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21 de Noviembre de 2017 - Nota vista 417 veces

Una actriz trans, de Mar del Plata a la búsqueda del Oscar

Daniela Vega, actriz transgénero chilena, protagoniza Una mujer fantástica, premiada en Berlín.

Al presentarla antes de su primera proyección como parte de la Competencia Latinoamericana en Mar del Plata, Peter Scarlet dijo: “Es una de las mejores películas del año”. El director artístico del festival se sumó, así, a los elogios desmesurados que viene cosechando en el mundo Una mujer fantástica, ganadora del Oso de Plata a mejor guión en la Berlinale y enviada por Chile a los Oscar. Sony está trabajando no sólo para que compita como mejor película de habla no inglesa, sino también en otras categorías, como mejor actriz protagónica. De lograrlo, sería un nuevo guiño políticamente correcto de Hollywood y un hito histórico: Daniela Vega se convertiría en la primera actriz transgénero en ser nominada a un Oscar.

“Eso es una película dentro de otra película. Estoy muy feliz, caminando donde la película me lleve, y es un camino muy entretenido: cada festival de cine es un mundo particular”. La que habla es Vega, que hasta ahora sólo había sido vista en una película antes de este protagónico absoluto -aparece en casi todas las escenas- que le llega a los 28 años. Ella es Marina, una transexual que está en pareja con Osvaldo, un empresario 30 años mayor. El romance va viento en popa y están incursionando en el concubinato, pero él muere inesperadamente. Y Marina queda a la intemperie, expuesta a la mirada condenatoria de la familia de él, de los médicos y de la policía. De la sociedad, en resumidas cuentas.

“Más que intentar dar respuestas, lo que la película hace es plantear preguntas: ¿Qué cuerpos son habitables? ¿Qué cuerpos se pueden amar? ¿Qué hacemos con la empatía? ¿Qué hacemos con el amor? ¿Qué hacemos con la conciencia?”, dice Vega. Se trata, subraya, de un planteo de género: “La película es acerca de lo femenino, más allá de la persona es trans o no. Quisiera preguntarles a las mujeres qué tan distinto es lo que vivieron de lo que vive Marina. El tema también es qué hacemos con lo femenino, dónde están los bordes de la masculinidad, cómo los podemos difuminar y conciliar, y no estoy hablando de la guerra de sexos. ¿Cuáles son los cuerpos acostumbrados a ver y cuáles a oprimir?”

Una mujer fantástica, cuenta, resultó urticante para las conservadoras sociedades latinoamericanas. “Fue un sacudón para replantear lo que estamos haciendo en Chile, donde se apunta al crecimiento económico más que cultural, y ni hablar de los derechos humanos. Pero pasa lo mismo en toda Latinoamérica. Por más que aquí haya una Ley de Identidad de Género, la ley no evita la discriminación, por lo que no es tan útil. Y, además, una cosa es hablar de lo que pasa en Buenos Aires y otra, del interior”.

¿Puede servir la película para cambiar la mirada hacia los transexuales?

La película busca mostrar dónde está la puerta para tratar estos temas. Los cambios se generan desde lo político, lo que hace lo cultural es tomar la temperatura de lo que está pasando. Chile está hace años en un proceso transicional, y ahora en un período de elecciones, con lo que la atención está puesta en otro lado. Nosotros no hacemos películas como proyectos de ley, sino para emocionar a la gente y que se haga preguntas. El arte es lo contrario a la ley y es lo más cercano al corazón. Si ayuda a que una familia se entienda mejor o que una persona encuentre respuestas, fantástico.

Una de las escenas más fuertes es cuando alguien le dice a Marina “no sé qué eres”. ¿Viviste algo así?

No hay nadie en el mundo que no se pregunte quién es o al que alguien no le haya dicho que no sabe qué es. He vivido eso, y otras cosas que el personaje no. Comparto la misma tierra y el mismo aire con ustedes. Las diferencias son claramente muchas, pero de eso se trata, de la diversidad.

Vega prefiere no hablar de su historia personal. Admiradora de Bibi Andersen, aquella chica trans de Almodóvar, ahora espera papeles que vayan más allá de su identidad sexual: “No le tengo miedo al futuro. Ya filmé otra película, Un Domingo de Julio en Santiago, que aún no se estrenó, donde hice mi primer personaje cisgénero, o sea que no es trans. Estoy disponible para interpretar a trans, cis, hombres, mujeres... Soy artista y los artistas estamos disponibles para el arte. Si no, me dedicaría a otra cosa”.

El director, una figura del cine chileno

Sebastián Lelio, guionista y director de Una mujer fantástica, es uno de los niños mimados del cine trasandino. Hijo de un arquitecto argentino y una bailarina chilena, nació en Mendoza pero se crió en Chile. A los 43 años ya dirigió cinco largometrajes además de Una mujer fantástica: La sagrada familia, El año del tigre, Navidad y Gloria, que ganó varios premios en la Berlinale, lo llevó a radicarse en Berlín en 2013 y le dio proyección internacional. Su última película, Disobedience, es una coproducción británico-estadounidense y está protagonizada por Rachel Weisz y Rachel McAdams.

"El estaba haciendo una investigación para su guión y una amiga en común le pasó mi teléfono para que lo asesorara", cuenta Vega. "Fueron dos años de conversaciones en los que nos hicimos amigos con Sebastián. Yo le contaba del mundo trans, de libros sobre el tema, de mi visión de la vida, el género, la masculinidad, la femineidad. Un día me envía el guión y me entero de que la protagonista era Marina, y no Orlando. Lo llamé a Alemania para preguntarle y me dijo 'hice una película para ti'. Yo le dije 'tú estás loco, no puedo hacer eso', pero él insistió. Agarré mi cartera, me fui de fiesta tres días y cuando me pasó la resaca, encaramos el rodaje". (Clarín)