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21 de Noviembre - 20 de Noviembre de 2017 - Nota vista 504 veces

Día Nacional de la Enfermera

¡Qué coincidencia tan feliz, tan linda, tan plausible ya que ese mismo día es el “Día de Nuestra Señora de los Remedios”!

No me caben dudas de que todos tendremos alguna o varias enfermeras que en algún momento singular de nuestra vida nos auxiliaron con el fuego de su vocación.

Alguien a quien debemos gratitud. Una vocación que no es livianamente una más.

Es una vocación distinguida por lo mucho, útil y sacrificada que muestra su puesta en vigencia. Son como ángeles que Dios ha ubicado a lo ancho y largo del territorio nacional para que nos permitan palpar con fidelidad que ellas son capaces de hacer florecer en sanas bendiciones su diario accionar.

Mucho les debemos.

Pienso no está de más recordar el “Soneto de la Enfermera”, que, en agradecido homenaje, escribió A. Meyer en 1961 y que nos dice esto:

SONETO DE LA ENFERMERA

Mano de caridad la que mitiga

tanto dolor con maternal desvelo

y en sus ojos de manso terciopelo

su bondadoso corazón prodiga.

Conjunción de la flor y de la espiga,

que, al socorrer a cada pequeñuelo

pone un toque de amor, algo de cielo,

en su incansable trajinar de hormiga.

Manos de caridad, mano amorosa,

las espinas preceden a la rosa,

sólo sube la savia a través de ellas.

Haz cuanto hagas con cristiano celo,

pues lo haces al Señor, y así será tu cielo

Florecerá con trémulas estrellas.

Agrego yo que ellas saben ser madres, hijas, esposas, hermanas y más en su afanoso deseo de socorrer a un enfermo.

Conocen de cerca el padecer físico y aun espiritual de aquellos hacia quienes llegó el dolor bajo la carátula de una enfermedad.

Nombrarlas sería casi imposible por la extensión del listado.

Pero todas son dignas de admiración, respeto y gratitud inocultable.

Quiera Dios, Nuestro Señor, bendecir inmensamente a nuestras queridas enfermeras argentinas. Para ellas deseo una realidad plena de dicha.

Lo merecen.

Y que el más luminoso rayo de sol siga poniendo siempre su tibieza en esas manos y ese corazón de enfermera.

¡FELIZ DÍA, ENFERMERA!

María Rosario Echeverría