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4 de Diciembre de 2017 - Nota vista 75 veces

LAS MAÑANITAS DOMINGUERAS CONCORDIENSES

Reconozco ser una incansable caminante, como buena “vasca”. Quienes me conocen saben que es así: desde siempre me encantó caminar diariamente. Es algo que realmente disfruto y que me ha proporcionado puntuales e inolvidables momentos y placeres.

Con esa caminata diaria puedo no solo beneficiar a mi cuerpo sino también a mi espíritu. Se regocija él en esa libertad de movimientos y de espacio mientras la ciudad me muestra cariñosamente cosas, lugares, realidades en diferentes rincones ya que, por qué no decirlo una vez más, Concordia es hermosa.

Los barrios son distintos, sus habitantes muchas veces son diferentes a los de otros sitios de la misma ciudad, su geografía, su “cara”, su vital existir tienen todos y cada uno un encanto especial que configura la belleza particular de Concordia a pesar de que sus hijos no somos en muchas ocasiones cuidadosos para que luzca pulcra, refinada, culta, bellísima.

Aunque, reconozcámoslo, igual la queremos.

Y mucho. Y quizás por eso la vemos muy bonita. A pesar de todo.

Hay en todo esto un detalle muy particular que deseo destacar aquí. Cada mañana de domingo, Concordia “nuestra” Concordia, exhibe una “casi desnudez” sea bajo frío, calor, lluvia o sol.

Sus calles están casi despobladas. Se observan pocos transeúntes o vehículos. Y claro, no puede ser de otro modo, ya que ese día, algo así como “ceremoniosamente”, sus habitantes se dedican al merecido descanso en familia.

Aunque muestra sí movimientos destinados a la preparación de lo que será la tarde o noche: confrontaciones en variados deportes, paseos por el radio céntrico o por sus alrededores, espectáculos artísticos o culturales, concurrencia a celebraciones religiosas, etc. en horas próximas al mediodía. Esto es lo habitual lo que no quita que algunos domingos sean diferentes. Pero, lo que siempre es igual, es el sonido, bellísimo que se escucha al pasar por la vereda o la calle, denunciándonos que la radio, la televisión o el simple pasacasete están funcionando e inundando de música el alma de los concordienses.

¡Qué hermoso me resulta comprobarlo en la mañana provinciana del domingo!

Y, como si fuera poco, las cadencias que predominantemente se escucha, son los lindísimos compases de nuestra música ciudadana, la del 2 x 4 y la de nuestro encantador folclore, en programas muy bien diagramados y ajustadamente conducidos que hacen las delicias de los acreditados oyentes.

Me pone feliz y mucho que así sea porque me permite comprobar, aun sin proponérmelo, que el sentido de lo que “es nuestro” vive, florece y brilla en el corazón de los argentinos.

Ojalá no se pierda este detalle tan lindo, sencillo y tan importante también en el palpitar de Concordia, esta ciudad tan especial.

Un detalle que aparentemente es menor, aunque no lo es, y que caracteriza a nuestra ciudad, florilegio de tantas y tantas cosas y verdadera filigrana musical. Creo que la maravilla del encanto está en lo verdaderamente simple. Y esto es algo así.


María Rosario Echeverría

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