en mi casa y me sentí más cómoda”.

Pero aquellos primitivos almuerzos no se caracterizaban precisamente por la comodidad, según recuerdan los estudios historiográficos más fidedignos. “El estudio era chiquito y había una escalera que conectaba con la cocina, donde se recalentaba la comida que traían de una confitería”, contó Armando Barbeito, el histórico productor del ciclo, en el libro Estamos en el aire. “Había actores o actrices o personajes que no querían ir porque si empezaban a comer y les preguntaban tenían miedo de ensuciarse o de comer mal. Entonces los invitados no comían, sólo un poquito mientras iba la tanda de avisos”, recordó Barbeito, fallecido en marzo último a los 94 años.

Cientos de invitados posteriores no dudan en corroborar esa anécdota: antes de debutar como invitado en la mesa de Mirtha había que consultar con algún veterano el ritual básico de la ceremonia: cuándo comer, cuándo hablar, cómo ingresar en el estudio ambientado como un salón comedor sin tropezar en el camino. Ahora es más fácil, porque las cámaras los muestran ya instalados en la mesa presidida por la gran anfitriona.

El último 3 de junio, Mirtha también recordó que aquel almuerzo inicial se hizo en un día seminublado y frío. Lo que nadie recuerda era el clima de una de las tardes de sábado previas a aquel inolvidable debut. Ese día, según se evoca en Estamos en el aire, Romay y Samuel Yankelevich recibieron a Mirtha Legrand como invitada estelar de Sábados de la bondad, que a las características habituales de los programas ómnibus de entonces les sumaba como valor original una serie de iniciativas benéficas. La participación de la estrella en uno de los entretenimientos del programa apuntaba a recaudar fondos para el Instituto del Quemado. En ese momento, se cuenta en el libro, Mirtha señaló casi al pasar que le gustaría volver a la TV, pero lejos de la ficción. Todos recordaban por entonces que su última experiencia en la pantalla chica hasta allí, la comedia policial Carola y Carolina (que protagonizaba con su hermana gemela Silvia) estuvo lejos de cumplir con las expectativas.

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Mirtha Legrand celebró sus 49 años en pantalla y recordó sus inicios

Los planetas se alinearon. Se lee en Estamos en el aire que Yankelevich empezó a imaginar un equivalente televisivo de una reciente creación suya para Radio Belgrano, Tomando el té con las estrellas. Y Romay relata en su autobiografía (MemoriZar, 2006) que recibió a Mirtha y a Tinayre al término del programa sabatino en la “pecera” (así se llamaba al gran ventanal que daba al estudio, detrás del cual se hacía toda la operación técnica) para contarles la idea del directorio del canal: un programa de almuerzos con figuras destacadas, de lunes a viernes. “A Chiquita se le iluminó la cara: le pareció fantástico. Daniel empezó a poner excusas: que todos los días no, que era muy cansador, que quiénes irían al programa y otras cosas sin demasiado sentido que me hacían pensar que, en realidad, a Daniel no le interesaba mucho la idea. Finalmente lo convencí con el apoyo de Mirtha, que estuvo más que entusiasmada desde el primer momento”, agrega Romay en sus memorias.

Dos años después, Almorzando con las estrellas se transformó definitivamente en Almorzando con Mirtha Legrand. Quedó muy rápido en claro, como señala Jorge Nielsen en el volumen 2 de La magia de la televisión argentina, que el eje de la atracción se había desplazado de los invitados a la anfitriona. A la vez, en aquella mesa inicial del 3 de junio de 1968 presidida por Mirtha e integrada por Duilio Marzio, Alberto Migré, Beatriz Guido y Leopoldo Torre Nilsson, empezaba a vislumbrarse la identidad del ciclo. A las figuras populares y prestigiosas de su tiempo en el cine, el teatro y la televisión se agregarían personalidades de otras expresiones culturales. Luego se sumarían los protagonistas de la política, la economía y la vida cotidiana de la Argentina durante el último medio siglo.