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30 de Noviembre de 2017 - Nota vista 68 veces

Hallan la razón por la que la mayoría de pacientes adultos con asma son mujeres

La testosterona, que no así las hormonas ováricas, previene la liberación de citoquinas que causan inflamación en las vías aéreas y promueven la formación de ‘moco’ en los pulmones.

Los ácidos grasos omega-3 también parecen muy eficaces para tratar el asma

El asma es una enfermedad básicamente caracterizada por, entre otros síntomas, la opresión en el pecho, las sibilancias y la falta de aliento y que padecen cerca de 300 millones en todo el planeta. Un asma que, de acuerdo con los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), causó solo en 2015 más 383.000 muertes a nivel global. Y una enfermedad que, si bien sobre todo frecuente en niños y adolescentes, también resulta ciertamente común en la etapa adulta. Muy especialmente en la población femenina. De hecho, la cifra de mujeres adultas afectadas duplica a la de los varones. Y ahora, un estudio dirigido por investigadores del Centro Médico de la Universidad Vanderbilt en Nashville (EE.UU.) parece haber hallado la razón para esta desproporcionada prevalencia en la población femenina.

Como explica Dawn Newcomb, directora de esta investigación publicada en la revista «Cell Reports», «cuando pusimos en marcha nuestro estudio, de verdad creíamos más en que las hormonas ováricas aumentarían la inflamación que en la posibilidad de que la testosterona tuviera un efecto positivo. Así, nos sorprendió el importante papel que juega la testosterona a la hora de reducir la inflamación».

Diferencias de género

El asma es la enfermedad crónica más común en la población pediátrica, siendo la prevalencia en torno a 1,5 veces mayor en los niños que en las niñas. Sin embargo, y una vez superada la pubertad, la tendencia se revierte completamente y la enfermedad es hasta dos veces más frecuente en las mujeres que en los varones. Un patrón que se mantiene hasta la llegada de la menopausia, en la que la incidencia del asma en mujeres comienza a descender. Entonces, y dado que la menopausia se caracteriza por un cambio muy acusado en la producción de hormonas sexuales femeninas, ¿es posible que estas hormonas sean responsables de que la frecuencia del asma en las mujeres adultas duplique a la de los varones de su misma edad?

Para responder a esta pregunta, los autores recurrieron a cultivos de células tanto humanas como animales –ratones–. Concretamente, utilizaron un tipo de células pulmonares denominadas ‘células linfoides innatas del grupo 2’ (ILC2), responsables de la producción de citoquinas –un tipo de proteína que causa inflamación y promueve la formación de ‘moco’ en los pulmones, lo que dificulta la capacidad para respirar.

La testosterona juega un importante papel en la reducción de la inflamación en las vías aéreas

Pero, ¿por qué centrarse en estas ILC2? Pues porque los análisis de las muestras de sangre tomadas tanto a pacientes con asma como a individuos sanos mostraron que los afectados con la enfermedad tienen unos niveles significativamente más elevados de ILC2. Es más; tomando únicamente a los pacientes, las mujeres portan concentraciones notablemente mayores de estas células que los varones.

Los autores observaron que, tal y como sucede en los humanos, la cantidad de ILC2 en los pulmones de los ratones es notable pero ‘escasa’. De hecho, y del total de 10 millones de células que componen un pulmón ‘ratonil’, las ILC2 solo suponen unas 10.000. Además, los niveles de estas ILC2 son mayores en las hembras que en los machos –igual que en los seres humanos–. Por tanto, puede esperarse que los experimentos con cultivos celulares arrojen unos resultados similares con independencia de que las células procedan de humanos o de ratones.

En el estudio, los autores añadieron hormonas sexuales femeninas –entre otras, estrógeno y progesterona– a los cultivos de ILC2 murinas –es decir, de ratón–. Y lo que vieron es que la adición de estas hormonas apenas cambió o incrementó la capacidad de producción de estas células. Así que el siguiente paso fue añadir la principal hormona sexual masculina: la testosterona. ¿Y qué pasó? Pues que la testosterona suprimió la capacidad de división de las ILC2 y redujo notablemente la producción de citoquinas.

Más allá de la testosterona

En definitiva, parece que la testosterona juega un papel protector frente al asma, lo que explicaría que la enfermedad sea mucho más frecuente en mujeres que en varones. Así, el siguiente paso será evaluar los efectos de otras hormonas sexuales en el asma. Sin embargo, como recuerdan los investigadores, la aparición y progresión de la enfermedad no está únicamente condicionada por este tipo de hormonas.

Como concluye Dawn Newcomb, «las hormonas sexuales no son el único mecanismo, sino solo uno de los muchos mecanismos que podrían regular la inflamación de las vías aéreas. De hecho, estas hormonas no suponen el único mecanismo importante en el asma».

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  • ASMA