APPS de El Heraldo

Servicios

Actualidad

Secciones

Opinión

3 de Diciembre - 2 de Diciembre de 2017 - Nota vista 102 veces

Día del Médico

Muy noble profesión, quienes la desarrollan merecen gratitud y respeto.

En mi médico de cabecera, el doctor Luis María Martínez Gil, saludo con mucho cariño a todos los profesionales de la medicina que la llevan adelante a diario.

La institución de este día, 3 de diciembre, como “Día del Médico” tiene su historia y me permito registrarla aquí.

Carlos Juan Finlay y Barrás (Camagüey, Cuba, 3 de diciembre de 1833, La Habana, 19 de agosto de 1915) fue un médico cubano y un eminente científico.

Describió la teoría metaxénica de la transmisión de enfermedades por agentes biológicos.

Sus años infantiles los vivió tanto en La Habana como en el cafetal de su padre en la zona de Alquízar. A la edad de once años en 1844, lo enviaron a estudiar a Le Havre en Francia, regresando a Cuba dos años más tarde debido a una enfermedad.

Regresó a Francia en 1848, para completar su educación. Después de un período en Londres ingresó en el Liceo de Ruan, donde permaneció hasta 1851, cuando regresó a Cuba, convaleciente de un ataque de fiebre tifoidea.

No habiendo podido ingresar a la Universidad de La Habana, pasó a Filadelfia donde cursó la carrera de medicina en el Jefferson Medical College, donde se doctoró el 10 de marzo de 1855. En 1857 revalidó su título en la Universidad de La Habana.

Recién graduado, pasó en 1856 con su padre a Lima donde probó fortuna por un corto tiempo. En 1860 - 61 estuvo en París. En 1864 quiso establecerse sin éxito en Matanzas. El 16 de octubre de 1865 se casó en La Habana con Adela Shine, natural de la Isla de Trinidad.

El doctor Finlay fue el más profundo, talentoso e intenso investigador de la fiebre amarilla y por su análisis y estudios llegó a la conclusión que la transmisión de la enfermedad se realizaba por un agente intermediario.

Existe una anécdota que dice que estando una noche rezando el rosario, le llamó la atención un mosquito zumbando a su alrededor.

Entonces fue cuando decidió investigar a los mosquitos.

Con los medios aportados por la comisión mixta hispano-estadounidense, fue capaz de identificar al mosquito Culex o Aedes aegypti como el agente transmisor de la enfermedad. Sus estudios lo llevaron a entender que era la hembra fecundada de esta especie la que transmitía la fiebre amarilla.

En 1881 fue a Washington D.C. como representante del Gobierno colonial ante la Conferencia Sanitaria Internacional donde presentó por primera vez su teoría de la transmisión de la fiebre amarilla por un agente intermediario que era el mosquito.

Su hipótesis fue recibida con frialdad y casi total escepticismo. Solo fue divulgada por una modesta revista médica de Nueva Orleans a través del recién licenciado en medicina Dr. Rudolph Matas, quien había participado en la Comisión mixta hispano-norteamericana en calidad de intérprete por ser hijo de españoles.

De regreso a Cuba, en junio de 1881, realizó experimentos con voluntarios y no solo comprobó su hipótesis sino que descubrió también que el individuo picado una vez por un mosquito infectado, quedaba inmunizado contra futuros ataques de la enfermedad.

De ahí nació el suero contra la fiebre amarilla. En agosto de ese mismo año presentó ante la Academia de Ciencias Médicas de La Habana su trabajo de investigación.

No obstante ello, por más de 20 años los postulados del Dr. Finlay fueron ignorados y solamente después de terminada la Guerra Hispano Estadounidense cuando el general Leronard Wood, gobernador de Cuba, pidió que se probara la teoría de Finlay, fue cuando se volvieron a revisar sus trabajos de investigación, así como los exitosos experimentos que había realizado durante todos estos años.

Mientras tanto el Dr. William Crawford Gorgas, médico militar que había tratado, sin conseguirlo, de erradicar la fiebre amarilla en Santiago de Cuba, fue nombrado Jefe Superior de Sanidad en La Habana, en diciembre de 1898.

A iniciativa de Finlay este creó una Comisión Cubana de la Fiebre Amarilla que, siguiendo las indicaciones del médico cubano, hicieron guerra al mosquito y aislaron a los enfermos.

En sólo siete meses había desaparecido la terrible enfermedad de Cuba.

El Dr. Gorgas fue finalmente enviado a sanear el Istmo de Panamá a fin de poder completar la construcción del canal, allí aplicó los mismos principios indicados por el Dr. Finlay, lo cual permitió terminar esta gran obra de ingeniería. Una placa en el propio Canal de Panamá, reconoce la contribución del Dr. Carlos J. Finlay en el éxito de esta magna obra. El 15 de agosto de 1914 atravesó el primer barco del Océano Atlántico al Océano Pacífico a través del canal.

En memoria del Dr. Finlay, el 3 de diciembre fue instituido como “Día del Médico” en varios países de América.

El gobierno argentino, el 3 de julio de 1956 estableció por Decreto esta fecha como el “DÍA DEL MÉDICO”.

A cuantos cumplen a diario esta humanitaria tarea digo: ¡FELICIDADES!


María Rosario Echeverría